Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

La Venezuela real

Autor:

Raciel Guanche Ledesma

 

Recuerdo que hace tres años, cuando visité por vez primera Caracas, unos amigos me comentaron temerosos e insistentes antes de subir al avión que «allí la gente se guardaba a las seis de la tarde», que después de esa hora la vida de la ciudad moría. Tal vez lo comentaron por el momento particular que transitaba Venezuela, envuelta por ese tiempo en una tensa situación socioeconómica agudizada por las sanciones estadounidenses. 

Lo curioso de aquella afirmación era que venía de dos personas que nunca habían visitado la capital de la hermana nación. Fue un consejo bien intencionado, ciertamente, pero que llegaba con los sesgos de ese aroma mediático construido sobre la base de estigmas. Cuando estuve en la otra Venezuela (diferente a la que se difama), comprendí cuánto de ficción tienen tantos números, historias y argumentos en los círculos digitales.

Asumo que ni el tiempo ni la verdad han podido cambiar del todo las percepciones erróneas, indiscutiblemente influidas por matrices con las que buscan imponer una realidad alternativa. Subestiman una vida contrastante a la que muestran en los principales medios. Hace unos años encontré una Caracas diferente, vívida, reluciente. Es lo que suele suceder cuando caen al suelo las máscaras del surrealismo digital.

Los ciclos de la posverdad, por mucho que se enfrasquen en imponerlos, duran poco... La hermana República Bolivariana carga con dos relatos: el virtual y el real, pero solo el segundo se impone en sus calles de aura alegre y diversa. 

Hace algunos días, de nuevo volvieron a alertarme sobre Venezuela: «Aquello está duro... Un país en guerra». Y sí, la única verdad que ahora he encontrado en los alrededores de esta tierra es a una nación más fortalecida a la que descubrí en 2022. 

La paz entre los cerros de Caracas, donde habita una ciudad de alma transformadora e inquieta, se respira a diario. No exagero ni un ápice en esta afirmación. La vida sigue su curso en este país-continente, con la naturalidad de los que nunca asumen la difamación como suya, de los que no se dejan provocar por las guerras sicológicas.

Este miércoles tarde en la noche, por ejemplo, en plena avenida de los Próceres, una de las principales arterias y más coloridas del distrito capital, había niños jugando, jóvenes practicando deportes, espacios recreativos y muchas sonrisas. ¿Qué país en guerra puede celebrar la paz con tanta ecuanimidad y alegría? 

Venezuela le ha hecho la contraofensiva ideal al juego sucio, a la mentira. Y quienes propagan todo tipo de guerra lo saben bien. Mientras los cañones más modernos apuntan desde el mar Caribe a esta tierra, los tiros, como decimos en buen cubano, les siguen saliendo por la culata.

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