Jóvenes satisfechas de experiencia en el Servicio Militar voluntario - Cuba

Jóvenes satisfechas de experiencia en el Servicio Militar voluntario

Comenzaron sintiendo miedo por el sonido de los disparos, entre otros rigores de la vida militar y terminaron entusiasmadas

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Ellas fueron las primeras dirigentes juveniles incorporadas voluntariamente al Servicio Militar, experiencia que se extiende paulatinamente.

Nadie comprendió por qué la muchacha rompió en llanto. Parecía que su pena venía de muy adentro. Solo el profesor logró consolarla. Entonces, ya en calma, ella miró su cuerpo y comprobó no estar herida.

Luego confesó que le aterraban el sonido de los disparos y la cercanía con que le pasaban los casquillos de balas. Su llanto estalló precisamente cuando uno de estos, aún caliente, la rozó... y supuso que atravesaba su cuerpo.

Dasmiliá Toledo Cordero.

Aquella primera práctica de tiro resultó así de dramática para la soldado Dasmiliá Toledo Cordero, una de las 25 dirigentes de la Unión de Jóvenes Comunistas que voluntariamente ingresó al Servicio Militar, integrante del pelotón las Marianas, como gustan llamarse.

Ahora la joven cuenta su historia, lo hace con la satisfacción de haber superado aquel episodio, tanto que hasta obtuvo calificaciones de sobresaliente en el tiro.

Conversamos donde el verde intenso de la vegetación contrasta con el color olivo de su uniforme. Es el día de graduación del pelotón de las Marianas —quienes desde este momento forman parte de la reserva de oficiales de las FAR. Es tiempo de recuento.

Dasmiliá tiene 28 años de edad y hasta el pasado curso fue maestra de preescolar de la Escuela Primaria Manuel Ascunce del municipio de Güines. Abandonó su profesión por solicitud de la UJC de su territorio donde ahora es funcionaria del Departamento de Asuntos Generales. Transcurridos pocos meses de su desempeño en esa responsabilidad, la joven quedó seleccionada entre otras voluntarias para integrar el grupo de cuadros de la Juventud que harían el Servicio Militar.

Luego de la «previa», como popularmente se conoce a la etapa de preparación básica del soldado, Dasmiliá cumplió el Servicio en una gran unidad de tanques del Ejército Occidental. Allí, fue instructora política, responsabilidad desempeñada por cada una de las Marianas en las distintas unidades de las FAR donde fueron ubicadas.

«Desde el primer día me integré como un soldado más, realizaba todas las labores, por eso me gané el respeto y la confianza de quienes me rodeaban. También mi experiencia en el magisterio me ayudó en el trato con los jóvenes soldados y oficiales», comenta.

LO LOGRÉ...

Todo conspiraba contra ella. Su padecimiento de asma. La sensibilidad de su piel a las picadas de insectos y al contacto con la hierba: el mero roce con esta suele causarle dermatitis. También desde hacía años estaba algo sedentaria, pues el trabajo de oficina la distanció de la práctica de ejercicios físicos. Le sobraban unas libras de peso. Y en edad... con sus 36 años es la mayor de las Marianas.

Derys Elena Peregrino Tomás.

A pesar de estos inconvenientes Derys Elena Peregrino Tomás insistió en incorporarse al Servicio. Desde hace ocho años es cuadro profesional de la Juventud y en la actualidad funcionaria del Departamento de Organización del Comité Nacional de la UJC.

«En la primera etapa hubo momentos en que pensé que no podía. Todo el tiempo había que vestir de campaña incluidos las botas y el «zambrán». Había que cargar con la careta antigás, el portacargador, la pala del soldado y el fusil AKM, que no puedes abandonar ni para ir al baño. Fue difícil subirme a un camión ZIL con todo ese peso encima.

«Me esforzaba por no quedarme de última. En las clases de tiro escenificábamos un ataque a la ciudad, donde teníamos que disparar a blancos móviles y subir a construcciones de dos pisos por escaleras muy estrechas. Todo tenía que realizarse en un tiempo mínimo y lo logré. Así con mucha fuerza de voluntad fui venciendo cada etapa. Sé que de nuestra preparación para la defensa también depende el futuro de nuestra Revolución. Además, hice un compromiso con la Juventud y las FAR y tenía que cumplirlo», asegura.

Una vez concluida la «previa», a Derys la ubicaron en una gran unidad perteneciente también al Ejército Occidental.

«Allí doblé cargo con la instructora política juvenil de la Unidad. Nuestra labor consistió, entre otras cosas, en apoyar el trabajo de la UJC, hacerlo más dinámico a partir de nuestra experiencia como dirigentes de la organización.

Durante la Preparación Básica del Soldado las jóvenes se familiarizan con la vida militar.

«En la vida militar todo está reglamentado y nosotras consultábamos con los jóvenes sobre las actividades que querían hacer. Escuchábamos sus propuestas y, luego de llegar a un consenso, viabilizábamos su ejecución. En ocasiones nos quedábamos hasta tarde en la noche inmersas en actividades de la Juventud.

«El 4 de Abril se les otorgó la militancia comunista a 12 jóvenes y antes de graduarnos dejamos iniciados otros procesos de crecimiento».

Esta joven tunera confiesa que echará de menos la dinámica militar, las nuevas amistades y hasta el trato con los soldados que la hicieron más comprensiva porque supo ponerse en el lugar de ellos y entender sus preocupaciones.

Durante esta etapa no olvidará la intervención del Ministro de las FAR, Raúl Castro, en el V Pleno de la UJC, cuando las felicitó y elogió por lo bonitas que se veían vestidas de verde olivo.

Para ella fueron decisivas las reflexiones del Segundo Secretario del Partido sobre el decrecimiento poblacional en Cuba como consecuencia de las bajas tasas de natalidad. Aquel día, el Ministro recordó la broma hecha en el VIII Congreso de la UJC cuando les dijo a las muchachas: «Tienen que parir, si no van a tener que pasar el Servicio Militar». Lo hizo para ilustrar la magnitud de la situación.

Entonces sintió tanto orgullo por haberse incorporado a la defensa de la Patria, comprendió que el esfuerzo se recompensaba, pues el propio Raúl reconocía públicamente la actitud de ella y sus compañeras.

Derys sabe que la inserción de las mujeres al Servicio será de forma paulatina y le agrada que otras 75 muchachas, también con responsabilidades políticas en la Juventud, se incorporen voluntariamente a las FAR. Ellas han decidido llamarse Celias y pronto comenzará su preparación para la Defensa.

Dasmiliá y Derys, al igual que el resto de las Marianas, vuelven a sus oficinas, ya no les resulta ajeno el manejo de las armas ni los sonidos de los disparos. Conocen de ataques, pero también de contraataques y, ante la menor alarma, empuñarán seguras su fusil.

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