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Sheinbaum y la valiente posición mexicana

Con el envío de dos buques de la Armada con más de 800 toneladas de ayuda humanitaria para el pueblo de Cuba, la presidenta Claudia Sheinbaum reafirma su valentía política, ratifica la vocación solidaria de México con sus hermanos de América Latina y el Caribe

Autor:

Luis Manuel Arce Isaac

Con el envío de dos buques de la Armada con más de 800 toneladas de ayuda humanitaria para el pueblo de Cuba, la presidenta Claudia Sheinbaum reafirma su valentía política, ratifica la vocación solidaria de México con sus hermanos de América Latina y el Caribe y, sobre todo, actúa con apego a los principios de soberanía e independencia que les llega desde 1810 con el grito del cura Miguel Hidalgo y Costilla, en Dolores.

Los buques de apoyo logístico Papaloapan e Isla Holbox, trasladan desde Veracruz una carga de 814 toneladas de alimentos de primera necesidad, entre los que destacan leche líquida y en polvo, productos cárnicos, galletas, frijol, arroz, atún en agua, sardina y aceite vegetal, así como artículos de higiene personal, mientras se busca una salida para el renvío de petróleo a la Isla, tanto el de ayuda humanitaria como el comercial, según explicara la mandataria en varias de sus conferencias matutinas.

Este lunes, al responder una de las preguntas de la prensa, volvió a asegurar que enviará más ayuda humanitaria a Cuba. «No se puede ahorcar a un pueblo así, de esa manera, es muy injusto. Va a haber más apoyo. El pueblo de México siempre ha sido solidario, nadie puede ser omiso a la situación que está viviendo en este momento el pueblo de Cuba por las sanciones que (EE.UU.) está imponiendo a cualquier país que envíe petróleo, de una manera muy injusta».

En ocasiones anteriores ha explicado que en el controvertido caso de los contratos petroleros entre Cupet de Cuba y Pemex, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quiere obligar a romperlos para hacer más férreo el bloqueo e impedir que a la Isla entre ni un barril de petróleo con el objetivo de paralizar absolutamente la economía y romper las cadenas de suministro de alimentos y medicinas, Sheinbaum ha mantenido valientemente que el envío de petróleo es una decisión soberana de su Gobierno y de nadie más.

Se sabe que el objetivo de la política de máxima presión es que el pueblo se rebele contra el Gobierno revolucionario y este decline y se entregue a Washington. Trump ha dicho al descaro que la meta es cambiar el régimen, como le llama al Gobierno legítimo cubano, e incluso, nombrar presidente al mercenario Marco Rubio.

El tema ha surgido por las preguntas de periodistas inquietos ante la flagrante violación del libre comercio que Trump comete al presionar a Pemex para que suspenda sus envíos a la Isla, lo cual motivó un paréntesis en el ritmo del intercambio entre las dos naciones.

Sheinbaum ha sido muy clara al explicar la situación y, sin mencionar al vecino del norte por su nombre, pero dejando bien sentado que se trataba de él, dijo que enviar a Cuba petróleo es una decisión soberana del Gobierno de México, y seguiremos siendo solidarios con esa hermana nación.

Sus reiteradas declaraciones se producen en el contexto de crecientes especulaciones de que Trump moverá parte de la flotilla de guerra del Comando Sur desplegado frente a las costas venezolanas que sirvieron para el bombardeo a ese país y el secuestro del presidente, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, hacia aguas internacionales cercanas a la Mayor de las Antillas, o incluso en las propias aguas jurisdiccionales estadounidenses en el Golfo de México que comparten los tres países, para impedir el arribo a puertos cubanos de petroleros que vengan de México, Venezuela, Rusia, Irán o cualquier otro proveedor.

Roto el orden internacional y proclamados sus propósitos de establecer una suerte de nuevo reparto territorial en el cual él se ganaría todo el hemisferio occidental, y tirados al tacho los derechos internacionales y sus instrumentos de aplicación como Naciones Unidas, Trump y Rubio, su secretario de Estado, pretenden continuar burlándose de la institucionalidad dentro y fuera de sus fronteras para ejercer la máxima presión sobre Cuba, sin descartar acciones parecidas, similares o más violentas, que las aplicadas miserablemente contra Venezuela.

En ese marco, paralizar las entregas de crudo comercializado o resultado de ayudas humanitarias de México, es una de las principales metas de ambos sujetos, habida cuenta, según ellos, de que ya a los puertos cubanos no llegarán más petroleros venezolanos, y los que provengan de África ni siquiera los dejarán llegar a las Antillas, lo cual profundizará más aún la crisis de escasez de todo tipo en Cuba y la paralización industrial y del transporte por falta de energía eléctrica.

Los periodistas interpretan las declaraciones de la mandataria como la no aceptación y rechazo a las presiones a que está sometido su Gobierno por parte de Trump, aun cuando no divulgó nada al respecto. «Es una decisión soberana y se tomará en el momento que sea necesario», ha dicho en más de una ocasión, en las que también recuerda la tradición histórica de las relaciones entre ambas naciones y pone como ejemplo que México fue el único país que no rompió relaciones diplomáticas ni comerciales con Cuba cuando se inició el bloqueo de Estados Unidos a la Isla hace más de 60 años, y que la tradición la continuaron todos los gobiernos, incluso aliados de Estados Unidos, derecha o ultras durante todo ese tiempo, en apego a los principios de la doctrina Estrada para las relaciones internacionales basados en la soberanía e independencia nacionales y juaristas.

Otra vez reiteró la propuesta de que su Gobierno está dispuesto a mediar en un diálogo entre Washington y La Habana si ambas partes así lo consideran. «El Gobierno de Cuba y el de Estados Unidos, pueden contar con el de México en el caso de mediación necesaria para solucionar discrepancias por la vía de conversaciones».

También la Presidenta mexicana reitera que México mantendrá los acuerdos petroleros con Cuba de manera soberana como ha hecho desde el primer momento del bloqueo. Es una actitud digna y valiente, que el pueblo cubano aprecia en momentos tan difíciles en los que ya el Gobierno de Trump no oculta bajo ningún disfraz el rencor, el odio y el desprecio que siente hacia el pueblo cubano por el simple expediente de haber resistido heroicamente todo el peso del poder imperialista, pasando enormes dificultades y sufrimientos, pero sin ceder ni un ápice su patriotismo heredado desde Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, hasta Fidel Castro.

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