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«Humor: ese modo de ver la vida»

Carlos Fundora, reconocido humorista y guionista del grupo La Leña del Humor de Santa Clara, nos comenta sobre su experiencia en los años de la génesis del Movimiento de Jóvenes Humoristas, el Centro Promotor del Humor, y la asesoría de programas humorísticos en la televisión cubana de hace varios lustros

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

—Todos conocemos sobre tu intensa actividad como fundador y miembro del grupo santaclareño La Leña del Humor que, sin duda, forjaron tu visión y realización profesional sobre este género. ¿Podríamos decir que los años que te desempeñaste como asesor de los programas humorísticos de la televisión cubana, también te marcaron de alguna manera?

—Sí, no solo me marcaron, sino que cambiaron algunos preceptos que, hasta entonces, tenía de los asesores y la importancia de su labor. Desde muy temprano, apenas unos años después de que fundáramos el grupo La Leña… y de formar parte de ese llamado Movimiento de Jóvenes Humoristas —tan influenciados por el grupo argentino Les Luthiers, La Seña de Matanzas, el Conjunto Nacional de Espectáculos y los textos de Zumbado…—, tuvimos la gran oportunidad de ser convocados por Alejandro García (Virulo), quien ya nos había visto en un encuentro en Santa Clara, y nos dijo que seríamos asesorados por los reconocidos actores Carlos Ruiz de la Tejera y el chileno Jorge Guerra. Tuvimos el privilegio de que ellos fueran hasta el centro de la Isla y nos enseñaran mucho de ese mundo del teatro y el humor, asuntos en los que andábamos en pañales. Pasaron mucho trabajo, pero, gracias a su esfuerzo, y a que éramos un grupo de creadores con cierto bagaje cultural, algunas ideas de cómo escribir humor y, sobre todo, con mucho interés, logramos ver un cambio sustancial en nuestras propuestas. O sea, que el asesoramiento valió la pena.

«Con esta innegable ayuda y ya conociendo a parte del elenco del Conjunto, se nos abren las puertas de La Habana, y, en particular, las del teatro Karl Marx, donde compartimos escenario con muchos otros proyectos, como el nuestro, en aquellos inolvidables espectáculos Miramar…, organizados por Virulo, que aparecen muy bien reflejados en un documental que hiciera Francisco Puñal por esa época.  Después, vino el Primer Encuentro Latinoamericano de Humor que nos dio la posibilidad de confrontar con figuras de otros países, quienes también cultivaban el género, y eso fue bueno, porque pudimos constatar que el humor que hacíamos en Cuba no estaba en desventaja con el que se estaba realizando, al menos, en parte de Latinoamérica.

«Este intercambio también era un modo de aprender de otras de maneras de hacer diferentes a las nuestras, pero que igualmente tenían muchos puntos de contacto. Contábamos con un público a favor, al que, sin habérnoslo propuesto, ya habíamos llevado a un nivel considerable de apreciación cultural, y nos brindaban apoyo y un intercambio eficaz. Ellos aceptaron el reto de descodificar nuestras propuestas, que cada vez se hacían más elaboradas.

«Una cosa nos llevó a la otra, vino el primer Festival Nacional Aquelarre, con una participación nacional importante y luego llega la fundación del Centro Promotor del Humor… todo esto producto del deseo que nos animaba de encauzar este tipo de humor más allá de la escena, que es donde ya teníamos una fuerza considerable. Llevarlo, además, a la literatura, las artes plásticas, la música, audiovisuales… Era trasladar esa forma de expresión, ese modo de ver la vida, que para mí es el humor, a todas las manifestaciones posibles del arte.

Todo esto fue el cimiento que me permitió poder asumir el cargo de asesor de programas humorísticos, desde la Redacción de Dramatizados del Icrt, y con la colaboración del Centro Promotor del Humor, como se pensó en un principio. Tuve a mi favor que entré en la televisión en el momento que estaba latente la idea de asumir varios proyectos de humor para la pequeña pantalla. También conocí y sentí el apoyo de otros asesores que ya tenían sobrada experiencia en la tele y en hacer humor, como es el caso de Nélida Casado, Yaima Pardo, Ignacio Hernández —que es hoy un reconocido realizador de programas humorísticos—, entre otros, junto a Magda González, que estaba frente de la Redacción. En aquel momento, trazamos una estrategia hasta llegar a la propuesta de semana ideal donde hubiera programas humorísticos de diferentes opciones para diferentes públicos. Logramos casi un espacio diario. Sobre esa base, hemos intentado trabajar y mantener la presencia del humor en la pequeña pantalla, pero, realmente, chocas con muchos obstáculos que no siempre dependen del asesor. Nosotros no somos los que determinamos la programación. Proponemos líneas de trabajo. Yo he estado en la televisión como colaborador, como guionista y como asesor, y siento que el trabajo de mucho de los asesores de humor y de los asesores en general, se pierde, se diluye en el proceso productivo y de realización. Nos queda el aprendizaje, la experiencia acumulada, y el orgullo de ver cuando triunfa un proyecto del cual fuiste parte desde su nacimiento, pero solo eso. No se toma en cuenta ese trabajo, ni siquiera a la hora de archivar las memorias, de contar la historia».

(Fragmento de la entrevista realizada a Carlos Fundora en 2014, para el proyecto de la serie audiovisual Vivir y morir de la risa).

Fundora, un talento afortunado

Carlos Fundora Hernández es escritor, guionista, dramaturgo y humorista. Nació en Quemado de Güines, en 1961. Estudió Licenciatura en Filología, en la Universidad Central de Las Villas, «Martha Abreu», donde formó parte de los fundadores del grupo La Leña del Humor de Santa Clara, que, junto a otros grupos humorísticos nacidos en las casas de altos estudios, en los años 80, marcaron pauta de lo que fuera el Movimiento de Jóvenes Humoristas, de esa década y principio de los noventa.

Fundora también aparece entre los iniciadores del Centro Promotor del Humor y algún que otro sello editorial, que se encargaba de hacer libros de literatura humorística, a partir de los premiados en los Aquelarre y otras convocatorias. Fue, sin duda, el principal organizador y compilador de toda esa gama de volúmenes de humor que atesora el Centro.

Ha obtenido diversos premios Aquelarre en décima, cuento y guion, así como en festivales nacionales de la radio por programas humorísticos. Ha publicado varios títulos como: La última obra del bardo inmortal; Plagio, luego existo; Nueve sobre diez; Mitos y leyendas de la Antigua Grecia y Leña del árbol caído, entre otras muchas obras.

Este introvertido narrador, humorista y guionista de teatro, radio y televisión, también publicó valiosa literatura humorística, en las páginas de nuestra prensa, con un estilo propio de versionar y mezclar las historias: desde las más antiguas y clásicas, hasta la más conocida literatura infantil. dedeté, Palante y, eventualmente, su querido Melaito, han contado con su colaboración, entre otras publicaciones.

Durante muchos años fungió como asesor en la División de Programas Dramatizados de la Televisión cubana (humorísticos), labor que alternaba con la realización de espacios de este corte en Habana Radio y otras emisoras.

Desde su aparente retiro, sigue haciendo todo lo que puede por impulsar el humor porque, según comentó en una entrevista concedida para el reconocido sitio web humorsapiens.com: «El talento creador en el humorismo, como en casi todas las esferas de la vida, es algo innato. La vis cómica es un don que no deja de tener su misterio y quien la posea es realmente un afortunado».

 

 

 

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