Juventud Rebelde

Los que soñamos por la oreja

La tecnología favorece distribución de rock por cuenta propia en Cuba

Las llamadas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TIC) brindan posibilidades nunca antes pensadas de grabar, escuchar y producir nuevos sonidos y músicas. Estas experiencias sonoras son el resultado de un acceso y disponibilidad tecnológicos no predecibles hace solo unos años, y de unas condiciones mediáticas gestadas en las dos pasadas décadas, cuyas consecuencias aún se desconocen. La sociedad de la información y la explosión informática han permitido el desarrollo de un esquema de consumo de mensajes, que convierte al habitante de una cibercomunidad en un ser democráticamente participativo y respetuoso de las escenas emergentes.

De tales escenas que hoy florecen en Cuba de manera independiente, al margen de los señalamientos que en ocasiones le he formulado, no cabe duda de que entre nosotros una de las más dinámicas es la del rock. Por encima de lo que distancia a los representantes de cada una de las tendencias existentes, todos comparten una sensibilidad en la que el enfoque aportado por las zonas de alta tecnología en cuanto al principio descentralizado de «hágaselo usted mismo respecto a la producción», ha introducido una nueva dinámica en el panorama cultural cubano. De ahí el creciente movimiento de fanzines y webzines, así como la cada vez mayor circulación de demos y CDs grabados y distribuidos por cuenta propia.

Entre los muchos fonogramas así realizados, hoy quiero hablar de algunos de los que me han llegado en meses recientes. El primero al que me referiré es uno que ya tiene algún tiempo de haber sido puesto en circulación. Se trata de Left the pain, material de los artemiseños de Chlover y que da cuenta de una propuesta muy metalera, donde la banda emplea el «spanglish» para los textos de las piezas. Además de la fuerza y empaste que se percibe en la grabación, la misma sobresale por la inclusión de pistas de video, fotos y las letras de las melodías (entre las que mi favorita es Gritando), y que permiten decir que estamos ante lo que se conoce como un home-video. Nada, que los muchachos trabajaron duro.

Otros que también se toman muy en serio sus producciones son los villaclareños de C-Men. De ellos, lo último que me ha llegado es el CD titulado Live, drink, don’t rest, álbum contentivo de ocho cortes donde la línea fundamental recoge el legado del rock industrial, unido a pasajes de clara orientación hacia el metal y otros con cierto aire de la electrónica contemporánea, en especial del tecno más corajudo. En su conjunto, yo destacaría la excelente calidad de sonido que alcanzan en el fonograma, en el que no se limitan a la hora de experimentar con efectos y procesadores, no ya solo aplicados a los instrumentos, sino también a la voz, lo cual les proporciona un rasgo distintivo entre lo que está ocurriendo en el rock en Cuba. La presentación general del disco tiene un empaque digno de encomio, por lo que la tropa de Abel Oliva merece una felicitación.

Históricamente el punk no ha sido muy abrazado en Cuba ni por cultores ni por las audiencias. Unos que se inscriben en esa corriente ideoestética (con algo de hardcore) son los cienfuegueros de Akupunktura, desenfadado trío que ya ha editado un material nombrado Copias y relajo. A lo largo de las siete piezas del disco, prevalece una actitud en la que el elemento lúdrico desempeña el rol protagónico. Temas como Lucy, Caramelo de limón, Mary, Pila’e jevas y Yo tengo algo pa’ ti, dejan claro que lo de ellos es la «gozadera», aunque cuidado, porque entre textos donde el espíritu transgresor campea por su libre albedrío, también se dicen cosas serias.

Y de Cienfuegos nos vamos a Trinidad, ciudad que es sede del grupo Arrabio, banda exponente de un sonido entre el hardcore y el punk. En su segundo demo, armado con siete cortes, aparecen composiciones de diferentes momentos de la agrupación, la cual ya tiene seis años de existencia. De los mejores temas mencionaría 2005 (Edad Media) y la versión que hacen de Another brick in the wall (de Pink Floyd), con la inclusión de un coro de niños. Buen ejemplo de lo que hoy la técnica permite hacer en pro de democratizar la producción musical.

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