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Cuatro bienvenidas al cine español

Usted elige el bando, aunque quizá tampoco sea preciso elegir, y el espectador sea capaz de disfrutar de las más diferentes propuestas; por un lado, un cine español minimalista y honesto, y por otro, todo eso que sabemos está del otro lado inmenso

Autor:

Joel del Río

Para celebrar la eficacia y capacidad del mejor cine español tampoco basta con cuatro bienvenidas, sobre todo cuando se trata de una jornada de solo cuatro días, que termina hoy 8 de octubre, en los cines 23 y 12 y Acapulco, con largos y cortometrajes, además de algún animado. Para poder escribir con cierta holgura sobre los títulos programados elegí solo cuatro de acuerdo con su trascendencia, premios, alcance artístico y sobre todo a partir de los discernimientos que aprendimos los críticos para defender una buena obra. Y conste que estamos hablando de filmes estrenados mayormente en 2022, el año que algunos señalan como el mejor en el último medio siglo del cine ibérico.

En el cuarteto seleccionado se destaca la pieza inaugural, Historias para no contar (2022), cuyo director y guionista, Cesc Gay, acompañado por el actor Alex Brendemühl, nos visitaron para presentar el filme. Es una de esas películas corales y fragmentarias, hechas para que el espectador reconozca sus propias incapacidades y ridiculeces, las mías y las suyas, los momentos que ninguno de nosotros quiere contar. Y como son cinco las piezas del engranaje narrativo, el director manipula los recursos de la comedia de enredos y el suspenso, para lograr un conjunto que por lo menos al principio resulta muy convincente, si bien en todo momento predominan las buenas actuaciones, porque además de Brendemühl, está Maribel Verdú, Chino Darín, José Coronado y Javier Cámara, entre muchos otros

Destaca el poder de observación del director-guionista para develar el alma de los personajes, porque algunos llaman a Cesc Gay el Woody Allen barcelonés, y ahora mismo recuerdo dos películas de registros completamente distintos como aquel efectivo melodrama que fue Truman, también con ese monstruo llamado Javier Cámara, y comedias al estilo de Una pistola en cada mano, que hablaba, con una estructura también fragmentaria, del enorme peso que cargan algunos heterosexuales machistas. Las comedias de Gay suelen llevar un sello de elegancia y sensibilidad, que nos proveen argumentos suficientes para apartarnos rápidamente de las simplezas seriadas, a veces simpáticas, de Santiago Segura.

Alex Brendemühl, junto a Leonor Watling, Juan Diego Botto y Paco León, este último en un registro que sorprenderá a los muchos admiradores del comediante, tiene un papel importante también en No mires a los ojos, una extraña película sobre la incomunicación y los deseos inconfesables, a partir de la trama medio absurda, pero de aspiración realista, sobre un carpintero que se esconde en un armario, y se va de mundanza, dentro del mueble, y desde adentro y escondido, participa en la vida íntima de la pareja dueña de la morada, y se convertirá en un inquilino oculto, que intentará mejorar la vida de los propietarios.

Dirigida por Félix Viscaret (reconocible en Cuba, pues estuvo a la cabeza del rodaje habanero de Vientos de La Habana, inspirada en varios relatos de Leonardo Padura), la película expone todo su argumento, como era de esperar, a partir del punto de vista del hombre escondido en el armario, y así el director intenta traducir en imagen y sonido el universo alucinante del escritor Juan José Millás, cuya novela surrealista Desde la sombra es adaptada con un pulso firme capaz de vencer los retos que plantea el cine de suspenso, el drama sicológico e intimista, el fantástico u onírico, algo de comedia, y hasta el musical, si tenemos en cuenta una escena que transcurre en la ducha, o la inclusión hasta en el título de la canción No mires a los ojos de la gente, del desaparecido grupo gallego Golpes bajos. En fin, Viscaret ha optado por un cine inquietante, y distinto, porque como aclaró en una entrevista para el sitio web cineuropa: «Me estimulan más las películas que no sean de “sota, caballo y rey”, y te lleven a lugares originales, y te ayuden a analizar mejor nuestras neuras».

Sobre la hostilidad, e incluso la violencia, que provoca una pareja francesa de mediana edad, que se muda a una aldea gallega y aquí se opone a un proyecto de desarrollo local, habla el filme de crímenes titulado As bestas, que ganó los premios Goya como mejor película, dirección (Rodrigo Sorogoyen), actor protagonista y de reparto (Denis Ménochet y Luis Zahera) y mejor guion original (el director junto a Isabel Peña).

Por supuesto que uno de los temas principales estriba en la contradicción entre cuidado ambiental y desarrollismo irreflexivo, pero en el fondo se habla del choque cultural entre lo urbano y lo rural, lo moderno y lo tradicional. En este tipo de películas que se desarrollan en torno a una tesis política, o filosófica, importa sobremanera el punto de vista del realizador, que muy pronto se decanta por la pareja extranjera y la protección al medio, aunque se verifica la casi total comprensión de las acciones del otro, por lo menos hasta el punto en que todo se sale de control.

Basada en un caso real ocurrido en Galicia, As bestas cuenta con largas escenas que intensifican la tensión, por ejemplo, la de una conversación filmada en un solo plano donde se manifiesta el tema del filme, y el inequívoco punto de vista de Sorogoyen, cuya película le permite al espectador evocar clásicos en los que la violencia brota inesperada como el norteamericano Perros de paja, el trascendental La caza, de Carlos Saura, o la mucho más contemporánea producción brasileña Bacurau, entre otras, porque a veces las grandes películas se parecen, salvando grandes distancias, y el aire de familia proviene del tratamiento con responsabilidad y altura de un gran tema.

La debutante Alauda Ruiz de Azúa, junto con Carla Simón y Pilar Palomero, se encargó de demostrarle al mundo que en España hay todo un potencial entre las mujeres cineastas, más allá de las ilustres de siempre (Isabel Coixet, Iciar Bollaín y Gracia Querejeta), un grupo de novelescapaces de realizar preciosas joyas de cine intimista y de bajo presupuesto.

Con Cinco lobitos, Ruiz de Azúa retrata la cotidianidad rural de una familia, particularmente de una mujer, que es madre e hija. Por lo tanto, el tema dominante es la maternidad en ambas direcciones, las renuncias, las incomprensiones, porque también aparecen los dos hombres que acompañan a estas dos mujeres adultas, en franco proceso de adaptación a sus nuevas circunstancias. Laia Costa y Susi Sánchez recibieron sendos premios Goyas como actriz principal y de reparto, mientras que la directora fue elegida la mejor entre los debutantes.

Tampoco hay que esperar un melodrama gandilocuente, pues se trata de una película casi tan contundente y esplendorosa como la vida misma. De ahí su grandeza, y su capacidad para emocionar a todos los espectadores interesados en emociones reales, en gente de carne y hueso, en sus resentimientos. Está claro que el público seducido por esta crónica familiar en femenino nunca coincidirá con las huestes de fanáticos de The Avengers; a ellos esta película puede parecerle aburrida, y que carece de relato.

Usted elige el bando, aunque quizá tampoco sea preciso elegir, y el espectador sea capaz de disfrutar de las más diferentes propuestas; por un lado, un cine español minimalista y honesto, y por otro, todo eso que sabemos está del otro lado inmenso, y que no voy a mencionar siquiera porque este espacio quise aprovecharlo para hablar de cuatro sobresalientes películas españolas.

 

 

 

 

 

 Cine español.

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