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La verdad científica que se proyecta al infinito

El proyecto Equal Earth cuestiona siglos de praxis cartográfica en los que fueron ignoradas las verdaderas dimensiones del planeta

Autor:

Amado René Del Pino Estenoz

 

Entre las múltiples injusticias históricas perpetradas durante el siglo XVI —centuria en la que eclosionó el pensamiento humanista y se expandieron adelantos civilizatorios de incuestionable calado como la imprenta—, la mayoría de ellas están asociadas al proceso de conquista que subyugó a múltiples territorios colonizados que consolidaron el poderío militar, económico y tecnológico de las metrópolis europeas. Debido a este convulso entramado histórico, pertenecieron a esta misma época tanto las admirables obras renacentistas de Tomás Moro, Bartolomé de las Casas, Bernardino de Sahagún y Erasmo de Rotterdam, como las masacres y el genocidio cultural que padecieron los pueblos autóctonos avasallados.

Más allá de los reclamos de reparación histórica que se han exigido en la actualidad en diversos escenarios multilaterales —como compensación al daño infligido tanto a las comunidades indígenas y a los millones de sujetos esclavizados traídos a América desde el continente africano—, existe un reclamo secular concerniente a la representación de los continentes en materiales cartográficos conocidos como planisferios. En efecto, en 1569 el cartógrafo flamenco Gérard Mercator dio a conocer una versión del mapamundi terrestre en la que los territorios del hemisferio norte próximos al océano Ártico aparecen representados desproporcionalmente mayores a las regiones situadas sobre la línea del Ecuador. Si bien la proyección Mercator fue un referente ineludible para el desarrollo de la navegación y el comercio interoceánico, sus cuestionables dimensiones han venido reforzando las teorías eurocéntricas de superioridad.

Pese a haber transcurrido más de cuatro siglos de sus primeras copias impresas, los «errores» del planisferio Mercator han prevalecido tanto en los atlas escolares, los mapas de bolsillo y en las representaciones cartográficas que predominan en el ciberespacio. Pocas personas se habían percatado de las dimensiones inexactas de estos mapamundis, en los que Groenlandia —un territorio 14 veces menor que África— aparecía equiparado al continente africano, uno de los grandes «perdedores» de la mundialización del planeta impulsada por la acumulación originaria del capitalismo europeo, basada en la conquista y colonización.

Más que enmendar una inexactitud científica, el proyecto Equal Earth ha pretendido reivindicar la importancia geológica, cultural y demográfica de los pueblos que han transitado por procesos de descolonización. Históricamente ninguneado por cartógrafos, misioneros y conquistadores, y, más reciente, por diplomáticos e inversores extranjeros, el continente africano ha sido uno de los más firmes impulsores de Equal Earth, con vistas ha plasmar visualmente el genuino peso de los pueblos del Sur en el ámbito planetario.

Ya en febrero de 2026 la Unión Africana había adoptado la Equal Earth como la representación más fidedigna del espacio continental africano, a lo que se suma la reciente aprobación en Naciones Unidas de la resolución «Correct the map: rebalacing global cartographic» («Corregir el mapa: reequilibrio cartográfico global»), aclamada por 164 naciones, salvo el aislado cuestionamiento de Estados Unidos con su voto en contra.

Según declaró el ministro de Relaciones Exteriores de la República de Togo en el momento previo de la votación, las representaciones cartográficas están estrechamente ligadas a nuestra comprensión del mundo, por lo que cualquier acercamiento a las genuinas dimensiones del planeta nos permitirá encauzar nuestra educación, aguzar nuestra imaginación e incidir en nuestras percepciones colectivas.

Sin cuestionar los aportes de Mercator a la navegación marítima y al descubrimiento de nuevos mundos, en la actualidad contamos con representaciones cartográficas más acordes a la realidad geológica como la concebida en 1974 por el cartógrafo e historiador alemán Arno Peters. Aunque inevitablemente el planisferio Peters no reproduce con exhaustiva exactitud el globo terráqueo en un plano bidimensional, al menos se recrea las dimensiones de las grandes masas continentales sin incurrir en malsanas deformaciones con fines supremacistas.

Equal Earth se suma al esfuerzo de la inteligencia humana de no perpetuar en el imaginario geográfico, la percepción de la centralidad europea y la preeminencia del hemisferio norte. En un contexto geopolítico en el que los poderes hegemónicos «rebautizan» lugares y definen fronteras de acuerdo a sus intereses, la objetividad y la mesura en las representaciones cartográficas es un acto de justicia reivindicativa.

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