El oficio de la paciencia

Desde Colón, en la provincia de Matanzas, me escriben dos madres sumamente disgustadas: Lourdes Oquendo Reyes, vecina de Máximo Gómez 91, entre Alberto Nodarse y Víctor Torres; y Amparo Cárdenas, de Agramonte 283, entre Narciso López y López Coloma.

Ellas hablan también en nombre de Didalys Sánchez, de la finca Ponina número 7, en la localidad de Banaguises de ese municipio. Y cuentan que sus respectivos hijos comenzaron sus estudios en una escuela de oficios de Colón en el curso 2004-2005. Durante su séptimo y octavo grados, los muchachos estuvieron aprendiendo allí el oficio de panaderos y dulceros. Y nunca hubo queja de ellos ni en la escuela ni en la empresa donde hacían sus prácticas.

Pero al mes de iniciado el noveno grado, los estudiantes fueron sacados de los centros de producción donde aprendían sus oficios, porque la Empresa Municipal de Alimentos se niega a acogerlos.

Y las razones son que, según la Resolución No. 8 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, no podían tener en el centro a menores de 18 años, pues allí se labora con corriente de 220 para los hornos. El segundo motivo es que «los estudiantes no tenían doce grado y, como si fuera poco, plantean que en estas escuelas se forman estudiantes con problemas mentales y de mala conducta social». El tercer argumento es que «la empresa no puede garantizar la ubicación laboral una vez que los estudiantes concluyan sus estudios».

Además, no existe actualmente convenio entre la escuela de oficios y la empresa, porque esta última se niega a renovarlo, debido a las razones antes mencionadas. Y los perjudicados, arguyen las madres, «son tres adolescentes que hoy se encuentran desvinculados del sistema de enseñanza diseñado para ellos».

Tanto la escuela de oficios como la Dirección Municipal de Trabajo son partidarias del desarrollo de estos muchachos, y la empresa «se mantiene firme en su decisión de no acoger a estos estudiantes», denuncian las remitentes. «Y mientras estas entidades no llegan a un acuerdo a siete meses de iniciado el curso, nuestros tres muchachos siguen esperando en sus casas...».

Las madres sostienen que las escuelas de oficios se crearon para ofrecerles oportunidades de aprendizaje, y de preparación para la vida laboral, a adolescentes con niveles de rendimiento inferiores a la media, que tengan problemas sociales o de otra índole; pero nunca para marginarlos, porque no son muchachos con retraso mental ni antisociales. «¿Cómo se transmitirá este oficio a las futuras generaciones? ¿Por qué no se les tiende la mano? ¿Por qué después de dos años de haber comenzado el aprendizaje la empresa se percata de que no puede ubicarlos, contradiciendo el planteamiento de la Dirección de Trabajo de que hay necesidad de panaderos en el municipio? ¿Por qué la Empresa de Alimentos de este municipio es la única de toda la provincia que se niega a acoger a estos estudiantes?, cuestionan las madres.

Similar incertidumbre de madre refleja la segunda misiva, que envía Modesta González Zúñiga, de calle 16 número 6, en el reparto La Estrella de Amancio Rodríguez, provincia de Las Tunas.

Refiere Modesta que en febrero pasado su hijo de 18 años se graduó como técnico de nivel medio en Comercio, en el Instituto Politécnico Juan Manuel Ameijeiras, de ese territorio.

Mas, para asombro del ilusionado joven, cuando fue a Comercio «le dijeron que tenía que esperar, porque no se había hecho el convenio entre la empresa y la Dirección de Trabajo. El muchacho se ha mantenido llamando a ambas partes, y le reiteran lo mismo.

«Lo malo de todo esto es que el tiempo sigue pasando, manifiesta la madre, y ya lleva tres meses desvinculado. ¿Acaso no se hace una planificación de la fuerza laboral de conjunto con Educación cuando se otorgan las plazas para estudiar? ¿Cómo puede suceder esto cuando nuestro país está luchando para que nuestra juventud estudie o trabaje.

Ambas historias requieren de un esclarecimiento por parte de las autoridades pertinentes. Si hay una sociedad en el mundo que ha defendido y demostrado que el estudio no depara una frustración al final, esa ha sido la cubana. ¿Por qué entonces esas desarticulaciones?

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