Ómnibus nuevos, vicios viejos - Cuba

Ómnibus nuevos, vicios viejos

En el transporte público interprovincial adquirido por Cuba, viajan aún distorsiones entronizadas en los últimos años. Los trabajadores sociales ayudan a erradicarlas

Autor:

Yailin Orta Rivera

La tarea de los trabajadores sociales, denominada Senderos de virtud, pretende crear una cultura del cuidado de los ómnibus y evitar determinados vicios que se han entronizado en los últimos años. Foto: Baldrich Hubo quienes se atrevieron a decirnos que habíamos venido a fastidiarles la vida; otros te evadían. No a todos los choferes les gustó la idea de tenernos en la guagua.

Wilmer Almenares, Brannis González, Alexis Feria, Yasser Vázquez y Yocel Acosta sintieron que eran recibidos como unos intrusos. Invadían un mundo de torceduras que se resistía a ser enderezado.

Estos jóvenes trabajadores sociales pueden hacer un diario con lo vivido en sus recorridos por las carreteras del país, pues a bordo de las nuevas Yutong no solo viajan los pasajeros y conductores, también lo hacen muchos de los vicios y distorsiones que se expandieron por la sociedad en estos años.

En un intento por descifrar este posible microcosmos, Wilmer describió así aquellos primeros días en que le correspondió subirse a una de estas guaguas: «En las travesías iban apareciendo diversas grietas que empañaban la comodidad, porque hay conductores que son una joya, pero hay otros...».

Yo cumplía con lo indicado —sostiene—; les explicaba a los viajeros sus deberes y derechos en el ómnibus y los ayudaba en lo que necesitaran.

Haciendo una rápida radiografía, Brannis afirma que han descubierto problemas tanto en el momento del chequeo antes de salir, como en el servicio de maletero, y también a bordo.

«En ocasiones el chequeo del estado del ómnibus no se hace correctamente ni con las exigencias requeridas. Llega quien controla las condiciones de la guagua y, sin apenas subirse, le pregunta al conductor cómo está todo. Este, lógicamente, le dice que bien», argumenta.

Por eso —explica el trabajador social— es que se ven guaguas transitando sucias, o con algunos de los equipos de audio y video rotos, por ejemplo. Cuando campean así por la carretera es porque la persona que tiene a su cargo esta responsabilidad violó lo establecido.

Recuerda Wilmer otra queja frecuente: «Se ha dado el caso en que algunos choferes no han permitido que se utilice el servicio sanitario, porque alegan que no tienen los productos para limpiarlo. Supuestamente esto debe garantizársele... pero algo está fallando y el más perjudicado es finalmente el viajero», expresa.

Asuntos similares se cuestiona Brannis, quien se refiere a que el carro debe estar en la terminal una hora antes de la salida para verificar todos estos pormenores, porque el usuario está pagando por un servicio especial y ello incluye el buen estado higiénico-sanitario, el funcionamiento del aire acondicionado y del equipo de DVD o la casetera. Pero esto no se está cumpliendo con la rigurosidad requerida.

Calentando los motores

Situaciones escabrosas también han encontrado en el servicio de maletero. Comenta Brannis cómo en una ocasión montaron hasta un refrigerador, cuando está prohibida la transportación de equipos.

«Este es un caso evidente en que existió acuerdo entre viajero, maletero y conductor. Con dinero “por detrás” se paga a veces la transportación de mercancías que exceden el peso establecido o de otras prohibidas».

Alexis recuerda otras «sutilezas» que han detectado en el servicio como es el hecho de que las personas encargadas del traslado del equipaje hasta el ómnibus y que tienen la responsabilidad de acomodarlo en el compartimiento de equipajes, le cobren por esto a los viajeros.

En otros casos, para burlar las consecuencias de posibles inspecciones sobre el contenido de las cargas, el documento que debe tener los datos que identifiquen a su dueño aparece en blanco. Así sale impune el pasajero que lleva el sospechoso equipaje, explica Yasser.

En el transcurso de los viajes estos jóvenes han detectado otras irregularidades. Wilmer tuvo la experiencia en un recorrido hacia las provincias orientales en que el conductor desvió el ómnibus de la ruta hasta una casa particular donde se vende comida, «una paladar». De esta manera los choferes no tuvieron que pagar porque llevaron abundante clientela.

Brannis advierte que para garantizar la seguridad de los bienes de los pasajeros no se debe parar dentro de la ciudad ni abrir el maletero. «Esto se ha incumplido en ocasiones».

Aunque —confirma— ya no es tan frecuente la recogida de personas en la carretera como antes, en que era habitual ver los pasillos atestados. Pero continúa la práctica de no de ocupar todos los asientos que traen libres cuando se llega a terminales intermedias en el recorrido. Luego el chofer recoge en la vía a quienes le muestran un abanico de dinero.

«Ahora se está picando el pasaje a bordo. Este ha sido uno de los reclamos de la población, pero sería pertinente, y ya se lo comunicamos a las autoridades de ASTRO, que nos den las claves por tramos y el precio correspondiente. Porque si no pueden suceder otras escaramuzas», mantiene Brannis.

Alexis reconoce que a veces se «golpea» con sobreprecios a los viajeros. Piensa que estos deben dominar lo que les cuesta su recorrido. «En ocasiones, al parar en las terminales, algunos choferes nos “cazan”, es decir, nos vigilan, para hacer sus rejuegos».

Resacas del relajamiento

Los trabajadores sociales se preocupan porque se hagan valer los deberes y derechos de los pasajeros. Foto: Franklin Reyes Estas historias demuestran que el servicio de transporte interprovincial padece de distorsiones heredadas de los tiempos precedentes a la revitalización del sector. La resaca del relajamiento de la disciplina intenta persistir, aun cuando las transformaciones implican que se despejen también tales turbulencias.

Mientras los trabajadores sociales cooperan en la eliminación de esta pandemia, hay quienes han intentado sobornarlos y a otros hasta los han amenazado por haber denunciado las indisciplinas.

Bien conoce la tropa de trabajadores sociales esos pasadizos furtivos, desde que a inicios de 2006 acompañan a los pasajeros, con el objetivo de lograr una cultura de excelencia a bordo.

Montarse en estos ómnibus ha sido una interesante experiencia. Garantizarle bienestar al viajero los ha llevado a desarrollar un alto sentido de consagración para sobreponerse a cualquier vicisitud.

La tarea, denominada Senderos de virtud, al decir del jefe del Programa Nacional de Trabajadores Sociales, Enrique Gómez Cabezas, se destina a crear una cultura del cuidado de los ómnibus y a evitar determinados vicios que se han entronizado. El objetivo fundamental es preservar estos nuevos equipos y garantizar un servicio integral.

«Se trata de cambiar concepciones, de escuchar las sugerencias, de conocer los estados de opinión e identificar cualquier problema que se presente. Los más de 600 jóvenes que están en esta misión han revelado importantes aristas del sector», consideró.

Descubriendo grietas

Pero las anécdotas también pusieron en la mira a las terminales. No son pocos los ejemplos que demuestran cómo el engaño se extiende perniciosamente hasta allí.

Wilmer relata que muchos de estos centros están en pésimas condiciones, con problemas en la limpieza y mala calidad de los servicios gastronómicos.

«Si hablamos de la amplia red de vendedores en estos lugares, no tendríamos para cuando acabar. Y están los más audaces que hasta se suben en el ómnibus. En una ocasión uno de ellos intentó robarle a un viajero y tuve que enfrentar la situación».

En las terminales —opina Brannis— debería haber también trabajadores sociales para tratar de desarticular todo el andamiaje de ilegalidades. Allí hay venta de pasajes que se hacen fuera de taquilla.

En ocasiones —expresa el trabajador social— en La Coubre, y en varias de las taquillas de las terminales donde se venden los pasajes de última hora, es decir, por lista de espera, he visto personas que revenden los boletines.

Brannis considera que las problemáticas que ellos han reflejado quedan impunes en algunas de las empresas provinciales. Ciertos choferes menosprecian la labor de los trabajadores sociales. Y esto quizá suceda porque uno que otro directivo se haya desentendido de estos males.

El joven dice estar animado después del último encuentro que sostuvieron con los representantes de ASTRO, en el que estos se mostraron muy receptivos a los señalamientos y con propuestas para solucionar las dificultades.

Sobre el tapete

Muchos choferes agradecen la presencia de estos jóvenes en la guagua. Foto: Franklin Reyes Otras realidades comienzan a ponerse sobre el tapete con la investigación de los trabajadores sociales. Tal es el caso de choferes que les han informado que han tenido que pagar por la limpieza del carro para que esté en tiempo.

Asimismo, Yasser se cuestiona el nivel de efectividad del servicio de lavandería, ya que varios conductores han inventado unos forros blancos para las «cocoteras» de los asientos (donde se recuesta la cabeza), porque dicen que les resultan más fáciles de lavar que las almohadillas de esponjas.

En cuanto a las reparaciones la situación no varía mucho. Yocel conoce a un conductor que tuvo que pagar una buena suma por arreglar el DVD. «La empresa tiene los mecanismos para solucionar estos problemas, pero hay factores que entorpecen su buen funcionamiento y esto hay que revisarlo y controlarlo», reflexiona.

En el inventario de irregularidades, Yasser menciona las asociadas al trabajo de los inspectores en la vía. «Estos supervisores a veces paran el ómnibus para efectuar el control y retrasan así el viaje. El procedimiento debe hacerse sobre ruedas», comenta.

Termómetros en la guagua

A pesar de que para conductores como Senén Rodríguez la tarea de los trabajadores sociales carece de sentido, hay otros que agradecen la presencia de estos jóvenes en la guagua.

Roberto Porras, por ejemplo, los considera su mano derecha. Ellos le ayudan en todo lo que haga falta y siempre están pendientes de lo que necesiten los pasajeros, despejan sus dudas o les hacen más ameno el recorrido.

Al chofer Silvio Morejón le parece que los muchachos deben lograr mayor interacción con los viajeros, «porque los hay muy resueltos y comunicativos, pero hay otros que son tímidos».

Pedro Avellanes quisiera que no se los quitaran nunca. «Aquí lo que tenemos que hacer es lo correcto. Ellos no entorpecen el trabajo, sino que te sugieren cuál es la música o los videos más adecuados. Si viene alguna persona discapacitada, ellos la ayudan. Son jóvenes muy responsables y serios», afirma.

Para muchos de los que viajan en una Yutong, los trabajadores sociales son como termómetros. Roberto Hernández piensa que con ellos a bordo muchos de los vicios que han lastrado en los últimos años el transporte interprovincial se pueden ir enfrentando.

«La verdad es que deberían estar en todos los servicios que brinda ASTRO. Ellos le toman directamente el pulso a esta realidad e identifican los problemas. Pienso que así se puedan establecer mejores estrategias que desarticulen todos estos fenómenos», opina.

La camagüeyana María Teresa Hernández siente igualmente revitalizadora la labor de los muchachos en las Yutong. «Nada lograremos si tenemos estos ómnibus nuevos y no cambiamos las mentes de las personas. Porque no valdría de mucho disponer de ellos si se cometen violaciones, si no se cuidan o no se trata correctamente a los pasajeros», apunta.

«La acción de los trabajadores sociales propone un cambio mental. Ellos le ponen un cerco a esos resquicios por los que se deslizan las ilegalidades. Y yo creo que en cierta medida es menos evidente la maraña. Aunque todavía hay quienes se atreven», explica.

Virginia de Armas viaja poco. Aun así, dice que no hay que hacerlo todos los días para conocer las malas hierbas que han crecido en estos años en el transporte. «Si queremos erradicar las nefastas tendencias hay que irlas puntualizando para que no caigan en saco roto sus soluciones. Y para lograrlo no únicamente esta tropa debe tener la fuerza moral.

En la terminal capitalina también se preparaba para el viaje Ana Lidia Pardo, quien se dio por enterada de la presencia de los jóvenes. «Me parece muy bien que estén en el ómnibus y que puedan detectar a tiempo lo que nubla la calidad del servicio, pero creo que los muchachos deben hacerse notar un poco más».

Oxigenar la Yutong

«Cubrimos más de cien rutas y participamos en unas 147 salidas en todo el país. Pero antes de montarnos en el ómnibus nos capacitamos para esta importante labor», expresa Osmel Castro, coordinador nacional de la tarea entre los trabajadores sociales.

«Estamos no solo en las rutas habituales, sino que llegamos hasta las que cubren los viajes de los trenes. Nuestro principal objetivo es ganar en cultura en el trasporte público interprovincial, pero para ello se requiere superar antiguos conceptos y desintoxicarnos de malas tendencias».

Aunque los trabajadores sociales han llegado para oxigenar el servicio que brindan las Yutong, todavía sienten que las empresas de ASTRO en cada provincia deberían darle más seguimiento a las incidencias que reportan.

El trabajador social tiene que ser la mano derecha del viajero y cada día superarse para hacer el trayecto más ameno y satisfactorio. «Hay muchas iniciativas que se han puesto en práctica, como la de regalarle una postal a las mujeres que viajaron el Día de las Madres o la de establecer una charla sobre educación sexual, entre otras».

«Nosotros no estamos para ponerle trabas al viajero, sino para ayudarlo. Ese es uno de nuestros principios», asegura.

—¿Cómo está organizada la tarea?

—Los muchachos se movilizan por un período de seis meses. Ellos laboran fuera de sus provincias y los dirige un cuadro en cada territorio.

«Pertenecen a una brigada; transcurridos tres meses sus miembros deben rotar hacia otras rutas y salidas. Analizamos trimestralmente las problemáticas con todos los implicados. Pero además, mientras dura la tarea seguimos evaluando a los trabajadores sociales, quienes no deben abandonar sus estudios universitarios».

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