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Agramonte: Más allá de la leyenda (III)

¿Cómo se recibió en el Camagüey de 1873 el trágico suceso de la caída en Combate de El Mayor? JR te acerca a este tema desde las múltiples miradas que han trascendido luego de casi 150 años

Autor:

Yahily Hernández Porto

Camagüey.— Lejos de morir, aquel 11 de mayo de 1873, Agramonte se convirtió en leyenda para toda una nación.

«No hay que ser camagüeyano: conocer sus cualidades humanas es suficiente para admirarlo y tomarlo como ejemplo de consagración, vergüenza y arrojo», comentó el lector Rolando León Viamontes en el perfil de Facebook de esta escribana, luego de leer el segundo de los trabajos de esta serie Agramonte: Más allá de la leyenda, que JR se ha propuesto publicar cada mes hasta la celebración del 150 Aniversario de la caída en combate de El Mayor.

Su criterio sintetiza el sentir de miles de cubanas y cubanos con respecto a la trascendencia del prócer camagüeyano, a cuyo nombre acompañan muchas leyendas, como las más de 50 versiones sobre su muerte, tema del que hablaremos en esta tercera entrega, luego de agradecerles los mensajes de afecto y las sugerencias de temas para el abordaje del valor de esta figura, el mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, para la historia de Cuba y las luchas por su soberanía.

A contrapelo se yergue y cabalga

No son pocas las visiones y enfoques que se emitieron acerca de la muerte de Agramonte en la prensa de la época, así como en misivas y partes de guerras.

Los autores del texto Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú aseguran en el capítulo titulado La Memoria, que la gran interrogante sobre cómo cayó Agramonte nació el mismo día de su muerte, 11 de mayo de 1873.

Quienes vivieron aquella triste circunstancia, tanto en la manigua redentora como en Puerto de Príncipe, donde en horas de la noche de ese mismo día llegó la noticia de su muerte, «fueron los primeros en preguntarse el modo en que había ocurrido tal desgracia», confirman los investigadores.

Los estudiosos corroboran en sus apuntes que con el arribo a la ciudad de la columna española al mando del teniente coronel José Rodríguez de León el 12 de aquel mes, con el cuerpo de El Mayor encima de un caballo, «llegaron también las primeras versiones acerca del combate, las que rápidamente se difundieron por la ciudad y se trasmitieron a La Habana y al extranjero».

La primera de las informaciones de las que se tiene noticia acerca del lamentable suceso se dio a conocer en un Alcance, (hojas sueltas que se imprimían entre las tiradas de los periódicos por la trascendencia de la noticia) del diario local El Fanal, un día después en horas de la tarde.

«¡Viva España!», sería el título de aquella nota infame, en la cual no solo se felicitaba a las fuerzas del batallón de León por lo hecho en el campo de batalla, sino también dejaban claro lo que esperaban luego del lamentable suceso: «…notoria trascendencia para la pacificación de este distrito».

Todas las referencias localizadas hasta este momento secundan la visión e intencionalidad abordadas por El Fanal en los siguientes cuatro días: «solo informan la muerte de Agramonte, el regocijo español y lo que podía significar para insurrección la muerte del héroe camagüeyano», aseveran los autores del texto.

Los estudios coinciden que no fue hasta el 16 de mayo de 1873 que en el número inaugural del dominical principeño El Gorrión se publicó la primera versión o reseña del combate, reproducida luego por el Diario de la Marina el 20 de mayo del propio año; pero en esta no se precisó las circunstancias en que cayó el cabecilla mambí, sino que ponen su foco en otra persona. Así inicia: «un asunto también polémico: la muerte de Jacobo Díaz de Villega, el que es ubicado como parte de la escolta de El Mayor».

Comentarios malintencionados

Imaginen por un momento lo que sentirían los pobladores del Puerto del Príncipe al conocer de la muerte de su líder. En esas circunstancias de incertidumbre no es exagerado suponer el deseo de saber cómo fueron aquellos momentos; pormenores, particularidades…

¿Podrían los más curiosos o atrevidos dejar pasar la ocasión del retorno de la tropa española al Camagüey y desaprovechar la oportunidad de conocer algunos datos sobre la muerte de Agramonte? Negar esta vía de intercambio y conocimiento sobre lo acontecido sería pecar de ingenuos.

Es probable que la curiosidad por saber detalles permitiera que habitantes de la ciudad se acercaran a la tropa. «Esto, más las informaciones aparecidas en la prensa, e incluso un posible conocimiento del "parte oficial" español, hayan sido las fuentes de los comentarios que de seguro circularon entre los pobladores y fueron reflejados en la correspondencia particular, de la que lamentablemente se han localizados pocas muestras, salvo las cartas reproducidas tanto en periódicos de Cuba como en la emigración y que constituyen dos miradas diferentes del problema», confirman los investigadores.

No faltaron las versiones de fantoches y entreguistas al gobierno de la metrópolis, quienes, como en todas las épocas, han sido desleales por naturaleza y serviles a los enemigos de la Patria.

Tal es el caso de un ciudadano autonombrado J.C. (práctica muy extendida en la prensa de la época a la hora de firmar un artículo periodístico), de quien se intuye hizo versiones pérfidas «de algunos de los comentarios que debieron circular en la ciudad apenas transcurridas 24 horas de los sucesos».

Para que se tenga una idea de lo que escribía el tal J.C. (iniciales que pudieran corresponder a un sujeto nombrado José Codiña, vecino de la calle Santa Ana, actual General Gómez), leamos este párrafo de su autoría, donde devela a quien defendía y apoyaba: «[…] y á[i] los pocos momentos presentó Agramonte su plan de ataque y defensa. El intrépido y veterano teniente coronel León tomó sus disposiciones con tanto tino y prudencia, que á las siete y cuarto empezó la acción, quizás de las más reñidas de la campaña, y tal vez en la que el enemigo pretendió en vano hacer alarde de su estrategia, de su arrojo y de la táctica militar que el discurso de cuatro años ha venido estudiando».

Tras la muerte del gigante

Muchos fueron los esfuerzos de sus contrarios por hacer desaparecer la impronta de El Mayor. Pero ni acusándolo de cualidades infamantes en sus partes de guerra y otros documentos, pudieron conseguir su propósito.

Suman 50 la versiones emitidas en esos manuscritos, además de misivas y libros que multiplican suposiciones sobre cómo murió este mambí de cualidades poco halladas en un mismo ser humano, y cómo emprendió su pasó a la eternidad.

Todos esos enfoques, agrupados por los autores del libro Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú, tratan de dar una idea de la diversidad de puntos de vistas en torno al suceso.

El propio día 11, Ramón Roa citó en su Diario de Operaciones del mayor general Ignacio Agramonte: «…carga sobre el enemigo valerosamente sin contar el número, mata a un contrario con su espada, más la infantería enemiga escondida en la yerba le hace fuego a quemarropa, derribándolo del caballo, cuando solamente había cerca de él 3 o 4 hombres, a quienes fue imposible recogerle. Mientras tanto el resto de la fuerza montada, que nada sabía de lo ocurrido, cargaba al enemigo […]».

Desde entonces muchas fueron los aciertos, desaciertos, conjeturas y hasta leyendas sobre su muerte. Los últimos apuntes sobre este amargo trago histórico se localizan en el Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba, Primera Parte (1510—1898), Tomo II. Acciones combativas, del año 2003, en el que se lee: «Todo indica que Agramonte decidió cruzar el potrero de izquierda a derecha para ponerse al frente de la caballería o para dar una orden al Tte. Cor. Reeve. Iba acompañado por cuatro hombres y cayó mortalmente herido de un disparo en la cabeza. También murió su joven ayudante, Tte Jacobo Díaz de Villegas».

El próximo mes retomaremos la temática sobre las múltiples maneras de nombrar a Agramonte, línea de pensamiento que los adentrará en una especie de acertijo practico y literario, porque en cada uno de estos sobrenombres se describe una cualidad homérica para distinguirlo, amarlo y preservar a quien fuera y es hijo excepcional de esta tierra, respetado incluso por aquellos que pretendían desdeñarlo.

 

[i] Se respeta la gramática del texto original citado, que se corresponde al uso del idioma de la época

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