Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Dani y sus ojos alertas por la ganadería

Con 29 años, un joven cienfueguero ha asumido el cuidado de la masa ganadera como una responsabilidad diaria, entre vigilancia, producción y compromiso con la comunidad

 

Autor:

Jorge Fernández Pérez

AGUADA DE PASAJEROS, Cienfuegos.— A Dani López Cabala se le fue haciendo costumbre vivir pendiente de los animales, de los cercados, de las noches largas y de cada movimiento dentro del módulo pecuario donde trabaja en el municipio de Aguada de Pasajeros. 

«Ha sido muy interesante porque yo nunca había tratado con nada de eso», dice, todavía con el asombro de quien llegó hace apenas un año a un oficio que le cambió la rutina y la manera de mirar el campo.

Su jornada no termina cuando cae la tarde. Más bien ahí empieza otra parte de la tarea: velar por la masa ganadera, evitar robos, cuidar las crías, mantener el orden y sostener una producción que, en tiempos de tantas limitaciones, resulta vital. 

«Yo siempre estoy aquí, siempre estoy velando a los animales», comenta con sencillez. El módulo, explica, cuenta con carneros, chivos, cerdos, aves y otras áreas vinculadas con el autoconsumo. En ese escenario, el control no es un detalle, sino una necesidad. Dani lo sabe bien. 

Por eso, insiste en que en cada vaquería hace falta alguien que permanezca allí, que cuide, que observe, que no deje espacio a la indisciplina ni al hurto. 

«Aquí no entra nadie que yo no quiera ni esté autorizado por la empresa», afirma con firmeza, dejando claro que el resguardo de los animales es una prioridad permanente.

Esa vigilancia ha sido también clave para que la masa ganadera crezca y se mantenga en mejores condiciones. Según cuenta, la organización del trabajo en el módulo ha permitido lograr una mayor protección y darle continuidad a la cría. 

Dani habla con orgullo de los beneficios que recibe de la propia Empresa Agroindustrial Municipal. La alimentación para los cerdos, por ejemplo, forma parte del apoyo que le han brindado, al igual que algunos alimentos para su consumo personal, como leche, picadillo y carne. 

«Ellos me proporcionan la comida de los cerdos», explica, y enseguida aclara que también él aporta desde su trabajo a la dinámica productiva del lugar.

La vida en el módulo no depende solo del esfuerzo humano. También se apoya en fuentes de energía renovable, como los paneles solares instalados en el techo y un molino de viento que complementa el funcionamiento de la instalación. 

Su cotidianidad, entre el trabajo y la familia, lo ha ido moldeando como un joven que entiende la utilidad concreta de lo que hace.

Otro de los espacios donde se le ve comprometido es el pequeño centro de monta del módulo, donde participa en tareas relacionadas con el manejo y la doma de toros. 

«Es un trabajo muy difícil y eso lleva un proceso muy largo», comenta, al recordar que ya antes había tenido alguna experiencia en esa actividad.

Dani tiene apenas 29 años, pero ya entiende que en un lugar como ese, la confianza se gana con presencia, con entrega y con resultados.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.