La reciente visita del Convoy «Nuestra América» al Centro de Inmunología Molecular (CIM) fue un encuentro imprescindible para comprender el milagro diario de la ciencia cubana, la que a pesar de los desafíos del más largo cerco económico en la historia moderna, sigue adelante.
La escena en el salón de urgencias obstétricas es de una calma tensa y meticulosa preparación. Los anestesiólogos ajustan sus equipos junto a la cuna de reanimación neonatal. Todo está listo para recibir un caso proveniente de la sala perinatal. Sin embargo, bajo esa aparente normalidad, late una amenaza invisible pero constante: la posibilidad de que, en cualquier momento, todo se apague.