Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

Rebelde en Rebelde: ¡Yo también estuve allí!

Autor:

Jorge Alberto Piñero (JAPE)

Con una mezcla de alegría y añoranza recibí la noticia de que el espacio Rebelde en Rebelde volvía a la carga. La eficaz mezcla de la prensa escrita y la radio, que tuvo lugar en los años 90, con acertada visión y derecho, tres décadas después retomaba el espacio en el mismo lugar, aunque no con la misma gente, o mejor dicho, con muchos jóvenes de otra generación y con otros retos, pero igual ímpetu y deseo de aquellos que fuimos pioneros de una legendaria vivencia.

Tengo un nombre difícil de recordar (siempre me pasa) pero puedo asegurar (si la mente no me falla) que yo también estuve allí, entre los primeros que uníamos la tarde del sábado, noche, madrugada y amanecer del siguiente día, en una sola ruta que duraba hasta el mediodía del domingo.

Guardo muy buenos recuerdos de aquella gesta en la que aprendí mucho de la radio a pesar de que mi voz no era (ni es) la más adecuada para esos menesteres. Yo me encargaba del segmento humorístico por mi vínculo con el Centro Promotor del Humor, y porque de alguna manera era el representante de «dedeté en Rebelde».

No me detendré a enumerar nombres porque todos los que allí estaban del periódico y de la radio fueron mis queridos maestros. Trabajar, más que trabajar, disfrutar de esa aventura me sirvió de aval para mi posterior paso por la FAMCA, por eso agradeceré a todos los de entonces por esta oportunidad.

Hay alguien en particular a quien siempre recuerdo con gran cariño y sincero agradecimiento. Me refiero al periodista y comentarista de la radio Ariel Larramendi —ya fallecido—, quien nos ayudó mucho en el «despegue». A él debo el mote coyuntural de «El terrorista de la Cabina» porque siempre traía un humorista que nos ponía nervioso con su propuesta. Ya saben cómo es ese tema cuando se transmite en vivo.

De las muchas veces que les puse el corazón a prueba de deportes extremos no olvido aquel domingo en que invité a Otto Ortiz y su grupo Posdata, que entonces estaban en el bum en todos los espacios teatrales. Como de costumbre, dejaban el humor para el cierre. A pocos minutos de irnos a casa yo entraba en la cabina con mis invitados. Hablábamos de algunas cosas en breve introducción y finalmente nos regalaban algún tema, preferiblemente musical, ya sea original o parodia, que se revisaba antes. Todo estaba bien, el tema hablaba de un hombre que no había sido bien dotado en cuanto a su «aparato» sexual. Todo estaba elaborado con doble sentido, y además se trataba de humor, algo que nunca entenderán muchos de los que «revisan» este género en los medios de comunicación: el humor siempre tendrá una dosis de irreverencia o crítica.

En fin, ya estábamos en los minutos finales, todos reían con el tema cuando de repente llegó el estribillo que si mal no recuerdo decía algo así: «Tengo pipi de niño. ¿Qué le puedo hacer cariño?», y por supuesto se repetía varias veces con algunas improvisaciones… De la risa pasaron a mirarse entre todos y tras el cristal el director hacía señas al transmisor de llevarse la señal del aire… y así fue, nos fuimos del aire con el pipi de niño, en un cierre inolvidable de risa y tensión.

Son gajes del oficio, dirían algunos, cosas del humor, pensarían otros y la mayoría señalaría: son cosas de Rebelde en Rebelde… por supuesto, me refiero al contexto, no al texto del estribillo.

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