Es la norma, dice Cubana

El 2 de octubre reseñé la queja de Héctor Machado, colaborador de la Misión Médica en Venezuela; quien, al venir a Cuba de vacaciones el 17 de septiembre por la terminal 5 del Aeropuerto Internacional José Martí, comprobó que al televisor de plasma que traía y al de una compañera se les había roto la pantalla. La representante de Cubana de Aviación dijo que debían esperar: si reponerlos con equipos similares, o devolverles lo que cuesta en la tienda. Al final, la jefa de Equipajes Extraviados les indicó que se les pagarían según el peso, a 20 CUC el kilogramo.

Indignado, Héctor decía: «El importe que pretenden pagar no equivale ni a la cuarta parte de lo que cuesta el equipo en nuestro país», y hablaba de los sacrificios y el esfuerzo que implicaban esos bienes. Yo solo nombré la historia como «una tragedia»; y afirmé que tampoco estaría de acuerdo con ese tipo de indemnización.

Responde Manuel López Bello, presidente de Cubana de Aviación, que no difiere el tratamiento al equipaje que se extravía de un pasajero a otro, ni la atención que se brinda cuando ha recibido daños de cualquier tipo. Y afirma que «todas las aerolíneas miembros de la IATA (Asociación Internacional de Transportistas Aéreos) nos regimos por el mismo concepto de indemnización: por el peso declarado por el pasajero en el momento de hacer sus maletas, el cual se registra por las pesas que a tales fines existen en los aeropuertos de todos los países». Agrega que las disposiciones sobre equipaje de Cubana son iguales a las del resto de las aerolíneas, y son parte de los Convenios para el Transporte Internacional, firmados por todos los Estados.

Hemos comprobado, dice, que la atención a la reclamación de Machado fue en todo momento correcta, y respetando en cada paso sus derechos como usuario de nuestros servicios.

Desmiente López Bello lo de tragedia, «como refiere el periodista de forma grandilocuente». Y acota que ante la molestia de Héctor, se le sugirió la vía para tramitarla, por medio de los presidentes de Cubana de Aviación y del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba.

Apunta que «aunque el pasajero se siente lesionado por el poco valor que, desde su óptica, Cubana ha concedido a su equipaje extraviado, en las Condiciones del Contrato que se establece al momento de comprar el boleto aéreo, el acápite 7 recoge lo relacionado con la transportación de equipaje, y se avisa de la limitación de aceptación de este, así como los valores a pagar ante la pérdida o extravío de alguno».

Aclara que ninguna aerolínea contempla la devolución de artículos, sino un valor prefijado de 20 USD por cada kilogramo de peso despachado y declarado en el mostrador, el cual se registra en la etiqueta entregada al pasajero. Y dice que no hay en los aviones zona para equipaje frágil, pues este se transporta debidamente protegido con maderas o huacales, porque sufre un largo proceso de manipulación.

Refiere que «no es práctica tampoco que los pasajeros consideren dentro de su equipaje artículos que no sean maletas o maletines, pues para eso existe la transportación de carga», conocida por los colaboradores.

Acota que JR, a través de este redactor, «ha publicado una noticia parcializada, que involucra a una institución cubana querida por el pueblo a lo largo de sus 83 años de existencia… Decimos parcializada ante lo manifestado por el propio periodista, cuando afirma: “Este redactor tampoco lo estaría”.

«No puede permitirse el lujo de ser superficial un periodista de Juventud Rebelde —sentencia—, y a no investigar las dos partes de la noticia», la cual, según López Bello, «ha provocado inclusive, a través de un blog en la página web del diario, que personas sin escrúpulos propaguen opiniones insultantes y oportunistas sobre un colectivo de trabajadores que tienen un alto sentido de pertenencia: honestos y profesionales, hacen gran esfuerzo por mantener la imagen de la aerolínea bandera de Cuba».

Agradezco a López Bello su valiosa información sobre la norma internacional de indemnización y otros aspectos de la carga aérea. Es lo legal, y habrá que respetarlo. Pero Héctor, que no es un turista ni un pasajero común, tiene derecho a opinar sobre esa disposición. Este periodista también; así como a calificar de «tragedia» lo que le sucedió a un colaborador cubano. Bastante sacrificio hay detrás de ese plasma averiado, que ya no podrá recuperar.

Lo publicado no es una noticia, técnicamente hablando, aunque podría convertirse en ello. Este tampoco es un espacio de periodismo investigativo. Es una ágil sección de cartas, que acoge democráticamente las quejas, y opiniones del pueblo, de muchos como Héctor que con sus esfuerzos sostienen a Cuba, al igual que los trabajadores de Cubana, por quienes siento gran respeto como para ser superficial.

Así como Cubana tiene sus normas, la de JR es publicar la queja del lector, sin consultar a la entidad. Sería imposible para una sección diaria, que se mueve con la vida, crear trabazones burocráticas. Bastantes hay como para atascarnos en ellas. Luego de publicada la queja, hacemos lo mismo con la respuesta de la institución, nos agrade y satisfaga o no, como obramos hoy.

Lo que López Bello califica de blog en la página web de JR, son los comentarios de los lectores que acceden a nuestra variante digital, cumpliendo la línea partidista y revolucionaria de aceptar el debate y la discrepancia.

Este redactor no siempre comparte todos los criterios. Puede que alguno se exceda. Pero esa es también una política del diario, arrimada al estilo interactivo del periodismo de hoy, también con límites éticos impuestos por nuestra dirección.

Lo lamentable es que en esos foros de opinión, nunca aparece un vocero institucional para esclarecer, desmentir o explicar a los internautas. De hacerlo, allí podrían percibir cómo ven algunos ciudadanos —ya adentro o fuera del país— las políticas y gestiones de esos organismos.

En lo que sí comulgo totalmente con López Bello, es cuando expresa: «No podemos terminar sin antes lamentar profundamente que este pasajero nuestro haya sufrido la pérdida de un artículo que traía alegría a su familia, y que este haya empañado de esta forma su estancia en Cuba». Precisamente por ese pesar reflejamos la historia de Héctor. Esta es una columna de altura, por el bien y el mejoramiento del país, que no se enzarza en estériles rencillas.

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