El cumpleaños «prohibido» de Blas Roca Calderío

Por su afiliación política varios integrantes del Partido Socialista Popular fueron vinculados con los sucesos del Moncada y detenidos después del asalto

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Foto: Archivo SANTIAGO DE CUBA.— Entre el cariño y la responsabilidad, al abrigo de la intransigencia de la familia de los Maceo, celebró Blas Roca Calderío su cumpleaños 45, el 24 de julio de 1953.

Desde el sabor de lo inédito, Walfrido La O Estrada, dirigente del Partido Socialista Popular (PSP) en aquella época —recientemente fallecido—, transmitiría la historia del hecho, años más tarde.

El Secretariado Nacional del PSP había asignado al Comité Provincial en Santiago de Cuba la tarea de organizar allí ese día un homenaje al destacado dirigente.

En esa propia fecha llegaron a la capital oriental Blas y varios dirigentes del PSP entre ellos su presidente, Juan Marinello Vidaurreta, y también Lázaro Peña, así como varios integrantes de las direcciones de municipios habaneros y de la región oriental.

En su aniversario 45, el manzanillero recibiría un regalo aprobado por todas las organizaciones de base del Partido: estar al día en la cotización partidista y saldar todas las deudas del periódico Noticias de Hoy —su órgano oficial— así como otros adeudos relacionados con ediciones de propaganda. Los simpatizantes del Partido, quienes hacían su aporte sin ser militantes, también estarían actualizados.

La otra parte del homenaje sería un almuerzo en el local del Gremio de Panaderos de Santiago de Cuba. Todo eso, dentro de la modestia y la austeridad que regían la vida de los comunistas cubanos, constantemente acosados por la tiranía batistiana.

Para el citado almuerzo, se contaba con el permiso del Gobernador Provincial. No obstante, el propio Blas Roca indicó a uno de los compañeros de la Dirección Provincial del PSP que fuera al cuartel Moncada y pusiera en conocimiento de Alberto del Río Chaviano, jefe de ese Regimiento Militar, la celebración de la actividad, pues conocía que este personaje se oponía a las reuniones de los comunistas.

El resultado de la gestión no pudo ser peor. El esbirro batistiano ni siquiera recibió al enviado del PSP. Delegó en su ayudante, cuya respuesta fue categórica: «Ni Chaviano ni yo autorizamos a los comunistas a reunirse».

Al conocer la respuesta, Blas se encontraba, junto a otros dirigentes, en la casa natal de Antonio Maceo. Ante la imposibilidad de utilizar el local del Gremio de Panaderos, se planteó efectuar el almuerzo en un quiosco del carnaval, propiedad del Partido.

Fue entonces cuando Felicita Maceo (Fifí), descendiente de la heroica familia santiaguera (hija de Tomás Maceo), le expresó al Secretario General del PSP que Batista y Chaviano podrían impedir el almuerzo en el lugar donde se había programado, pero que en su casa seguía mandando el General Antonio y allí los uniformados no podrían entrar.

La misma Fifí solicitó a Juan Marinello que pronunciara las palabras de homenaje a Blas. Y el Presidente del PSP habló sobre la vida ejemplar del obrero zapatero devenido dirigente del proletariado, sobre su espíritu de superación, su fidelidad a la clase obrera y su ejemplo para el resto de los dirigentes y militantes comunistas.

Entre el afecto transcurrió el onomástico 45 del entrañable dirigente, cuyo centenario celebramos por estos días. Él y sus compañeros estaban lejos de imaginar que otras y más graves complicaciones vendrían.

En la mañana del 25 de julio, el homenajeado y Marinello partieron vía aérea hacia la capital del país, mientras que Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui lo hacían por carretera hacia Holguín, donde celebrarían una reunión. Los compañeros procedentes de los municipios habaneros fueron invitados a una noche de Carnaval, para partir luego, en ómnibus, a sus lugares de origen.

Por eso, cuando en la madrugada del 26 de julio de 1953 se produce el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, Chaviano, que conocía la presencia de los dirigentes comunistas en Santiago, los relacionó de inmediato con la acción. Y así comenzó la cacería.

Romárico Cordero, miembro de la Dirección Nacional de aquel Partido y dirigente agrario, avisó con rapidez a la dirección santiaguera para que sacaran de su local a todos los compañeros, pues ya se comentaba que los comunistas estaban peleando en el Moncada y seguramente el lugar sería allanado.

Blas y Marinello, por haberse marchado antes, escaparon de la redada. Pero Lázaro Peña y Joaquín Ordoqui fueron apresados en Holguín e involucrados en el proceso judicial por el asalto moncadista, del cual fueron absueltos. Un grupo de los habaneros resultó detenido en Camagüey; algunos de ellos fueron maltratados, golpeados y heridos.

Estos bochornosos acontecimientos hicieron del cumpleaños 45 de Blas Roca un episodio triste. Era la faceta real de un gobierno llamado democrático, que ni siquiera podía «tolerar» el homenaje a un modesto comunista.

Hace dos días el hombre con apellido y voluntad de piedra hubiera cumplido cien años de edad. Seguramente lo habría celebrado rodeado de pétalos, de olores, de fertilidad y de verdor.

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