Hacia este grupo —que desde sus inicios en 1959 ha buscado, por la vía de las armas, la separación del País Vasco de España— se han dirigido las miradas acusatorias, a pesar de que en marzo hizo saber su opción por el diálogo para alcanzar sus objetivos.
La congresista norteamericana de origen cubano, Ileana Ros-Lehtinen, a manera de una terrorista cualquiera se manifestó públicamente a favor de asesinar a Fidel.
El generoso emperador de este mundo quiso ofrecernos un espectáculo siniestro como regalo de fin de año. A la plebe incómoda, descontenta de su gestión universal, hizo igual que el César en la Roma antigua.
Cuando reapareció ya era hombre muerto. Lo sacaron de un escondrijo bajo tierra y nos lo mostraron en su perfecta indignidad. Era la cara de un derrotado, desaliñado y sucio, que se multiplicó súbitamente en las primeras planas de todos los periódicos, tal y como el Ejército norteamericano quería que apareciera: únicamente aquella cabeza de pelos largos y flechudos, suspendida sobre las diagonales de una cinta métrica.
Vamos a ver, ¿a quién no le gusta el lechón asado? Oiga, se necesita ser un melindroso de talla extra o un huérfano de paladar para no inclinar la glándula pituitaria y las papilas gustativas ante ese olor y sabor exclusivos e irrepetibles que despide un marrano desde la vara cuando ya está a punto de ser bajado para el convite. Y si es el pellejito así bien ampollado, crujiente y brillante de grasa... Bueno, ¡por favor!
«Solo una mujer vuelve sobre sus pasos si ha extraviado un arete», sentenció, gravemente, una mujer que la otra tarde me hizo desandar un largo trayecto, entre la muchedumbre de una fiesta popular, buscando un pendiente que se le cayó.
«Dejar de fumar. Bajar esta barriga tan antiestética. No darme un trago más. ¡Lo juro!...».
Habida cuenta de su tan reciente irrupción en la vida política y el más de un año que aún falta para el torneo electoral, quizá no sea del todo apropiado pretender desde ahora calibrar las posibilidades, o las intenciones de Fernando Lugo. Lo que llama mucho la atención es el fenómeno que él representa.
Si en una de sus tantas ocurrencias el amigo Guillermo, feliz habitante cada jueves de esta página, propusiera un concurso para escoger un animal que simbolice al amor, yo votaría por las palomas.
¿Cómo se nos (des)informa? Acabo de tener una experiencia muy concreta sobre ello.