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Cuando la esperanza dice la última palabra

La barriada habanera El Fanguito recibió este sábado la visita del Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y del Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz

 

Autor:

Alina Perera Robbio

«No parar, no parar», para salir de un grupo grande de las afectaciones; «seguir haciendo sin parar…». Así expresó en la mañana de este sábado, entre la gente de la barriada El Fanguito del capitalino municipio de Plaza de la Revolución, el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Bajo el sol haciéndose sentir por la humedad de los días, y adentrado en un universo humano sobre las márgenes del río Almendares, allí en el consejo popular de El Carmelo, el Jefe de Estado dijo a los pobladores —a quienes no es primera vez que visita—: «Aquí estamos trabajando con el siguiente concepto: no dejar construir más en los lugares que se inundan, porque no tiene sentido; la gente constantemente va a estar en una situación mala, y estamos buscando ubicación para todas las personas, con diferentes proyectos».

Como parte del seguimiento que la dirección del país da a los barrios en transformación —ahora especialmente a los afectados por las inundaciones de días recientes—, el dignatario recorrió caminos interiores del barrio El Fanguito. Lo hizo acompañado del miembro del Buró Político y Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz; del primer secretario del Partido en la capital, Luis Antonio Torres Iríbar; del gobernador de La Habana, Reinaldo García Zapata; así como de otras autoridades de la ciudad.

A cada paso se produjeron sentidos intercambios y muy naturales entre los dirigentes y los pobladores que aprovechaban para compartir estados de ánimo como el compromiso revolucionario, la gratitud, el sinceramiento, y humanas ansiedades por viejos problemas que deben ser resueltos. En un ambiente de trasparencias y emociones —como los que se dan cuando el pueblo conversa con los hombres y mujeres que tienen responsabilidades y en los que ese pueblo cree—, el Presidente Díaz-Canel explicaba que la Revolución, hoy, entraña una transformación que todavía perdura, que no ha terminado. 

Las mujeres —y por lo general las que llevan muchos años batallando, o lidiando solas con sus propios destinos, o siendo cabeza de familia— son las que suelen tener los diálogos más apasionados y de urgencias con el mandatario. Son diálogos electrizantes, cuyos desenlaces dejan en pie que el amor y la esperanza pueden más que cualquier agobio.

Pasa de todo en una visita como la de este sábado: el Presidente toma en sus brazos a un niño recién nacido; una mujer felicita anticipadamente por el Día de los Padres; una señora mayor dice que ella escucha, lee y mira todo lo que ponen por la televisión, y que le gusta mucho como habla Manuel Marrero Cruz, y va más lejos: se acerca al Primer Ministro y le da un abrazo y un beso. Así se crean confluencias donde el alma, la gracia de la Revolución, emerge intacta.     

Ánimos del barrio

«Normalmente no es común que haya inundaciones como la que hubo una semana atrás, eso fue producto del puente que se cayó, que hizo como una represa, aun cuando la marea estaba un poquito alta como ahora, y estaba lloviendo mucho. Pero realmente no es común lo que pasó», declaró a los periodistas Katia Pérez, de la barriada El Fanguito.

Sobre la transformación que allí tiene lugar, ella comentó que a todos les han hablado sobre el tema, y que tales acciones son «para mejorar la calidad de vida de las personas que vivimos aquí». Una vez que concluyó la jornada de visita, Katia nos dijo: «Estamos muy agradecidas con el Presidente y con el Gobierno, con todos los organismos que se están ocupando de nosotros. Verdaderamente estamos muy contentos, hay un poquito a veces de desespero, pero todo es poco a poco, y todo se va a lograr, y todo va a salir como queremos que salga, y como quiere el Presidente también».

Marta Roldán Ramos, de 75 años de edad, fue muy sincera y emotiva: «Llevo 75 años a la orilla del río Almendares, tengo tres hijos, seis nietos, tres bisnietas, una familia completa». Y sobre las inundaciones recientes, detalló: «En estos momentos tenemos atención porque han tomado todas las medidas necesarias. Yo soy una gente que vigilo el río, le aviso a la delegada y a la Defensa Civil cada vez que veo el río así, crecido».

—¿Qué les explican?, pregunta un periodista. Y Marta desgrana sus ideas: «Se está haciendo la transformación en el barrio, el trabajo más fuerte que hay aquí es que andan dragando el río, que tiene mucho fango. A la vez que el río tiene demasiado fango, ese fango se riega. Esto no había sucedido desde los años ochenta y pico, cuando yo tenía mis niños chiquitos.

Ella contó que la subida de las aguas fue súbita, «en diez minutos, y a mí no me dio tiempo a nada». Aseguró a la prensa: «Nunca he tenido necesidad de estar pidiendo colchones ni nada, pero en estos momentos se me echó a perder todo. Hasta el televisor se me echó a perder».

Cuando le preguntamos por posibles colchones nuevos nos dijo que ya tenía dos, aunque le falta uno, y también está pendiente «el de la cuna del niño».

—¿Y qué se dice del proyecto de transformación?

—La gente está muy contenta y está apoyando el proyecto, pero se sabe la situación que tiene el país en estos momentos.

Habló entonces de la pandemia, de los terribles sucesos del hotel Saratoga en La Habana Vieja, y de «toda la serie de problemas que ha habido. El país no puede con tantas cosas, hay que hacerlo poquito a poquito».

Ella reconoció que el desespero existe, pero también dijo que la Revolución reparte lo que tiene, pero no puede darlo todo: «Cuba vive —enfatizó—, pero hay que sacrificarse, y echarle algo a su raíz para que siga viviendo».

Las transformaciones, las soluciones

La antesala del recorrido del Presidente Díaz-Canel, y del Primer Ministro, Manuel Marrero Cruz, por la barriada El Fanguito, fue una explicación pormenorizada, a cargo de las autoridades responsables, acerca de los barrios en transformación que fueron afectados por las inundaciones recientes.

Específicamente sobre El Fan- guito —de una superficie de 38 665 metros cuadrados, y con un total de 318 viviendas—, se apuntó, entre otras ideas, que se trabaja en el diseño de sitios amigables con el entorno, y que se vienen tomando en cuenta criterios especializados y múltiples para proponer soluciones: se acopian datos históricos de lluvias, o sobre eventos naturales extremos, o sobre niveles de agua alcanzados, o sobre topografía.

Con la misma voluntad se labora en propuestas de transformación para barrios como La Escalera, ubicado en el municipio capitalino de Marianao. Allí, entre otros desafíos, hay 97 viviendas, de las cuales casi una treintena deben ser reubicadas. Del mismo municipio son los barrios de Santa Felicia, La Simba, Indaya y el Callejón de Andrade, donde habrá acciones de transformación.

Los municipios de Cerro, La Habana Vieja y Centro Habana también son escenarios de acciones de cambio. Luis Antonio Torres Iríbar enunció en la reunión que Plaza, Marianao, y Cerro son los municipios más afectados por las recientes inundaciones. A propósito reflexionó el Jefe de Estado: «Aquí lo que se nos daña, cuando hay un evento (como el de las inundaciones), es lo que está mal, lo que está mal ubicado, y que además tiene malas condiciones».

Compartió ese concepto en la voluntad de reiterar que lo que hoy se levante debe hacerse con calidad y buen gusto. Sobre las viviendas que serán reubicadas porque han estado en sitios que están siendo alcanzados por las aguas, el mandatario hizo énfasis en la necesidad de no volver atrás: una vez que se logre, dijo, reubicar una casa, en el lugar de riesgo no debe permitirse un nuevo asentamiento, no debe reproducirse el problema.

«¿Y la gente están participando en la construcción de sus viviendas?, quiso saber el dignatario. Torres Iríbar habló entonces sobre el propósito de vincular a los damnificados a las acciones constructivas. Y Díaz-Canel reflexionó en otro momento sobre la importancia de hacer las casas con diseños bonitos, decorosas, a partir de las mejores experiencias disponibles.

Insistió en la comunicación con las personas, en el valor de explicarles que la reubicación de una vivienda no es una arbitrariedad, sino el empeño de evitar futuras inundaciones y pérdidas. Hay que hablar, subrayó, sobre el sentido de la intervención que se viene haciendo, para que también se vaya creando «una cultura de dónde no debemos estar, para poder mejorar todas las cosas y que no se nos repitan los problemas».

Quiso el dignatario saber de otras zonas de la capital, como la del Pontón, en Centro Habana, que todavía se inunda. Le informaron que está pendiente el inicio de la tercera etapa de la obra que hará posible el paso de las aguas sin que suban sus niveles al punto de anegar las casas. No se ha dejado de trabajar, todo está listo —afirmaron las autoridades— para arrancar con los trabajos de movimiento de tierra, y así entrar en la fase última.

Una vez en el terreno, en la barriada ubicada en las márgenes del río Almendares, el Presidente seguía haciendo reflexiones y preguntas: ¿Ya les han explicado más o menos lo que se va a ir haciendo para que ustedes —dijo a los pobladores— no tengan que seguir sufriendo inundaciones? Y en el camino llegó hasta la «Bibliocasa El Fanguito», un recinto que funciona como una biblioteca, y donde una vecina tiene anaqueles con textos que ha ido acopiando entre la gente.

Sobre una hoja, Díaz-Canel dejó escrito: «Una excelente idea, una propuesta emancipadora, que aporta para todos. Me comprometo a enviarles libros. Un abrazo».

A la cubana que tuvo esa magnífica iniciativa, y a la cual le prometió libros, el mandatario le pidió: «Así que tú me chequeas eso, si no te mando los libros, me criticas». Y ese tono, la transparencia total y sin miedo a lo perfectible pusieron tanta luz como el sol que este sábado se hizo notar con toda intensidad en los nobles vericuetos de El Fanguito.

 

 

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