La joven Bárbara Marrero, a sus 26 años de edad, ha entrado varias veces al interior de la caldera. Autor: Hugo García Publicado: 07/03/2026 | 11:27 pm
MATANZAS.— Quizá muchas personas, tal vez por desconocimiento, no comprendan a ciencia cierta los sacrificios, esfuerzos y peligros que se corren para garantizar hoy la generación eléctrica. Al interior de la central termoeléctrica Antonio Guiteras esos elementos parecen obviarse; todos mantienen por estos días un ajetreo constante en plena faena para devolverle la vitalidad al mayor bloque térmico del país.
Basta echar una mirada alrededor de la caldera u otros espacios definitorios de la central, para percatarse de que existen muchos riesgos, en medio de las labores que se ejecutan. Sin embargo, entre quienes le ponen el pecho a la situación, se encuentra un grupo de jóvenes valiosos, de probada actitud ante los desafíos de estos tiempos.
La elección por la Guiteras
La ingeniera industrial Bárbara Marrero Otero, especialista A en Explotación a centrales eléctricas, quien, con solo 26 años de edad, eligió la Guiteras en el proceso de ubicación tras concluir en la universidad. Fue una opción deseada, no obligada.
Bárbara bien pudiera estar haciendo historia en la Guitera, pues resulta que ella es la primera operadora de central eléctrica en Matanzas. Pertenece al bloque de producción y lleva los parámetros de la caldera y la turbina.

«Ayer mismo entré a la caldera», nos dice con la mayor naturalidad del mundo. Y es que a ese sitio ha entrado «infinidad de veces», como parte de los procesos de mantenimiento para diagnosticar, en este caso, las ponchadoras de los intercambiadores, que es una de las averías más comunes.
«Entré al intercambiador que más alto queda; allí te introduces por un registro pequeño y caminas por los serpentines que lo conforman. Es un lugar alto, ancho y largo, bastante oscuro, tienes que ir preparada con tu linterna. Esta vez realizamos la inspección visual, tiramos fotos, y las pruebas siempre incluyen otros parámetros», asegura.
Al indagar cómo maneja los miedos en esa arriesgada labor, recuerda la primera vez que se vio dentro de la caldera. «Fue un reto, ciertamente, con un poco de temor, pensando que lo común es que esta actividad la realicen hombres. Pero lo he ido afrontando con naturalidad y responsabilidad», comenta.

Lógicamente, plantea, a la caldera no vamos a ciegas, siempre hay tendencias, y llegamos al lugar que más fallo presenta para formarnos una idea de dónde debemos buscar. «Generalmente, apunta, los fallos ocurren más en el recalentador de alta temperatura.
«En esta última incursión debimos entrar a un lugar muy estrecho, solo lo podía hacer alguien pequeña y flaquita como yo, para acceder, colocar la mano y saber si ahí estaba la avería. Eso es complejo», aclara.
Tan difícil resulta que, como comenta Bárbara, se trata de exámenes visuales y auditivos, porque se introduce aire a presión por dentro de los tubos y entonces escuchas el silbido o ves el cambio de coloración.
«De verdad que no es un lugar para jugar a las casitas, porque hacemos pruebas hidráulicas y neumáticas, y se ha dado el caso de que piensas que puedes terminar la jornada tras varios días de trabajo, y luego te encuentras con un salidero; o que, cuando se hace la prueba para rectificar que todo está bien, se detecta una avería en otro lugar».
Otra casa
Valentía y pericia, responsabilidad y compromiso, son cualidades que caracterizan a los pinos nuevos de estos tiempos que están en la primera línea de los trabajos que se acometen en la CTE Guiteras.
Ejemplo de esa entrega es también el ingeniero mecánico Briam Yamel Brau Hernández, que labora en la UEB de Mantenimiento. Su tarea actualmente está relacionada con la inspección de las más de 700 válvulas que existen en la CTE. «Resulta una misión compleja, sobre todo por las horas e importancia de ese meticuloso trabajo».

Para muchos la Guiteras es su segunda casa, parte de su hogar. Lo confiesa con orgullo Yariel Torrens Aldama, quien, a sus 30 años de edad, ya ha pasado 12 trabajando en la unidad matancera.
Como especialista en explotación de centrales eléctricas, comenta que «las jornadas de trabajo pueden llegar a ser de 12 horas diarias, lo que conlleva mucho sacrificio. No hay días feriados ni cumpleaños», confiesa entre risas.

Lo importante en la CTE hoy, asegura, es actuar con celeridad, en cuestión de segundos. «Operamos con todas las máquinas grandes de la termoeléctrica, por lo que también existen riesgos y no debemos dar márgenes a los fallos». Sin embargo, expresa con naturalidad que eso es lo que le gusta hacer. «Nunca he pensado irme de la CTE», agrega.
Abel Díaz Pérez, a sus 24 años de edad, es el técnico en Mantenimiento Industrial que atiende todo lo relacionado con la lubricación en el taller mecánico. Lleva seis años en la CTE y sostiene que, con el tiempo, en esa empresa se crea un sentido de pertenencia, porque considera que trabajar ahí es un compromiso.
«Entramos a una hora determinada, pero no se sabe la hora de salida», subraya este joven, que vela por la lubricación de áreas complejas como la caldera y la turbina.
Su motivación a lo largo del tiempo ha sido su padre Yosvany Díaz, según cuenta. Dice que, desde que tiene uso de razón, ya conocía del empeño de él en la planta de maquinado.
Con ese ejemplo que le llega de cerca, este joven ha pensado en cómo seguirse superando día a día. Tanto es así que, a la par de llevar su función en la CTE, también estudia 4to. año de Licenciatura en Derecho en la Universidad de Matanzas.
Otra suerte ha corrido el ingeniero en Automática Elián González Medina, especialista B técnico en Automatización. Allí, entre equipos de medición de todas las variables: como presión, nivel, temperatura o flujos, atiende todo lo que tiene que ver con la instrumentación de la planta.

«Directamente velo por el funcionamiento programable de la planta. En la actualidad todos los procesos son automáticos y tienen que pasar por nuestras manos», agrega.
Cuando me gradué en la Cujae tomé la decisión de venir aquí, porque sabía que en la industria el mejor proceso y más complejo para un ingeniero en Automática es la producción térmica, que incluye varios sistemas incorporados como mecánicos, automáticos, eléctricos o químicos. «Este era el mejor lugar donde podía desempeñar lo que estudié», reitera.
«Desde que llegan los jóvenes graduados, asegura el Doctor en Ciencias Román Pérez Castañeda, director técnico de la CTE, les exigimos a los muchachos que apliquen lo que han aprendido. Ellos son una fuerza decisiva hoy, no solo para reparar cada avería que se nos presente —como la actual—, sino para continuar brindando en tiempos desafiantes un mejor servicio».
