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El cielo y el infierno de la primera vuelta mundialista

La primera jornada del Mundial 2026 dibujó un mapa de sensaciones encontradas con candidatas que confirmaron su condición de favoritas y otras que firmaron debuts para olvidar

 

Autor:

Ruben Darío García Caballero

Si la primera fecha no define campeones, sí marca tendencias. Y la tendencia, tras los primeros compases del Mundial 2026, tiene nombre triple: Inglaterra, Argentina y Francia. Tres selecciones que no solo ganaron, sino que convencieron. Tres estilos diferentes, un mismo denominador: la autoridad de quien sabe que ha llegado para quedarse.

Inglaterra fue la primera selección europea en certificar su presencia en el Mundial, ganando sus seis primeros partidos de clasificación sin encajar un solo gol. Y en su debut ante Croacia, los Three Lions de Thomas Tuchel no defraudaron. El técnico alemán, confirmado en octubre de 2024 tras el adiós de Gareth Southgate, ha insuflado una versión más expansiva y vertical al combinado inglés. Harry Kane, su capitán y gran estrella, firmó un doblete que lo reafirma como el referente absoluto. Acompañado por un tridente ofensivo de lujo —Gordon, Madueke y el propio Kane—, Inglaterra doblegó a la competitiva Croacia de Modric con la solvencia de quien aspira a poner fin a 60 años de espera. El equipo que fue subcampeón en las dos últimas Eurocopas ha empezado el torneo como el más firme candidato a heredar el trono.

Argentina, la vigente campeona del mundo y número uno del ranking FIFA, no se quedó atrás. Debutó con una victoria contundente por 3-0 sobre Argelia, firmando uno de los estrenos más convincentes de toda la primera fase. El combinado de Lionel Scaloni mostró solidez defensiva y eficacia en ataque, pero por encima de todo brilló la estrella de Lionel Messi. El capitán, a una semana de cumplir 39 años, respondió a todas las dudas con un triplete histórico, el primero de su trayectoria en Copas del Mundo. Argentina, que ya fue campeona de América en 2024 y líder indiscutible de las eliminatorias sudamericanas, llegó al Mundial en un gran momento y lo confirmó con un partido perfecto: ganó, gustó y goleó.

Francia, actual subcampeona del mundo y tercera en el ranking FIFA, completó el podio de las grandes actuaciones. Ante Senegal, en el grupo más exigente del torneo, los de Didier Deschamps resolvieron con un contundente 3-1. Kylian Mbappé, capitán y heredero natural del trono, firmó un doblete que lo consolida como el máximo goleador histórico de la selección francesa. Su velocidad, agresividad y capacidad para decidir partidos siguen siendo diferenciales incluso en el escenario más exigente. Francia, que ya ha levantado dos Copas del Mundo (1998 y 2018), demostró que su condición de favorita no es un espejismo.

Pero el Mundial también tiene su cara amarga. Y en esa acera se han instalado tres de las selecciones que partían como aspirantes al título: España, Portugal y Brasil. Tres empates, tres frustraciones, tres sistemas de alarmas que ya han comenzado a sonar.

España, vigente campeona de Europa y una de las máximas favoritas al título, firmó el batacazo más sonado de la primera jornada. Empató 0-0 ante Cabo Verde, un equipo debutante absoluto en Copas del Mundo. La Roja tuvo la posesión, jugó gran parte del encuentro en campo rival, pero nunca encontró claridad ni profundidad para romper el esquema defensivo de su adversario. El conjunto africano cerró espacios y obligó a España a circular el balón con lentitud. Futbolistas como Pedri no lograron desequilibrar, y las variantes introducidas por Luis de la Fuente tampoco modificaron el desarrollo del compromiso. Cabo Verde incluso estuvo cerca de quedarse con la victoria en el minuto 89. Un empate que sabe a derrota y que evidencia los problemas ofensivos de una selección que, pese a su talento generacional, sigue dependiendo en exceso de la inspiración individual de Lamine Yamal.

Portugal tampoco pudo pasar del empate. Ante la República Democrática del Congo, el equipo de Roberto Martínez se enredó y firmó un 1-1 que la prensa internacional calificó como «inesperado» y «frustrante». Cristiano Ronaldo, el hombre que busca ser el primero en marcar en seis Mundiales diferentes, se fue de vacío. Cero goles, cero impacto. Solo 25 toques en todo el partido, el menor registro de cualquier titular portugués. Portugal, que en la fase de clasificación había goleado 9-1 a Armenia, llegaba como una de las favoritas, pero su debut dejó más dudas que certezas. El empate ante un equipo teóricamente inferior encendió todas las alarmas en un grupo K que también incluye a Colombia y Uzbekistán. 

Brasil, el eterno favorito, tampoco pudo comenzar con una victoria. El 13 de junio empató 1-1 con Marruecos, en un encuentro en el que el conjunto africano mostró solidez y aprovechó los espacios concedidos por la defensa brasileña. Ismael Saibari adelantó a Marruecos tras una asistencia de Brahim Díaz, y la respuesta de la Canarinha llegó antes del descanso gracias a Vinícius Júnior. Pero el empate dejó un reguero de dudas. Carlo Ancelotti, que ocultó la alineación hasta el último momento, no pudo evitar un arranque gris. Brasil, que llevaba 19 partidos invicta, no firmó un buen arranque y cedió un empate. El técnico italiano pidió calma: «No se gana el Mundial en el primer partido». Pero la afición, acostumbrada a los títulos, ya ha comenzado a preguntarse si este Brasil tiene el carácter de los grandes campeones.

El balance de la primera vuelta es inequívoco. El cielo tiene los colores de Inglaterra, Argentina y Francia. El infierno, los de España, Portugal y Brasil. El Mundial, como la vida, es un ejercicio de adaptación. Y los que no sepan reaccionar, pronto dejarán de ser favoritos para convertirse en estadísticas.

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