Dany Miranda resaltó por sus cualidades humanas y resultados deportivos. Foto. Roberto Morejón. Autor: Roberto Morejón Rodríguez/JIT Publicado: 06/04/2026 | 08:30 pm
Siempre andaba parco, sobrio. Dany Miranda era de esos tipos «chéveres» que caminan mostrando un solo rostro: iluminado de franqueza. Dentro del banquillo siempre fue el mismo dotado que razonaba y meditaba —una y mil veces— cada jugada y respuesta.
La única vez que lo vi actuar con una agilidad «inusual» fue el año pasado, a las puertas de comenzar la 3ra. Liga Élite del Béisbol Cubano. Lo abordé frente a su habitación en el hotel Las Tunas donde, casi inoportuno, le lancé un disparo a quemarropa: «Después de tantas bajas… los pronósticos ubican a los Tigres en el fondo de la tabla de posiciones. ¿Cree eso posible?».
Su respuesta fue, tal vez, una muestra tangible del carácter y sencillez que rodeaba como aureola al campeón olímpico, al hombre de remembranzas nobles, a un jugador que hizo época cuando Ciego de Ávila aún no figuraba en el mapa histórico de trofeos y éxitos de la pelota cubana.
«Chico, lo único que te puedo decir es que vamos a competir y, quizá, se sorprendan», me comentó con su pausa habitual en los diálogos, sin sentirse retado con la interrogante, aunque sí con un convencimiento pleno de lo que decía, palabra por palabra.
El resto ya es historia. Los Tigres, con un equipo «menor», se convirtieron en los campeones de la Liga Élite, comandados por un Dany Miranda que movió sus piezas con la perfección de un estratega asentado, curtido con sus escasos 46 años, pero sin sentirlo su piel.
Meses después, en plena 64ta. Serie Nacional, tuve la posibilidad de volver a toparme con Dany. «La vida le dio la razón», le comenté al inicio. Y él, con su extrema bondad, agachó la cabeza, encogió los hombros y aseguró: «Periodista, en la vida nada está escrito».
Y es cierto. Nada está acuñado sobre un papel. El destino, tan caprichoso como impredecible, a veces da alegrías y las arrebata con esos golpes bajos que nos ponchan el aliento con el último strike.
La noticia de que Dany, el estratega campeón, el futuro del banquillo en la pelota antillana, no había rebasado su último partido fuera del terreno —ahora en un salón hospitalario—, copó las redes, los comentarios incrédulos, la incertidumbre.
Ha sido un nocaut antes de tiempo para la afición avileña, para Cuba, que tanto respetó su carrera deportiva, pero más aún su estatura humana. Dany Miranda ha muerto y, sin embargo, pocos lo aceptan. Prefieren recordarlo meditando en su puesto de estratega, sin sentarse, apoyado en algún madero, mientras su vida giraba absuelta alrededor de una pelota.
