Los costos electorales en Estados Unidos

Mucho está en juego, desde la legalización o no de la marihuana hasta la energía solar, y al final, lo que puede pasar en las presidenciales de 2012. Se trata de los comicios de mitad de período en EE.UU., donde se eligen una tercera parte (37) de los escaños del Senado, los 435 miembros de la Cámara de Representantes, 37 gobernadores de estados, 18 alcaldes de ciudades bien importantes de la nación, además de cientos de funcionarios de todo tipo, entre jueces, fiscales, presidentes de juntas de educación, tesoreros y más.

Y ocurre justo cuando la administración está en medio de su mandato, por lo que en la mayoría de los casos lo sucedido este martes 2 de noviembre se ve como un pronóstico para las próximas, cuando esté en juego si el actual mandatario, Barack Obama, continúe o tenga que tomar las de Villadiego.

Los resultados en las urnas fueron otra vez un éxito de la abstención, apatía que crece en EE.UU. hacia un proceso presentado como modelo de democracia para el mundo, pero al parecer venido a menos y con descrédito de más.

Este miércoles se sabrá con exactitud cuánto ganaron los republicanos y perdieron los demócratas, tal y como vaticinaban las encuestas, pues aspiraban a lograr 40 escaños más y tener mayoría amplia en la Cámara; también el avance o no de los candidatos de la derecha de la derecha, los neoconservadores del Tea Party, y de los ultras anticubanos de Miami…

Una Presidencia que no ha producido los cambios prometidos y una economía tambaleante para el norteamericano común, agobiado por la alta tasa de desempleo, parece haber sido el mejor aliado de los republicanos en busca de quitarles el control a los demócratas, que hasta ahora tenían a su favor 255 asientos contra 178, mientras dos estaban vacantes. Si lograran esa mayoría pondrían a Obama en la difícil posición de «gobierno dividido» entre el poder legislativo y el ejecutivo y, por tanto, mucho que negociar en los pasillos del Capitolio de Washington para lograr cualquier aprobación de ley…

Cuando se cerraba esta edición todavía se contaban los votos, pero sí era seguro que estas fueron las elecciones de medio período más costosas en la historia estadounidense, y también las de publicidad  más agresiva, con anuncios bien dispuestos a denigrar al contrario.

Según el Center for Responsive Politics (Centro para una Política Responsable) en esta campaña se gastaron 4 000 millones de dólares, superando en mil millones lo gastado en 2006, e incluso sobrepasa los 3 100 millones de dólares de las campañas presidenciales en el año 2000, aumento que la directora ejecutiva de la organización, Sheila Krumhols, tildó de «despampanante», término no muy ortodoxo, pero sí elocuente.

Los republicanos echaron la casa por la ventana e invirtieron el doble que los demócratas de Obama, y en la publicidad en los medios de comunicación también el despilfarro fue en grande, porque además la Corte Suprema de Justicia permitió donaciones sin límites y sin que hubiese necesidad de revelar quiénes aportaban los dineros, y esto desbocó a la caballería en combate.

En la balanza están más que nunca la reforma de la salud, los gastos en programas sociales, la supuesta retirada de las guerras, los gastos militares en continuo aumento, la privatización de la seguridad social, la eliminación del Departamento de Educación, la continuidad de las reducciones de los impuestos para los más poderosos, y el impreciso camino de la economía y del imperio…

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