Inquieren por la estimulación

Lucía Marrero Fernández me escribe en nombre de los trabajadores de la Unidad Básica de Servicios Generales de la Empresa Azucarera Antonio Guiteras, en Delicias, Puerto Padre, provincia de Las Tunas. Y lo hace en su condición de secretaria general de la sección sindical de ese centro.

Refiere la remitente que el objeto social de ese colectivo, integrado por 148 trabajadores, es la atención al hombre que está laborando directamente en la producción de azúcar. Ellos garantizan el desayuno, merienda, almuerzo y comida imprescindibles para que los de la primera línea cumplan con el país. Y no por ello son menos importantes.

Y se cuestiona por qué si, pese a las dificultades en recursos, han brindado un servicio eficiente, no les pagan también a ellos la estimulación en divisa o en pesos, al igual que a los obreros directamente vinculados a la producción, pero sí les penalizan el salario cuando la empresa incumple.

Lucía comprende que a los indirectos no le deben pagar el mismo por ciento que a los de producción, pero considera que al menos debe activarse esa palanca del estímulo salarial en frente tan importante de la retaguardia.

Precisa ella que han canalizado esta inquietud por distintas vías e instancias del movimiento sindical, pero no han quedado satisfechos, pues en ciertos casos no han recibido ni respuesta.

La segunda misiva la envía el doctor Ricardo Zulueta Dumbar, de calle 114 número 4308, apartamento 2, entre 43 y 45, en Marianao, Ciudad de La Habana, para denunciar lo que califica como «un agravio».

Zulueta, quien es cooperante en la hermana República de Venezuela, cuenta que el pasado 23 de septiembre viajó en el vuelo de Cubana La Habana-Gerona CU704, de las 23:00 p.m. Y cuál no sería su sorpresa cuando al llegar al centro donde imparte docencia, la escuela Clara Zetkin, de la Isla de la Juventud, abrió su maleta y descubrió que de un pequeño maletín que iba dentro de la misma, le habían sustraído 400 pesos y 25 dólares.

Señala el doctor que comentó el suceso con sus compañeros, y le refirieron que no debía traer dinero en las maletas, y que a los maletines había que ponerles candado, porque si no, los abrían. «Pienso que desde que yo hago entrega de mi equipaje por razones aduanales, tiene que existir total garantía de la seguridad de los bienes que allí son portados... debe existir la absoluta confianza de que mis pertenencias estarán a salvo fuera de mi vista. Esto no es más que un vulgar robo», sentencia Zulueta.

En lugar del doctor Zulueta, este redactor hubiera portado el dinero personalmente, para mayor seguridad. En todo caso, al momento de arribar al aeropuerto de Gerona y recibir los equipajes, hubiera comprobado la permanencia del dinero. Pero la ausencia de esas medidas preventivas no justifica que nadie perpetre tal fechoría, y con su proceder ensombrezca la imagen de muchos trabajadores honrados que manipulan esos equipajes, y la de la entidad de aviación.

¿Qué responde al respecto la empresa aludida?

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