Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Siguaney no ha dejado de cumplir con el Comandante en Jefe

El 6 mayo de 1989, Fidel visitó la fábrica de cemento Siguaney para evaluar la diversificación de productos de esa industria. Hoy, el ingenio y compromiso colectivos hacen posible un aporte estratégico: cimentar los parques solares fotovoltaicos que se erigen en el país, como parte de la necesaria transición energética. El encargo se mantiene latente

Autor:

Lisandra Gómez Guerra

SIGUANEY, Taguasco, Sancti Spíritus.— En medio de una extensa área agrícola se yerguen con hidalguía dos torres que, la mayor parte del tiempo, confirman la vitalidad de una de las almas de la industria cementera de Cuba: la fábrica Siguaney.

En la década de 1960, la industria plantó bandera en medio de esta comunidad, ubicada entre dos poblados: Zaza del Medio y Taguasco, cabecera principal del municipio de igual nombre, por designio del entonces ministro de Industrias, Comandante Ernesto Che Guevara. Echó a andar en junio de 1971, originalmente, con cuatro hornos con capacidad para 500 toneladas diarias de clínker gris cada uno.

Desde entonces, este coloso ha sido testigo de muchos cambios y retos. Distante de las 600 000 toneladas de cemento para las que fue diseñado, ha asumido la producción de otros insumos necesarios para el desarrollo del país en diferentes momentos históricos.

Una visita histórica

«El propio Comandante en Jefe nos orientó, en la década de 1980, que tratáramos de hacer cemento blanco con la tecnología existente», rememora Saúl Rodríguez Pérez, ingeniero con casi cinco décadas de polvo de Siguaney incrustado hasta en su ADN.

«Entonces nos reunimos el consejo técnico asesor, buscamos asesoría e hicimos una prueba industrial… y salió. Eso se profundizó un poco más y con una firma japonesa logramos un proyecto que permitió a uno de nuestros hornos asumir el proceso del blanco».

Para encaminar esa idea, su autor intelectual llegó hasta allí el 6 de mayo de 1989, en viaje de trabajo que lo llevó a auscultar prácticamente toda la geografía provincial de Sancti Spíritus.

«Fue uno de los momentos más memorables en la historia de esta empresa y del municipio de Taguasco, de la que todos estamos muy agradecidos», reiteró el ingeniero.

Saúl Rodríguez Pérez era entonces uno de los jóvenes de la fábrica. Arribó a Siguaney en 1978 con el título de ingeniero eléctrico para cumplir su servicio social. Espirituano de cuna y con residencia en una de las calles más populosas de la urbe del Yayabo, hoy es uno de los jubilados reincorporados a la fábrica y con techo en el propio poblado de Siguaney.

«Cuando me retiré le dije al Director: me das una escoba o algo que hacer. Uno se enamora de su fábrica y de la gente… Prefiero despertar con el trinar del sinsonte que con el ruido de una “berjovina” por la calle Raimundo, en la ciudad». Hoy, este hombre de gran estatura y sonrisa luminosa es consulta obligada en la entidad.

«En el recorrido Fidel se acercó a los trabajadores que encontró a su paso. Les puso la mano en el hombro, les preguntó, les dio la mano. Conozco gente que no se las lavaron después. Fue un intercambio a su estilo, muy espontáneo».

Primera vez

Recuerda también Saúl que al llegar Fidel en esa ocasión a la fábrica de cemento Siguaney, su estancia del 17 de septiembre 1971 estaba fresca en la memoria colectiva. «Se había comenzado la producción en junio, y justo en el momento en que él vino no estábamos trabajando por problemas propios de la arrancada de una industria. No obstante, no hubo rincón al que no llegara, e hizo preguntas a todos los que encontró en el camino. Se fue muy satisfecho de lo que vio. Esta empresa, desde su génesis, ha marcado la diferencia».

Materiales periodísticos que atestiguan esa primera visita develan una anécdota muy al estilo de Fidel. El obrero Humberto Delgado Boltisolo, quien confesó que no dio crédito de tener frente a sí al Comandante en Jefe, tras responderle el saludo, le solicitó una guagüita para los estudiantes de Taguasco.

No demoró mucho que un ómnibus con esa función rodara por los caminos del municipio. Al igual que otras necesidades que halló a su paso se volvieron historia cuando más tarde llegaron camiones, buldócer, grúa, equipos para el transporte obrero, ambulancia… medios que aliviaron las duras condiciones de trabajo de cualquier industria. Asimismo, Fidel orientó la construcción de un vial, desde la Carretera Central hasta la fábrica para ahorrar combustible.

Saúl Rodríguez Pérez considera que rememorar la visita del Comandante en Jefe constituye motivación para los trabajadores de esa industria. Foto: Alien Fernández Martínez

37 años después

Como es natural, la industria erigida gracias a un convenio suscrito en 1962 por el Che con una representación de la desaparecida República Socialista de Checoslovaquia, ha cambiado bastante de sus orígenes a hoy. Y aunque la ausencia de materias primas y los gritos de obsolescencia tecnológica predominan, ha logrado quitarse de encima unos cuántos problemas y seguir en pie.

Sí, tiene períodos de tiempo muerto en cuanto a la producción cementera. Pero, el ingenio y compromiso de su colectivo la devuelven a la vida por otros medios. Entre sus proezas más recientes resalta el hecho de que de sus hornos salieron el pasado año, prácticamente, todo el cemento que sirvió de cimiento a los parques solares fotovoltaicos del país, columna vertebral de la estrategia de recuperación energética en la Mayor de las Antillas.

Al unísono de su empuje a la producción cementera nacional, la dirección de la empresa ha avivado una red de servicios que transforma la planta en un espacio donde sus obreros pueden adquirir alimentos para el hogar con precios por debajo al mercado, además de una alimentación balanceada en el comedor.

Cerca de 70 hectáreas de tierra pintan de verde el paisaje sepia de Siguaney. El autoconsumo agropecuario abastece más del 80 por ciento del comedor obrero con granos, viandas, frutales y hortalizas con sello propio; mientras la crianza de pollos proporciona huevos que también llegan a las manos de los trabajadores, a precios favorables cuando se comparan con los de la «calle».

Se suman a la cosecha la cría de cerdos, carneros y vacas, cuyos desechos sustentan un sistema de biogás, energía complementada con el funcionamiento de paneles solares.

Más allá de la alimentación, Siguaney ofrece otras soluciones. Un servicio de caja extra permite retirar efectivo sin sufrir las colas interminables de los bancos. Asimismo, en la llamada Casa de Capacitación se han impartido cursos de superación y se celebran cumpleaños colectivos, talleres infantiles y reuniones.

Por supuesto, el día a día obliga a buscar vías para sortear los muchos obstáculos que, como el resto de Cuba, entorpecen las producciones de Siguaney. Sin embargo, el éxodo laboral es ínfimo. Como industria previsora, y sin fórmulas exactas, sigue fiel a sus cimientos: no quedarse de brazos cruzados y responder al llamado de país, como cuando cumplió con el realizado por el Comandante en Jefe décadas atrás.

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.