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Cuando el show no lleva premios

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Sus ojos mostraban vergüenza ajena. Bajaba la vista y abrazaba a su amigo, intentando que se calmara. Cada vez que de asiento cambiaron, lo tomaba del brazo y le instaba a quedarse tranquilo, sin molestar a los demás. Ambos muy jóvenes, pero aquel con un termo en la mano, del que emanaba el inconfundible olor a alcohol.

Irrumpieron inesperadamente en la fila de asientos donde estábamos. Buscaron una mejor posición, como muchos, cuando las luces se apagaron y la gala de los Premios Lucas 2023 iba a comenzar. Al lado del embriagado, un Premio Nacional de la Música. En el asiento de la fila delantera, un hombre con su esposa y detrás, una familia con menores incluidos. A esas alturas, su desequilibrio ya era marcado.

Fue muy molesto. No paraba de hablar en voz alta, y entre alardes y provocaciones, estiraba el brazo derecho con el recipiente lleno. Su amigo, apenado, nos miraba y hacía por controlarlo.

«Si no te portas bien, te saco de aquí por las malas», le dijo, en evidente estado de desesperación, el señor del asiento delantero. Lo llamó «puro» y le aseguró que estaría quieto. Pero no fue así.

Luego de deambular un poco se situaron detrás de nosotros, y una muchacha con su bebé en brazos fue víctima de sus pesadas bromas e invitaciones a beber. Al poco rato le venció la ebriedad y, totalmente descompuesto, vomitó y quedó medio dormido en su butaca. Dos señoras de los asientos contiguos buscaron a los oficiales de la Policía, quienes sacaron a los dos muchachos del teatro.

Basta describir lo acontecido para que usted, imaginándose en el lugar, dibuje un mohín en su rostro en señal de rechazo. Nadie quiere ser molestado por un borracho, diría. Y tiene razón.

Sin embargo, más allá de pensar en las incomodidades provocadas, me quedé el resto de la noche pensando en los instantes de vida que pierde aquel que se rinde ante el alcohol, e incluso quien le acompaña en ello, aun cuando no sucumba de la misma manera o se mantenga sobrio.

¿Qué disfrutaron esos adolescentes del espectáculo que pagaron por ver? ¿Acaso se sintieron a gusto con las reacciones propiciadas por su actuar? ¿Qué podrá contar el sujeto de la embriaguez al otro día cuando la resaca cediera? ¿Su amigo le exhortará a no ingerir más bebidas alcohólicas?

No puede ser sinónimo de diversión pasarse de tragos y protagonizar un show de este tipo. ¿Será motivo de risa para ellos lo sucedido al recordarlo al otro día?

Realmente es imposible comprender que esa sea la manera en la que algunos, cada vez más jóvenes, pretendan «pasarla bien». Si para bailar, conversar, disfrutar un espectáculo, pasear con los amigos o sencillamente sentirse a gusto es necesario beber de forma exagerada, ya es sabido entonces que el desenlace será fatal.

Seamos más conscientes y eduquemos en las consecuencias de nuestros actos a quienes, sin sensatez alguna, se lanzan a vivir el momento a como sea. Repudiemos este tipo de conductas e intentemos lograr, entre todos, que la vida se viva de manera plena y sin ataduras.

En la anécdota que refiero fue una suerte que, a la llegada de los agentes del orden, todo se resumiera a sacarlos de sus asientos y trasladarlos afuera. Pero, ¿y si el bebedor se manifiesta de manera violenta? Entonces el show de los Lucas 2023 no hubiera sido el principal de la noche y, sin dudas, no hubieran sido premiados esos «artistas».

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