Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El reto que no espera

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Se sabe las letras de todas las canciones de Karol G, se mira frente al espejo mientras intenta bailar como Shakira y quiere que le compren unos zapatos como los de Lady Gaga. Por suerte, reconoce las melodías de Enid Rosales y aún localiza en YouTube videos de animados infantiles, aunque en muchos casos son de factura internacional.

¿Es normal? Claro, lo es. Difícil sería encontrar a una niña de ocho años ajena a lo que sucede en el mundo, teniendo en cuenta que sus amiguitos y sus familiares hablan y comparten imágenes desde sus celulares. ¿Solo consumirá productos cubanos destinados a los infantes? Seríamos ingenuos si pensáramos que aislarla en una burbuja evitaría su contacto con el mundo exterior.

Los tiempos han cambiado, y aunque la anécdota puede parecer muy simple, tan solo pretendo referir lo que sucede a diario en nuestro entorno, pues no podemos quedar impasibles a lo que desde más allá de nuestras fronteras nos llega.

Si la madre de la pequeña solo ve los programas que le prestan del «paquete» y su hermana mayor solo canta en inglés, ¿qué podemos esperar? Cuando tenga 20 años, sus referentes culturales no serán mayoritariamente cubanos.

¿Globalización? ¿Colonización cultural? Obviamente. Por eso me preocupé tanto cuando en la Comisión de música, que sesionó durante el 4to. Congreso de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), un joven DJ expresó que para Cuba no es un peligro la colonización cultural, y la manera de argumentar su criterio fue recordándonos que el afamado productor estadounidense Quincy Jones tiene bajo su mentoría a un músico cubano.

Me detengo. Que el talentoso pianista y compositor Alfredo Rodríguez cuente con ese mecenazgo y haya desarrollado una exitosa carrera en escenarios internacionales, como tantos otros cubanos, no significa que en nuestro país no aceptemos que el fenómeno ya está aquí, y no tocando la puerta, sino dentro. Ello solo refleja la cantera inagotable de virtuosos artistas cubanos, muchos de ellos egresados de centros de nuestra enseñanza artística, que pueden «comerse el mundo» sin temor.

Sin embargo, la preocupación en torno a la fuerza que puede cobrar la colonización cultural en Cuba ya ha sido objeto de análisis en múltiples ocasiones. Recuerdo al presidente de Casa de las Américas, Abel Prieto Jiménez, durante su intervención en el Congreso Internacional Pedagogía 2023, cuando se refirió al crecimiento inquietante en la reproducción de patrones foráneos en el país.

Comentó, en aquel momento, que un ejemplo fehaciente era la aparición en una plaza pública holguinera de unos jóvenes disfrazados con capuchas del Ku Klux Klan en octubre de 2022. Suceso que, por cierto, tuvo una réplica en la fiesta de Halloween del pasado año en el centro habanero Maxim Rock… y aquí vemos otro ejemplo del tema que nos ocupa: celebrar una fecha con motivaciones extranjeras.

Instó a desarrollar un pensamiento crítico y de resistencia cultural como principal alternativa, como lo hiciera Fidel en 1998, entre tantas ocasiones, cuando dijo que la globalización cultural era «el más importante de todos los temas, la más grande amenaza a la cultura, no solo a la nuestra, sino a la del mundo… el más poderoso instrumento de dominación del imperialismo».

Así lo reafirmó también en la jornada final del 4to. Congreso de la AHS el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, cuando exhortó a los presentes a resistir y que lo mejor para ello es discernir entre lo que enaltece y lo que nada aporta, e invitaba a todos a aportar creadoramente para desarrollar una embestida contra la colonización cultural que nos tratan de imponer.

Sembrar ideas, sembrar conciencia, es el programa que se desarrolla en el país para enfrentar la colonización cultural, fenómeno que no podemos subestimar y menos ignorar. Un blog con el mismo nombre socializa textos que nos conducen a la reflexión en torno al tema para, desde una ciudadanía participativa, salvaguardar la soberanía e identidad nuestras.

Desde nuestros hogares y a tempranas edades podemos velar porque no sean los referentes extranjeros los que ganen la atención familiar y se conviertan en paradigmas pese a que las propuestas de los medios no siempre son coherentes con lo deseado. Supervisemos lo que buscan en internet nuestros infantes y jóvenes y estemos atentos a sus conversaciones, formas de vestir, lecturas, álbumes guardados en sus celulares y comportamientos.

¿Que nos corresponde pensar nuestras ideas con mayores atractivos visuales y sonoros? Por supuesto. ¿Que debemos percatarnos de que un adolescente consumirá mejor aquellos programas hechos a su medida, según sus inquietudes? Obviamente. Ahí está el reto. Para los guionistas, los periodistas, los escritores, los asesores, los directivos, los directores, los productores, los editores, los fotógrafos… para todos los que gestamos proyectos y no siempre estudiamos las audiencias antes. Asumámoslo.

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