Tiempos de hacer

Jóvenes destacados de la Isla de la Juventud reflexionan sobre las realidades y conflictos que enfrenta su organización en ese territorio

Autor:

Juventud Rebelde

«La tarea es motivar a aquellos jóvenes que aúnno se incorporan a la producción, los estudios uotras tareas que aporten a la sociedad», refirióYusnier, estudiante de quinto año de EnseñanzaEspecial. NUEVA GERONA.— En 1966, la Isla de la Juventud, entonces Isla de Pinos, fue arrasada por el huracán Alma. La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) convocó a sus organizaciones de base en todo el país y miles de jóvenes arribaron aquí para recuperar lo perdido y avanzar mucho más, como rezaba el lema de aquella etapa, que marcó el inicio de un ambicioso programa de desarrollo económico y social.

Cuarenta y dos años más tarde, la naturaleza se ensañó nuevamente con esta ínsula. Los vientos de Gustav del 30 de agosto de 2008 dejaron un panorama desolador. Al amanecer del domingo 31 de agosto la meta era levantar la Isla y una vez más los jóvenes —pineros y de varias provincias del país— acudieron alentados por su organización y protagonizan extensas jornadas de trabajo en los campos, las comunidades, y otros sectores de la economía y los servicios. Seis meses después, la recuperación es una realidad tangible. Para acentuar el esfuerzo , el Comité Nacional de la UJC decidió otorgar al territorio pinero la sede por los festejos del 4 de Abril.

Entre los miles de jóvenes destacados a lo largo del proceso sobresalen Gerardo Mayet Cruz, fotorreportero del semanario local; Israel Jiménez Serrano, trabajador social, y Yusnier Reyes Farrat, presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de los que estudian carreras pedagógicas.

Militancia auténtica

Gerardo Mayet Cruz es militante de la UJC desde 1988, y con 26 años de edad es secretario general de su Comité de Base. Mestizo, delgado y de carácter alegre, sus compañeros lo estiman y respetan. Posee uno de los testimonios gráficos más importantes del quehacer del pueblo pinero antes, durante y después del paso de los eventos climáticos.

«Contar historias no es mi fuerte —dice mientras busca en la distancia el punto que aviva la memoria— pero sí recuerdo que mi trabajo como militante se consolidó cuando entré en el periódico.

«Allí pasé uno de los momentos más difíciles en la militancia. En 2007 quedamos solo tres miembros y estuvimos a punto de desintegrarnos; la tarea fue difícil, pero nos impusimos y logramos cumplir con todas las metas hasta que la incorporación de otros jóvenes incrementó la nómina».

«El ingreso a las filas de la UJC debe ser muchomás selectivo», acotó Israel, trabajador social. Entretanto, Israel acomoda su gruesa anatomía en el asiento y sonríe con picardía, tal vez por la complicidad que implica revivir aquellos días cuando ser joven comunista era el sueño de muchos y el logro de pocos.

«Había que comer candela... si no eras de los abanderados no clasificabas. Ingresar a la UJC me costó sacrificios y tiempo. Era una etapa en la que te medían hasta la forma de caminar. Yo estudiaba en la ESBEC 14 de Junio, escuela inaugurada por Fidel y centro de referencia, ¿te imaginas?».

Su intención era mantener la condición de militante que ganó en la secundaria. Para ello siempre estaba entre los primeros; ingresó en el primer curso de formación de Trabajadores Sociales y tuvo el privilegio de participar en la operación nacional de control de la energía llevada a cabo en todos los centros de distribución de combustible del país, y en el cambio de luminarias en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Yusnier Reyes, más callado, quizá por la costumbre de observar y detectar anomalías en niños con necesidades educativas especiales se suma: «Soy militante desde 2001. Creo que es muy importante la selección de los nuevos que ingresan a las filas, porque debe constituir un honor pertenecer a la vanguardia de la Revolución».

Compromiso y realidad

«Tienes que hacerte sentir en el centro dondetrabajes o estudies», aconseja Gerardo, fotorreporterode prensa. «Hoy es difícil que algunos jóvenes asuman responsabilidades. Eso es una tendencia peligrosa. A veces prevalecen los problemas personales, de la familia, laborales y económicos», apunta Mayet.

«No obstante —aclara— hay quienes actúan diferente a como piensan y lo puedes ver si vas con ellos y les explicas. Conozco a muchos que no son militantes y se mofan en ocasiones por la cantidad de tareas que tenemos, sin embargo, cuando se les incentiva adecuadamente, si hay que entrarle al marabú, al campo, a la pintura, al aporte voluntario en la cuadra o en el trabajo, se incorporan, y disfrutan y aportan tanto como cualquiera».

Israel lo vivió después de los ciclones. «Fuimos los jóvenes los primeros en salir a las calles a recuperarlas, limpiar las cuadras, los parques, las escuelas; además, ayudamos a muchas personas en la reconstrucción de sus viviendas».

La Unión de Jóvenes Comunistas en la Isla asumió la recuperación agrícola como prioridad. Creó brigadas de estudiantes de las diferentes enseñanzas y se establecieron las movilizaciones fijas los fines de semana junto a la Brigada Aniversario 50, integrada por jóvenes de varias provincias.

«La organización debe incrementar las acciones encaminadas al rescate de esos jóvenes que aún no se incorporan a la producción, los estudios u otras tareas que aporten a la sociedad que los formó», dice Yusnier, al tiempo que reconoce que la falta de espacios para la recreación sana e instructiva en el municipio estimula que se acuda a lugares donde el esparcimiento está preñado de malas influencias, vicios y otras manifestaciones de la conducta en detrimento de la disciplina social.

«Las actividades deben estar mucho más al alcance de la realidad económica de los jóvenes y sus familias para que “ganar dinero fácil” no sea una alternativa que les permita frecuentar lugares recreativos donde el servicio es exclusivamente en pesos convertibles. Aquí no existen esos espacios hoy», sentenció.

Gerardo, Israel y Yusnier no son seres sobrenaturales, ni renuncian a los placeres de la vida para quedar bien o mal con su organización. Disfrutan leer un buen libro, escuchar música y compartir sus ratos libres con sus amigos, familiares o parejas. Los diferencia el compromiso, la convicción, el respeto y admiración que sienten por la historia de su país, que los formó y educó para ser capaces de continuar la obra iniciada hace 50 años.

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