Un asesinato con visos de legalidad - Cuba

Un asesinato con visos de legalidad

La Universidad de La Habana es hoy, como en el momento del fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina, un bastión de dignidad, martiana y antiimperialista

Autor:

Juventud Rebelde

La Universidad de La Habana se erige como gran formadora de valores académicos, culturales e históricos de nuestra identidad, y, en ese sentido, el 27 de noviembre de 1871 marcó el inicio de la tradición de luchas del movimiento estudiantil en nuestro país.

Por entonces coincidían polos insalvables de contradicciones, odios, arbitrariedades e intereses, que marcan los sangrientos acontecimientos en que estuvieron involucrados ocho jóvenes estudiantes de Medicina. Años después, Martí calificó estos hechos como una «concreción y estallido de fuerzas hasta entonces confusas o no claramente manifiestas».

¿Qué sucedía mientras tanto en el oriente del país?

Al grito de ¡Independencia o muerte! Carlos Manuel de Céspedes se levantó en armas el 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua. Máximo Gómez protagonizó la primera carga al machete y se iniciaba la leyenda de Antonio Maceo. En Camagüey, se levantó Ignacio Agramonte en el Paso de las Clavellinas. Se logra la unidad de todos los factores insurreccionales y la Asamblea Constituyente elige a Céspedes presidente de la República en Armas, en abril de 1869.

El general Blas de Villate y de los Heras, capitán general de la Isla, tuvo que tomar el mando militar como Jefe de Operaciones en el mismo escenario de la guerra y a pesar de esto, en 1871, a tres años de iniciada nuestra primera guerra liberadora, los españoles no avizoraban el momento de vencer a los mambises —que amenazaban con extenderse hacia Occidente—, mientras cada día se arruinaban más en lo económico y se hundían en lo moral. Todo ello impulsó al colonialismo español a realizar aquel crimen, que equivalía a anegar en sangre su impotencia.

En un documento oficial dado a conocer el mismo año de los hechos, se calificaba a la Universidad de La Habana «como un foco de laborantismo y de insurrección», pues era notoria la creciente presencia de estudiantes y graduados en la manigua redentora.

Existían en la capital las Milicias de Nobles Vecinos, agrupación de individuos cuyas fuerzas reaccionarias y agresivas aseguraban los intereses peninsulares y su predominio sobre la población cubana. Para demostrar su fuerza, este Cuerpo de Voluntarios, el 26 de noviembre de 1871, efectuó en La Habana un gran desfile en el que más de diez mil marcharon por las calles capitalinas, alentados por los gritos de ¡Viva España! ¡Mueran los traidores! Ese mismo día se formó el primer consejo de guerra y su sentencia fue devuelta, sin firmar, por el Gobernador político. Se creó entonces otro consejo con nuevos miembros, en el que la celeridad y la inmediatez del fallo no buscaba verdaderos culpables y solo se trató de aumentar el número de víctimas, por lo que a todas luces se cometió un asesinato, esta vez con visos de legalidad.

Se condenó a ocho jóvenes a la pena de fusilamiento, algunos escogidos al azar, y a toda la clase de primer año de Medicina del curso académico 1871-72, a prisión. De la lista de acusados se excluyó a un estudiante norteamericano y a un militar español. Estaba claro que la condena era solo para los cubanos.

¿Hacia dónde disparaba, en los barracones de Ingeniería, en la explanada de la Punta, la fusilería colonialista aquel aciago día? Lo hacían contra La Demajagua y Guáimaro, apuntaban hacia el paso arrollador de la caballería mambisa.

Esa fecha se convirtió desde entonces en un himno de rebeldía y en un instrumento de lucha para posteriores desafíos. A modo de ejemplo, vale señalar que en 1920, ante la evocación de esa fecha, Julio Antonio Mella comenzó a fraguar la idea de la primera FEU. Años después, Raúl Roa García escribió en su libro Retorno a la Alborada que la tángana del 30 de septiembre de 1930, en que cayó herido de muerte Rafael Trejo, nació durante las peripecias del 27 de noviembre de 1929. Recordamos también que el estudiante de Arquitectura Rubén Batista Rubio recibió un disparo mortal el 15 de enero de 1953, durante la manifestación por el ultraje al busto de Mella, que se dirigía al Monumento de La Punta, que recuerda a los mártires de 1871.

Del brazo de José Antonio Echeverría bajamos la escalinata en cada conmemoración de aquella fecha. El 27 de noviembre de 1956, en medio de un violento enfrentamiento, se llevó a cabo la última manifestación estudiantil de aquella etapa y el cierre definitivo de la Universidad habanera hasta el triunfo de la Revolución.

A la distancia de 136 años, nos detenemos hoy ante el recuerdo de aquella fecha precursora, mientras transcurre la primera década del siglo XXI y sentimos cómo la Universidad de La Habana sigue siendo una verdadera fragua de ideas, un bastión de dignidad, martiana y antiimperialista.

*Profesor de Mérito. Presidente de la Cátedra José Antonio Echeverría. Universidad de La Habana.

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