Eliminan antiguos fogones Píker

Una cohorte de fenómenos asociados al consumo de querosene están condenados a desaparecer como resultado de la Revolución Energética

Autor:

Juventud Rebelde

SANTIAGO DE CUBA.— El fricasé dominical era sagrado. Dos libras de carne de puerco, una cabeza de ajo, ¡de las de a cinco pesos!, otras especies y condimentos, sal y la ilusión de ver a la familia reunida.

El almuerzo está humeante y oloroso. Las ganas, servidas. De pronto, a la cocinera le cae encima un cubo de agua fría.

—¡Pero esto sabe a luz brillante...!

Allá en la Sierra del Ramón de Guaninao, la abuela Ofelia recuerda y sonríe, mientras acomoda las nuevas servilletas, agarraderas y vasijas plásticas que acaba de comprar.

«¡Menos mal el cambio!» Bonita, diferente, está hoy su cocina. Y la novedad va más allá del brillo de las nuevas ollas o la funcionalidad de la hornilla eléctrica.

Aunque no puede evitar la añoranza por la llama de su Píker, que con tanto esfuerzo mantenía siempre azulita, tampoco se limita en derrochar satisfacción porque todas aquellas historias de tizne y ojos enrojecidos hayan ido a parar al rincón de la reserva.

En cambio, la memoria, más conservadora, vuelve sobre sus pasos hasta allá por los 80, cuando irrumpió en su vida aquella Píker que para su garantía trataba de mantener siempre limpia, por dentro y por fuera.

Aún así no se portaba muy bien. Tenía sus salideritos y tiznaba su poquito. A veces no se calentaba bien, gastaba más alcohol de lo debido y humeaba; pero entonces era la mejor opción.

Al calor de la popular Píker, de fabricación industrial y hasta exportada, surgió toda una generación de prototipos criollos de cocinas de querosene o keroseno; muchos fogones fueron adaptados para quemar petróleo y floreció una red privada de fundición, soldadura y reparación de cocinas de luz brillante, con su candonga incluida, donde una mínima tuerca no bajaba de cinco pesos.

El petróleo para cocinar se «refinaba» mezclándolo con gasolina, el alcohol —tema para otra Odisea— era sustituido por tintura de ajo, propóleos u otro preparado capaz de arder.

REY EN ESTADO DE COMA

Datos de la dirección nacional del Cuerpo de Bomberos indican una disminución del 11 por ciento en los accidentes por inflamación de las cocinas en el sector residencial del país en el año 2006, tras la entrega de los módulos de cocción eléctricos

Especialistas médicos confirmaron a JR que tras la introducción masiva, en los años 90, del gas licuado en la ciudad de Santiago de Cuba disminuyó sobremanera la ingestión de querosene, uno de los accidentes infantiles más frecuentes en el hogar.

Un estudio efectuado en el Hospital Infantil Norte refería entonces que en el niño se presenta tos, falta de aire y hasta vómitos, aunque la mayoría de los casos no eran graves y todos evolucionaron satisfactoriamente.

En el resto de los municipios, sin embargo, las cocinas continuaron ardiendo a costa de aquel; cuando se suministraba, por supuesto. En otras palabras, el riesgo se mantuvo.

Y apenas mencionamos tragedias por ingestas suicidas, quemaduras por celos enfermizos, despechos amorosos e inflamación de cocinas.

También el consumo de colaíto, azuquín, carambuco y otros parientes del alcohol de reverbero, tan conocidos en las zonas rurales.

«Pero no hay querosene que dure cien años ni país que lo resista», sentencia Milagros, poseedora de una rica experiencia con el combustible rey, ya en estado de coma luego de la sorprendente y masiva entrada en escena de la electricidad.

«¿Lu’brillante?», y Xiomara hace una mueca. «¡Ni me lo recuerden!».

La Revolución Energética, traedora de nuevas tácticas a la cocina cubana, es también un golpe mortal a inevitables tendencias emanadas de la combustión en el período especial.

«¡Fósforos! ¡A peso! ¡Tengo fósforos!», y el vendedor sigue calle abajo. El querosene y el alcohol, materias primas para fundir y soldar piezas... múltiples negocios y fenómenos conformaron el séquito de Píker; incluido el ineficiente, por cierto, sistema de distribución de combustible doméstico y sus irregularidades asociadas.

Con todo, allá en la Sierra de Guaninao Ofelia aún siente nostalgia por su fogoncito de luz brillante. «Fueron muchos años luchando con él; ¡qué le voy a hacer! Pero no se preocupen, que a lo bueno uno se acostumbra rápido».

Milagros es más radical e improvisa una despedida de duelo: «Adiós, Píker. Siempre te recordaremos por lo mucho que nos serviste. Pero ojalá nunca resucites. En paz descanses».

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