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Un ejercicio que enriquece la vida

Aunque el aporte de Pérez Díaz al ámbito teórico-crítico de la literatura infantil ha sido sostenido durante varios lustros, no hay dudas de que su ejercicio intelectual alcanzó amplio reconocimiento público desde que asumió la dirección de la Editorial Gente Nueva

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

Con el decurso de las décadas han alcanzado mayor peso intelectual y relevancia historiográfica los estudios consagrados a la evolución de la lectura, una de las prácticas socio-culturales más determinantes de la evolución de la humanidad. Gracias a las obras clásicas en la materia dadas a conocer por el historiador Roger Chartier —principal representante de los Books Studies y director de la Biblioteca Nacional de Francia— hemos descubierto toda la dimensión técnica-espiritual presente tanto en la concepción y ejecución material de los libros como en el proceso de aprehensión del conocimiento letrado. Estas referencias resultan decisivas para comprender la contribución a nuestro sistema editorial de Enrique Pérez Díaz, quien ha acompañado a las más bisoñas generaciones de lectores en su crecimiento sensorial y cognitivo.

Aunque el aporte de Pérez Díaz al ámbito teórico-crítico de la literatura infantil ha sido sostenido durante varios lustros, no hay dudas de que su ejercicio intelectual alcanzó amplio reconocimiento público desde que asumió la dirección de la Editorial Gente Nueva y de la publicación semestral En julio como en enero, auspiciada por el Comité Cubano de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY). Esa notoriedad fue avalada por sus colegas foráneos al ser electo en 2014 jurado del premio Hans Christian Andersen, el galardón mayor de la literatura infanto-juvenil a nivel planetario con el que la IBBY recompensa desde 1956 a los más relevantes autores de ficción y diseñadores gráficos.

Luego de esta fructífera etapa en Gente Nueva, Enrique ocupó plenas responsabilidades en el Observatorio Cubano del Libro y la Lectura (OCLL) —grupo de trabajo adscrito al Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe— donde los estudios métricos y los sondeos se conjugan con la sensibilidad lectora de sus artífices.

El primer contacto personal que tuve con Enrique se remonta a junio de 2017, fecha en la que ambos participamos en el 2do. Congreso Internacional Julio Verne que acogió la Casa Víctor Hugo del Centro Histórico de La Habana. Con posterioridad hemos coincidido en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional, cada vez que él ha accedido a la Catedral de la Cultura por motivos profesionales o por mero deleite. Su vasta experiencia de consumidor cultural convierte su perspectiva sobre el universo letrado de amplio interés para aquellas personas que hayan sentido una insólita fascinación por la palabra impresa.

—¿Qué lugar ocupa la lectura —estética, académica, pragmática— dentro de su cotidianidad?

—Esas lecturas se van alternando según las necesidades de mi trabajo, inconscientemente se mezclan unas con otras y a veces no puedo dejar de hacer una lectura estética de un ensayo académico o de un pragmático informe resultante de una encuesta. Soy defensor de la idea de que la palabra siempre tenga un rango creativo que le permita comunicar y que, pese a lo árido o especializado de un contenido, este debe ser dado con cadencia, belleza y sentido de goce lúdico. Sería como sentir la música de nuestro lenguaje en cuanto se lee o se escribe.

«Los editores solemos tener una deformación profesional que siempre nos lleva a revisar con lupa lo que leemos incluso sin que sea por trabajo. De joven era muy feliz por mi inocencia. Mientras maduras el rigor que impones a tus lecturas, aunque te agraden, siempre está marcado por una visión crítica y a veces te sorprendes en un rato de ocio justamente trabajando, diseccionando un texto de ficción del que solo pretendías entretenimiento. Es un proceso intenso y a la vez inasible».

—¿Cómo valora el rol de jurado tanto a nivel intelectual como social?

—La vida me ha impuesto ser jurado. Es algo que prefiero evitar. En primer término, por el tiempo que lleva si vas a trabajar seriamente. Luego porque te involucras a un hecho evaluativo en el cual no eres el único y en ocasiones formas parte de un veredicto que te hace inmensamente feliz —como me ocurriera recientemente con el Premio Nacional de Literatura a Delfín Prats—, pero en otras oportunidades casi sientes estar sobreviviendo a una fuerte confrontación. Un jurado es algo muy subjetivo —porque cada quien aporta su experiencia, intelecto y preferencia— y a la vez significa el chocar con un texto generalmente de autor desconocido o con una personalidad a evaluar por tal o cual trayectoria como el caso aludido.

«Cuando soy jurado siempre trato de dar el último voto para escuchar las razones de mis colegas en esa aventura y no me aferro necesariamente a mi propuesta inicial si alguien me convence».

—¿Cuán pertinente resulta en el ámbito familiar propiciar la lectura desde las edades tempranas del aprendizaje?

—No creo que sea solo pertinente sino imprescindible. La lectura es la base del conocimiento, incluso de la formación de valores, no solo espirituales sino humanos. Al leer somos más sensibles, integrales y diversos como personas. No concibo la existencia sin libros.

«Tuve la suerte de nacer en una casa-biblioteca. Amo las bibliotecas y las librerías como hogares, incluso por poco acogedores o atractivos que a veces resulten sus espacios. El niño que no lee, debe luego hacer intentos titánicos por superarse. Es algo que no trae en su ADN familiar y requiere de una vacuna para inocularse a sí el vicio de leer. El que tuvo la dicha de nacer en un ámbito lector, le lleva muchos pasos de avance».

—¿Qué sensibilidades se requieren para dirigir una publicación literaria?

—La mayor sensibilidad que les puedo atribuir es la inquietud, el deseo de llegar a su público sin concesiones, más bien provocándolo, incitándolo a pensar, a disentir incluso, a subir hasta otro peldaño del saber.

«Cuando debí dirigir una editorial en la que se propuso renovar las colecciones, partía de un estudio de la serie histórica para rescatar su valioso acervo y luego de una visión amplia en función del desarrollo de nuevas líneas o formatos y tendencias literarias. Los autores definen el sello de una editorial al igual que los colaboradores el de una revista. De su nivel de inquietud, seriedad y rigor se logrará esa ansiada calidad e impacto en posibles lectores.

«Pero el parámetro mayor de una publicación debe ser la calidad y la
jerarquía literaria o periodística de sus contenidos. Aunque como servidores públicos se debe buscar complacer a la población, igualmente es necesario educarla, instruirla y provocarla para que crezca intelectualmente y también como ciudadano o ser pensante».

—¿En qué medida pudieran cuantificarse e interpretarse los índices de consumo cultural?

—Los estudios de consumo cultural suelen ser muy polémicos. Su mayor valía debe darse en el objeto de indagación o medición, en su cuestionario más o menos preciso o inteligente y el volumen y perfil de la muestra en cuestión.

«La experiencia en el OCLL me ha dicho que la gente es muy propensa a opinar verbalmente, pero poco habituada a escribir sus opiniones o leerse un formulario exhaustivo. Por eso la precisión en lo que busca el estudio debe ser requisito. Su valía puede estar dada por el factor de expansión de la muestra humana que trabajas, incluso por el tipo de muestra (o de humano) y el espacio donde se realice la indagación.

«La validez de estos estudios y de quienes los realizan está dada sobre todo por el caso que les hagan las instituciones auspiciadoras o las acciones que deriven para buscar algún efecto, ya sea variar una política de publicación o cualquier otra medida».

—¿Cómo pudieran convivir y complementarse los formatos impreso y electrónico dentro del universo editorial?

—Institucionalmente nosotros defendemos la política de que todo libro debe coexistir en ambas versiones para llegar a cualquier tipo de público. Hay personas muy analógicas que desdeñan leer en un celular o un tablet, pero existen otras que migran a estas formas, como es mi propio caso. Las grandes multitudes lectoras nacidas en la era de las nuevas tecnologías desarrollan sus afanes en un mundo virtual donde tienen sus propios líderes de opinión, se
autopublican y hallan en eso un modo de entrenamiento editorial y de llenar su tiempo libre.

«Hay que revolucionar el concepto de la lectura que hasta ahora solo se suele asociar a los libros tradicionales del acervo clásico o moderno conocido, porque la era contemporánea impone una realidad diferente que ha eclosionado entre chicos de Wattpad, booktubers, influencers y otras “figuras” actuales que le imponen al acto de leer una reconversión y significan un reto para el objeto “libro”, el diversificarse y sobrevivir en un mundo otro. Pienso que los seres del pasado debemos mirar hacia el futuro con optimismo haciendo menos abisal la brecha que ya existe y no negar estos fenómenos sino asumirlos desde el estudio, la interpretación y la aceptación del cambio».

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