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Desaguisado de Bolsonaro ofrece más trigo a la justicia de Bolivia

A la luz, entresijos del golpe contra Evo que no pueden ser pasados por alto

 

Autor:

Marina Menéndez Quintero

Una indiscreción de Jair Bolsonaro, o su natural jactancia y desprecio por el orden y la institucionalidad, posibilitará que los juicios a Jeanine Áñez tengan otro motivo de investigación: los vuelos que de modo ilegal habría efectuado la expresidenta de facto de Bolivia a países como Ecuador, Argentina… y el propio Brasil, durante el lapso que duró su régimen.

Su colega brasileño quiso defenderla y, obviamente, la ha hundido más. El supuesto desliz del Presidente cuando confesó que había estado «con ella una vez», y que «es una persona simpática que está presa», brindó también más trigo a las investigaciones que ya venía realizando el diario argentino Página 12, mediante las cuales se deduce el apoyo que el exmilitar brasileño ofreció a la mandataria golpista, como también lo habrían hecho en su momento Mauricio Macri desde Buenos Aires y Lenin Moreno desde Quito.

No habiéndose dado cuenta jamás de que se celebrase una reunión oficial entre ambos, se entiende que fue secreto aquel encuentro de Bolsonaro con la «simpática» mujer que, según él, solo «defendió» la democracia, así como todas las citas u operativos que se adivinan tras los reiterados vuelos —¡más de 15!— efectuados por el avión presidencial boliviano FAB–001 a Brasil, en el escaso lapso de un año.

Se presume que al menos uno de esos vuelos pudo haber llevado armas para ejecutar mejor la sangrienta represión del régimen golpista boliviano.

Página 12 cita a una de sus fuentes que estaba en La Paz, una política no identificada que fungió como alta funcionaria del gobierno de Evo Morales y ahora trabaja en el servicio exterior, quien analiza que la fecha del último vuelo a Brasilia —diciembre de 2020—, coincide con la emisión de un documento del Ministerio de Defensa de su país en que se mencionaba la necesidad de «retirar» el día 30 de ese mes, una carga de armamentos.

Además, se habla en el reportaje de mesa de encuentros entre los cancilleres de ambos gabinetes, y se presume que el exministro de Defensa de Áñez, Luis Fernando López, y el extitular de Gobierno, Arturo Murillo, ambos con fuerte implicación en el golpe y prófugos de la justicia, habrían escapado del juicio que pronto se abrirá, pasando a través de la larga frontera común de más de tres mil kilómetros hacia Brasil, donde tendrían abrigo ahora mismo.

Los hechos a los que acaba de dar paso el ¿desaguisado? bolsonarista han provocado casi un escándalo y no podían ser pasados por alto por las autoridades judiciales, que por voz del fiscal general Juan Lanchipa, han dado cuenta de que las investigaciones en torno a Áñez comprendidas en el proceso Golpe de Estado II —uno de los dos presentados en su contra—, también indagarán los inculpatorios vuelos irregulares que la señora Jeanine habría realizado a Brasil, así como a Ecuador y Argentina.

En opinión de la exfuncionaria de Morales citada por Página 12, las declaraciones de Bolsonaro «constituyen otra prueba de que el Gobierno de Evo fue atacado por una conspiración internacional».

Ello resulta relevante, también, porque, como exigió Evo mediante un mensaje en Twitter, es hora de que terminen las conspiraciones y los golpes de Estado alentados por Washington en América Latina.

Además, la dilación en el inicio del juicio a Áñez y otros nueve implicados en el golpe, ha dejado ver que los peligros sobre la estabilidad boliviana no han cesado.

Escudada tras el rostro de los llamados comités cívicos que aupó el golpismo y que se coludieron con los militares en la represión contra los seguidores del MAS y, en definitiva, contra el pueblo indígena, han demostrado su afán por instaurar el desorden en el país, tras la mampara de su presunta defensa de los implicados en la asonada que incluye a sus propios dirigentes.

El ejercicio de la justicia sobre los responsables bolivianos es requisito esencial para que los hechos no se repitan. Pero también es menester denunciar, al menos, a quienes como Bolsonaro se complotaron con los criminales y ayudaron a prender la candela desde afuera.

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