Depredadores

Lo alerta Jorge L. Muñoz, desde Zapotes No. 157, Santos Suárez, La Habana. Es una gradual invasión que va ganando espacio en nuestras vidas: la de los depredadores.

«Invaden nuestro descanso, la casa, el sueño, el ómnibus, la cola, el parque, el mar, la arena, la playa. No hay límite para molestar, ni para cometer actos vandálicos, no solo contra lo individual, sino también contra la propiedad social. Lo mismo contra un teléfono, que un banco del parque, o un asiento de ómnibus. Incluso contra las mucuritas de concreto que reflejan el nombre de las calles.

«Lo doloroso, la impunidad de estos elementos en la ejecución de estas acciones es total y absoluta. No son detenidos, ni reprimidos en modo alguno. Por lo menos esta es la imagen que tengo, y ejemplos sobran para demostrarlo.

«Ahora que estamos enfrascados en preservar y perfeccionar nuestro socialismo, hay que librar una dura batalla contra esos depredadores.

«Considero que a cada cual lo que le corresponde, esta es una batalla “de todo el pueblo”, en el rescate de principios éticos y morales en nuestra sociedad, la que no era perfecta, pero se caracterizó durante muchos años por la garantía de la tranquilidad ciudadana.

«Indudablemente, nuestra sociedad es más segura, si la comparamos con la situación de violencia que existe en muchos países, pero pudiera llegar a perderse si no se rescatan a tiempo los valores que siempre nos caracterizaron.

«Pienso que recuperar la economía es mucho más fácil que recuperar los valores perdidos».

Gratitud en medio del dolor

Detrás de los sucesos de un accidente de tránsito, en Cuba se despliega una espontánea ola de solidaridad con las víctimas y sus familiares, que pocas veces se refleja públicamente.

Por eso hoy Isabel Riballo escribe desde Ignacio Agramonte No. 156-C, entre 5ta. y Aserradero, en el reparto Zambrana, de la ciudad de Camagüey; para manifestar la gratitud y el reconocimiento a quienes auxiliaron el pasado 2 de marzo a los viajeros que resultaron lesionados del ómnibus Camagüey-Matanzas que colapsó en la provincia de Villa Clara.

En especial, Isabel agradece las atenciones del hospital provincial Arnaldo Milián Castro, de Santa Clara, y a los trabajadores de Ómnibus Nacionales (antiguamente Astro) en ese territorio.

«A pesar de la tragedia y el dolor que sentimos por la pérdida de un miembro de la familia —señala—, queremos reconocer y agradecer el apoyo, la preocupación, la dedicación brindados a todos, principalmente por los trabajadores de Astro, que día a día llegaban a ver a los accidentados y familiares; a los trabajadores del hotelito de Astro, que nos brindaron una esmerada atención».

Isabel reconoce también la sensibilidad y desvelos de la dirección del Hospital

Provincial; y la cooperación de las distintas terminales interprovinciales de Santa Clara, Camagüey, Matanzas, La Habana y Santiago de Cuba, que facilitaron inmediatamente el traslado de los familiares de los accidentados hacia Santa Clara.

Este redactor no puede menos que honrar la grandeza y el sentido de gratitud de Isabel, en medio de su pena. Como ella, soy de los que distinguen siempre la sensibilidad del cubano ante tragedias súbitas como esta. Es como si lo mejor de cada quien brotara ante el dolor ajeno.

Si somos tan solidarios para las situaciones extremas e imprevisibles, hace mucha falta que esa condición de darnos sin pensarlo mucho, se pueda plasmar en las monótonas rutinas de la vida cotidiana. Damos hasta la vida por el otro, pero después, se la complicamos y abrumamos con mil zancadillas y parapetos.

La gente debía siempre reaccionar como si estuviera permanentemente en un cuerpo de guardia de la condición humana…

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