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San Miguel adentro

Sin cambios espectaculares y muchas cosas por transformar, en una comunidad vulnerable ubicada bien al sur de la ciudad de Guantánamo se mejoran las condiciones de vida de sus habitantes al amparo de un programa gubernamental que late por el barrio

 

 

Autor:

Haydée León Moya

GUANTÁNAMO.— Llovió esa tarde en San Miguel, y cuando eso ocurre no hay quien entre sin cubrirse de fango. Sus calles están desnudas. Sin asfalto. La humedad las convierte en lodazales intransitables.

«Pero si no entra, se pierde el acontecimiento», me dice un joven médico, que advierte mi indecisión: entrar o no entrar, he ahí mi dilema.

Y no, no podía perderme lo que sucedía si ya estaba a la entrada de una de las llamadas comunidades vulnerables, bien al sur de esta ciudad guantanamera, así que allá voy. Barrio adentro, a cómo de lugar.

Una mujer que advierte en lo que ando se me acerca para, según ella, que «nadie me haga cuento»: Porque ahora es que vienen a hacer algo por San Miguel, si hace años no tienen agua, y como la cosa se puso fea con la pandemia entonces están corriendo…

Cuando más entonada estaba ella, unos muchachos fuertes y con la ropa llena de tierra hacen pensar al fotógrafo que «ahora sí le cayó comején al piano», y se dispuso a esperar más acordes de la misma nota… pero no fue así: «Ya imaginamos lo que les está diciendo, pero los invitamos a ir allá donde estamos “batí ‘os” abriendo zanjas, no parados en una esquina sin hacer nada».

Y nos fuimos con ellos. La mujer también. Callada, al principio, como con pena, pero a nuestro paso. «Pero si hay que abrir zanjas yo también lo hago, o por lo menos les llevo algo a los que están trabajando, lo que se pueda, porque tengo un pie “chivao”. Y sí, es verdad: muchos llegamos aquí y nos instalamos sabiendo que no había nada, ni agua, ni alcantarillado, ni corriente… Y si ya se ocupan, nos tenemos que sumar, cada cual como pueda», dice mientras camina, arrastrando una de sus piernas.

Llegamos adonde, en efecto, muchos están fajados por lo que sin dudas es un suceso en ese barrio, donde por la práctica del «llega y pon» emergió, hace más de un lustro, una comunidad sin garantía de servicios básicos, al margen de elementales normas urbanísticas.

Agua que vieron venir

Al amparo del programa gubernamental encaminado a prestar especial atención al mejoramiento de las condiciones de vida en comunidades vulnerables, llamadas así desde el inicio mismo del combate a la COVID-19 por la incidencia que podrían tener en la propagación del mortal virus, el Instituto de Recursos Hidráulicos de Guantánamo apadrina la transformación que necesita el barrio de San Miguel, perteneciente a la comunidad Ho Chi Minh, en el consejo popular Sur-Isleta.

Aunque tal «cobija» no se limita a las acciones relacionadas con el objeto social de dicho organismo; las suyas fueron las primeras brigadas en llegar.

La carencia de una instalación que garantizara un servicio de agua potable, estable y de calidad, estaba al llegar a su fin con la instalación de una conductora de 600 metros de largo y 90 milímetros: diámetro superior a la que precariamente lleva el vital líquido hasta un punto distante de las viviendas.

Atenta al accionar de grúas y retroexcavadoras, se me extravían nuestros acompañantes. De pronto, entre los de Acueducto, que realizan labores manuales, veo a los jóvenes aquellos que me convidaron a no perderme lo que para más de 500 familias ya es todo un suceso. Sacan fango con palas; llevan tubos pesadísimos a hombro limpio… «¡Y mira quién está allí, repartiendo agua y café!», hace notar mi joven fotógrafo: la señora de andar canijo.

 En esa jornada húmeda, precedida por otras igual de intensas, quedó instalada la conductora y se extendió a tres tomas más cercanas y con mayor presión la distribución de agua. Poco tiempo después, a más de 50 familias les llegó hasta sus propias casas, en una primera etapa de esta labor.

Mejoras que se cuecen y otras por llegar

A la ingeniera hidráulica Marbelis Lescaille Durand, la gente en San Miguel le llama madrina. Ella es la representante de Recursos Hidráulicos: «Esta población es muy entusiasta y cooperadora. Sin su apoyo se retardarían los resultados.

Seguimos trabajando, con presupuesto recortado, en el abasto de agua, que no ha avanzado más por falta de un aditamento (abrazaderas le llaman) que se coloca entre la conductora y los ramales que van hasta las viviendas», explica a JR, y añade que el sistema de evacuación de aguas negras y albañales es muy crítico, pero tras una revisión a fondo del asunto y con un diagnóstico preciso de lo que se requiere para la solución definitiva, se buscan paliativos.

«Brigadas de las unidades empresariales de base Acueducto y Alcantarillado y Redes Hidráulicas, con el apoyo de los pobladores, dieron mantenimiento al tanque séptico adonde van a parar esos residuales, se completó el “emisario” (sistema de salida) y sistemáticamente se realizan limpiezas manuales y mecanizadas en las zanjas a cielo abierto aledañas a la comunidad», precisó.

La responsable del programa de mejoramiento recién iniciado en este barrio dice que son varias las acciones que se acometen en el lugar, con participación de múltiples organismos. Ya se inició, por ejemplo, el movimiento de tierra para el arreglo del vial principal que da acceso a la comunidad Ho Chi Minh, y por tanto a San Miguel.

La sustitución de la conductora existente por una de mayor diámetro y longitud mejora sustancialmente el abasto de agua en San Miguel. Foto:Lorenzo Crespo Silveira

Otros asuntos, como la iluminación de la vía principal, la eliminación de tendederas eléctricas y la legalización de las viviendas, están en proceso de diagnóstico, así como trabajadores sociales desarrollan una intensa labor para facilitar el correspondiente beneficio económico a familias o personas que necesitan asistencia.

El Presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez ha insistido en sistematizar las acciones de transformación en este tipo de comunidades y fortalecer el trabajo para mejorar la calidad de vida de su población, delimitando qué precisa esperar por presupuestos cuantiosos y qué cuestiones dependen de una mejor organización.

En ese último caso pudiera ejemplificarse en San Miguel la búsqueda de alternativas para descongestionar la bodega y el punto de venta de pan, pues la satisfacción de esa necesidad se convierte para ellos en una angustia.

Si bien el país no cuenta con todos los recursos necesarios para sacar totalmente a esas comunidades de su atraso, hay que saber sacar provecho al presupuesto destinado a estos programas sociales, priorizando las soluciones a partir del diálogo directo con la gente. Eso es lo que llamamos —ha dicho el mandatario cubano— ponerle corazón a nuestro pueblo.

 

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