Hoy, en su natal Pinar del Río, Cándido se dedica a enseñar el arte de la esgrima a los más pequeños. Autor: Jaliosky Ajete Rabeiro Publicado: 29/11/2025 | 08:09 pm
Cándido Alberto Maya Camejo quiso dejar el deporte activo estando en la cima. Tras asistir a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, cuando todavía era la primera figura del sable masculino en Cuba, supo que era el momento de dar paso a los más jóvenes. Su nombre ya formaba parte de la historia deportiva de la Isla desde que en Winnipeg 99 se alzó con un oro. Hacía exactamente 20 años que un cubano no conquistaba ese puesto en unos Juegos Panamericanos.
Con condiciones para la esgrima
Siendo apenas un niño, una de sus hermanas los llevó a él y a su hermano jimagua a unos exámenes de captación a la EIDE Ormani Arenado, de Pinar del Río. Ambos tenían condiciones e ingresaron en esta escuela. La edad competitiva de 13-14 años la explotaron al máximo. Cándido fue captado para la ESPA Nacional y empezó en ella en septiembre de 1989. Se fue a hacer el 10mo. grado a La Habana, en tanto, su hermano gemelo cursó después estudios de Cultura Física.
«Ya en la ESPA se tenía una visión diferente del deporte, uno empieza a entrenar con atletas de alto nivel, de más nivel que yo, y es ahí que participo por primera vez en un Campeonato Panamericano para menores de 18 años, en Canadá, que daba cupo para el Mundial en esa categoría y alcanzo oro. Tenía 16 años».
Llegaron entonces varias ediciones de los juegos juveniles nacionales y tras los Panamericanos de La Habana 1991, por sus resultados, Cándido es promovido para el equipo nacional.
«En 1993 integré el “Cuba” por primera vez. Asistí a los Juegos Centroamericanos en Ponce, Puerto Rico, ese mismo año, y a los de Maracaibo, Venezuela, 1998.
Winnipeg 99 marcó la diferencia
«Siempre digo que hubo un antes y un después en mi carrera tras los Juegos de Winnipeg, en Canadá. Fue un evento muy tenso. Asediaban a la delegación cubana, casi no nos permitían movernos», cuenta ahora con entera certeza en la tranquilidad del hogar.
«Es en ese certamen en el que yo me pruebo. No era la primera figura. Un colega estaba por delante de mí y contra todo pronóstico gano la
medalla de oro y la de plata por equipo. Hacía 20 años Manuel Ortiz, un gran sablista cubano, había conquistado también el primer puesto. Por ese resultado voy al clasificatorio de los Juegos Olímpicos en el año 2000. Ese fue mi gran salto en la carrera deportiva».
«En el campeonato clasificatorio desarrollado en Argentina obtuve el primer lugar y ello me garantizó el boleto a Sídney 2000».
Cándido habla con mucha naturalidad de su asistencia a esa cita, como también a la de Atenas 2004. Ya era un atleta hecho. En una cajita conserva fotografías de esa época, en la que, además de prepararse continuamente, viajaba a Pinar del Río siempre que podía, porque ya había nacido su primera hija.
Una reseña de los resultados deportivos de Cándido Maya no cabe en una hoja de periódico: Juegos Centroamericanos y del Caribe, Panamericanos, Juegos Universitarios, Campeonatos Nacionales, Copas del Mundo y las Olimpiadas, sellan con lujo su aval. Entre los más preciados está el bronce olímpico de Sídney 2000 en la competencia por equipos.

Cándido Alberto Maya se proclamó campeón panamericano en los juegos de Winnipeg 99. FOTOS: Jaliosky Ajete Rabeiro
Un atleta necesita foguearse
Cuando ya suma 52 años y dedica sus tardes a entrenar niños de Primaria del proyecto conjunto entre el Inder y Educación, Cándido reconoce que para un deportista es esencial entrenar con atletas de mayor nivel: «Eso te da la posibilidad de poco a poco ir escalando peldaños, el atleta que está arriba te impulsa,
tú te ves en su espejo, analizas sus movimientos, sus acciones, y uno va desarrollando habilidades».
Intenta siempre transmitir algo a los más jóvenes: a aquellos que fueron sus alumnos cuando se mantuvo como entrenador por un corto período de tiempo en La Habana, a los que enseñó en Venezuela, a los de la EIDE, esa escuela que le abrió los brazos tras su regreso a Pinar, y a los más pequeños que tiene ahora como parte del proyecto.
«La carrera deportiva es muy sacrificada, casi siempre se ve la parte bonita: uno viaja, conoce, compite, tiene resultados. Pero para lograrlo, desde un primer momento uno tiene que saber qué es lo que quiere y decir “sí, yo puedo y me voy a esforzar por eso”».
«También uno tiene que cuidarse mucho, limitarse de asistir a fiestas, hay que abandonar divertimentos para evitar un golpe porque cualquier lesión te saca de tu tiempo deportivo. Y, sobre todo, hay que ser muy disciplinado. Tienes entrenamiento en la mañana, un descanso y vuelves a entrenar en la tarde.
«En mi época el deporte no era profesional, pero de cierta manera uno lo era porque es a eso a lo que te dedicas, y siempre un atleta necesita foguearse, competir, nada te va a dar esa preparación como la propia competencia», asegura.
La técnica de la esgrima
«Todos los deportes tienen sus especificidades, pero la esgrima es muy técnica. En él no te mueves como mismo lo hace el cuerpo humano. Uno camina de frente, pero en la esgrima lo haces de lado», comenta el atleta, ahora convertido en entrenador.
«También llevas un armamento en la mano y una careta tupida en el rostro. Con todo eso tienes que aprender a moverte y a ver el contrario, que no sabes la acción que va a ejecutar. Tanto el sable, la espada, como el florete, tienen sus características», explica.
No se ha quedado la esgrima detenida en el tiempo: «También el deporte se ha modernizado.
A Cándido le preocupa sobremanera la práctica de la esgrima en la provincia. A su juicio, son críticas las condiciones que existen para enseñar este deporte. La falta de implementos y las dificultades para obtenerlos, la organización de las escuelas de iniciación deportiva que complejiza el acceso desde los municipios y las condiciones actuales de la economía doméstica, no facilitan que los padres apuesten por la formación de sus hijos en el deporte.
Su compromiso con la esgrima no le permite dejarla definitivamente. El retiro del deporte activo solo supuso para Cándido un cambio en la forma de aportar a su desarrollo.
Dichosos son aquellos que tienen ahora la posibilidad de tenerlo como entrenador. A fin de cuentas, no todos los días una gloria del deporte te cuenta sus secretos para ser mejor o te da las pautas para rendir como nadie con el sable en la mano.
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