Buscarle amores a la tierra

Tras años de deterioro de los institutos politécnicos agropecuarios (IPA), la creación de las aulas anexas aporta luz en el propósito de entregarle fuerza calificada a la recuperación agrícola

Autores:

Dora Pérez Sáez
Margarita Barrios
Hugo García
Héctor Carballo Hechavarría

Su amor por los animales le viene desde pequeña; por eso cuando se decidió por esta carrera su mamá la apoyó, convencida de que tendría éxito. Alel Caraballo es de Artemisa. Lo que más le gusta es el ordeño de las vacas, lo mismo manual que mecánico.

Para ella la escuela es muy buena y también sus maestros. «Lo que lamento es que el año que viene voy a estudiar en mi municipio. Hay quien lo prefiere, para estar cerca de la casa, pero a mí me gusta más la beca», refiere.

Yariel Villega es también de Artemisa y confiesa que lo que más le gusta es poder curar animales. «Con los buenos profesores que tengo, me siento cada día más motivado. He aprendido mucho, por ejemplo sobre el despunte: Cuando pasa la vaca al cepo de ordeño, se lava la masa de abajo, no la ubre completa, y se echa de uno a tres chorros de leche, para identificar si tiene mastitis clínica», dice.

La agricultura necesita del conocimiento tanto como de bueyes y machetes. No abundan aquellos que con amor, paciencia y delicadeza, como los que germinan en estos adolescentes, sepan descubrir la causa del malestar de un animal, la plaga que asoma en una hojita o hacer el injerto que dará una fruta más dulce.

La ausencia de fuerza de trabajo calificada está tan extendida como algunas malezas, lo cual dificulta la introducción de los avances tecnológicos.

Mientras el país toma medidas para redimensionar la agricultura en aras de ser capaces de producir la mayor parte de los alimentos que necesitamos, la formación de los técnicos y profesionales que tienen gran responsabilidad en esa labor arrastra aún el deterioro que sufrió en los años más difíciles del período especial.

El pasado año JR publicó la serie Los amores que le faltan a la tierra, fruto de un recorrido por los Institutos Politécnicos Agropecuarios (IPA) de las provincias de Camagüey, Ciego de Ávila y Granma, en el que constató una gran preocupación entre profesores y alumnos acerca de la preparación que recibían estos últimos para luego enfrentar su vida laboral.

Escasez de base material de estudio y alto deterioro constructivo de los planteles, así como falta de interés de algunas instituciones pertenecientes al Ministerio de la Agricultura para acoger al alumno durante sus prácticas, fueron una constante en cada centro visitado.

Todo ello provocaba que una buena parte de los que se graduaban se iban sin dejar rastro, mientras que aquellos que aún estudiaban se sentían carentes de conocimientos e insatisfechos con el modelo de enseñanza.

Las autoridades educacionales han informado que en el próximo curso escolar se estudiarán especialidades agrícolas en casi todos los municipios del país. Ello motivó a nuestro diario a realizar una nueva indagación sobre los IPA.

Estos, al igual que los politécnicos industriales, han tenido que recurrir a las aulas anexas para resolver la carencia de docentes y de base material de estudio.

Pero no es este el único cambio para esos centros. Una transformación importante es que pasarán a ser externos, lo cual elimina una de las barreras que los hacía menos atrayentes para los jóvenes.

Con los genes de la tierra

En la empresa pecuaria genética Los Naranjos, del municipio habanero de Caimito, el IPA Simón Bolívar tiene un aula anexa. Allí realizan sus prácticas los estudiantes para técnicos de nivel medio en Zootecnia veterinaria.

Los muchachos cuentan con una vaquería que tiene varias áreas para el alimento animal: de pastoreo con king grass, de forraje y de caña. Esta posee 54 animales, de esos 28 vacas en ordeño y 32 novillas.

Raúl Vázquez, técnico alimentador de esa granja, imparte la asignatura Trabajo de la producción agropecuaria, lo cual alterna con su labor habitual.

«Les explico lo relacionado con las labores agrícolas. Cómo hacer los canteros, cómo elaborar el compost y cuándo se aplica al suelo; el tipo de pasto que predomina… Aquí el estudiante aprende la rutina del trabajo. Ayudan a baldear la vaquería, a chapear… Les insisto en el cuidado que deben tener con los animales, el enyugue y desenyugue para el buen manejo, y que a su vez estén protegidos de un golpe».

—¿Cómo valora esta nueva experiencia?

—Creo que es muy buena. La parte fundamental de la carrera es la práctica en el trabajo con los animales. Eso ayuda a que pongan los pies en la tierra, en el aula les puedes decir una cosa, pero aquí se encuentran con la verdad.

El IPA Fructuoso Rodríguez, de Quivicán, se fundó hace 45 años y tiene una matrícula de 262 estudiantes de los municipios del oeste de la provincia. Para el próximo curso escolar tendrá 625 alumnos, porque a las carreras de Fabricación de azúcar, Mecanización agrícola, Agronomía y Forestales se añaden Veterinaria, Gestión de capital humano, Contabilidad y Construcción civil.

Rafael Redero, su director hace 11 años, refirió que los técnicos de nivel medio del territorio se formarán en ese centro, y esas son las especialidades que pidió el municipio.

«Todos son alumnos de Quivicán. Con la eliminación de los centros internos el ahorro es grande. Y con respecto a la captación, se sabe que la beca trae su rechazo. Creo que con esto el ingreso será mayor. Vamos a graduar a los que tengan respuesta laboral, son los que en cuatro años van a necesitar los organismos».

—¿La escuela tiene medios para realizar alguna práctica?

—Para las especialidades agropecuarias tenemos tractor, picadora, arados, pero nos falta para Veterinaria. Y como no tenemos torno, vamos al taller central de la empresa.

«Poseemos cuatro aulas anexas, una en el central Comandante Manuel Fajardo y tres en la Empresa de cultivos varios 19 de Abril. Contamos con instructores de esos centros, que tutorean la práctica, y un profesor nuestro las atiende a tiempo completo».

—¿Qué opinión le merecen las aulas anexas?

—Son una salida a la falta de talleres. Durante años se ha estado luchando para crear, con el apoyo de las empresas, la base material de estudio para las prácticas en las escuelas, pero ha sido difícil.

«Además viene bien con el régimen externo. Cuando eran becados había que garantizar el transporte. Ahora van por sus medios al polígono, como mismo vienen a la escuela».

Redero defiende la idea de que, aunque las aulas anexas suplan el déficit en las asignaturas prácticas, la escuela debe mantener sus tierras fértiles para el autoconsumo.

«Tenemos un huerto intensivo tecnificado, de una hectárea, con hortalizas y vegetales, que autoabastece a todas las escuelas del municipio, y lo cultivan nuestros alumnos.

«Todos los estudiantes van al huerto cuatro horas semanales como parte de su formación laboral, no solo los de carreras agrónomas. Ellos tienen que estar comprometidos con lo que comen. Además, si todos no van al campo me quitan parte de las tierras, porque debe guardar relación con la fuerza».

La agronomía del amor

La Habana tiene un gran peso en la producción de alimentos. Desarrollar la vocación en los jóvenes por la Agronomía es un desafío para la formación vocacional.

Roberto Rodríguez, subdirector que atiende esta enseñanza en la provincia, expresó que ambos ministerios, Educación y Agricultura, han diseñado una estrategia para motivar en los adolescentes el estudio de especialidades agronómicas.

«Les pedimos que los jóvenes que participaron en el reciente Congreso de la ANAP pasen por las secundarias básicas. No es solo decir lo difícil que resultan la agricultura, el sol, la lluvia… no. También hay que hablar del amor a la tierra y de lo que representa económicamente trabajar el campo. Y los artículos que están saliendo en la prensa, que se discutan en las escuelas.

«Creo que nos falta muchísimo por hacer en el tema de formación vocacional; todavía no se ha interiorizado muy en serio por parte de los organismos y también de nosotros, la necesidad de hacer ese trabajo.

«Cuando usted se dirige a un joven y le explica cuál puede ser su futuro a partir de la especialidad por la que opta, lo motiva, lo compromete, y eso nos ha faltado. Hay que trabajar de manera especial, por ejemplo, con Agronomía».

El plan de la provincia para el próximo curso es de 600 plazas para esa especialidad, que abrirá en los 19 municipios, con lo cual disminuirá la cantidad de alumnos internos.

Rodríguez refirió que esa especialidad se estudiaba antes solo en cuatro municipios. «Veterinaria, que se impartía en un centro, estará en 14 territorios; Contabilidad en 18, Termoenergética en tres; y hay especialidades que se inician, como Mecanización de la producción agropecuaria, Forestal, Transporte marítimo y Gestión de capital humano.

«Algo nuevo también son más de 900 plazas para obreros calificados en albañilería, tornería, mecánica, soldadura, carpintería y obrero agrícola. Nos preocupaba su aceptación, y sin embargo han tenido una buena acogida».

—De las especialidades de la agricultura, ¿cuántas plazas se ofertaron y cómo se comportó la demanda?

—Para Agronomía se ofertaron más de 600 plazas; para Veterinaria unas 450; para Mecanización de la producción agropecuaria 200; para Maquinaria azucarera 32; 30 en Fabricación de azúcar y Forestales, 49.

«Esto responde a la demanda que hicieron los organismos. Cuando este joven egrese dentro de cuatro años, tiene su ubicación laboral, y ya desde segundo su aula anexa, con los técnicos de la producción que asumirán la docencia.

«La boleta que llena el estudiante al terminar el noveno grado, tiene diez opciones. Ni el 50 por ciento de los alumnos pide Agronomía en primera opción; sin embargo en Veterinaria casi se duplica la demanda con respecto a las plazas disponibles. El resto de las especialidades se equiparan más o menos con las peticiones».

—¿Está garantizada la cobertura docente?

—En formación general no tenemos problemas, tenemos preuniversitarios que cerraron, que eran de estudiantes de la capital, y los profesores son de aquí. Para las asignaturas técnicas el convenio ya está firmado con los especialistas de la producción. Quien demanda tiene que ayudar en la formación.

El campo llama

El incremento de la cifra de jóvenes holguineros que el venidero curso escolar comenzarán a formarse como técnicos de nivel medio y obreros calificados en especialidades de la rama agroindustrial, en total 2 120, no obedece simplemente al necesario redimensionamiento que asiste hoy a la enseñanza técnico-profesional del país.

Según trascendió en el pleno provincial del Partido realizado a fines de 2009, la población económicamente activa de esta provincia, con casi 1 037 000 habitantes y la tercera más poblada del país, asciende a unas 402 000 personas, de las cuales unas 104 900 están incorporadas a actividades agropecuarias, 26 por ciento del total.

Los debates sostenidos en ese mismo órgano de dirección política examinaban, además, que de los 9 614 estudiantes de los centros universitarios municipales, un 76 por ciento cursan especialidades de la rama de humanidades y solo el 34 por ciento atañe a la esfera productiva y económica.

En un escenario en el cual apremian la dignificación del trabajo como fuente principal de riquezas y una evolución de la agricultura que sea capaz de sostener las necesidades alimentarias y de reducir importaciones por ese concepto, la preparación de la fuerza de trabajo en ese ramo se corresponde con las proyecciones del sistema educacional.

De hecho, como parte de esas modificaciones para el curso escolar 2010-2011 Holguín contará con una matrícula en la ETP de 6 549 estudiantes, en alrededor de 40 especialidades de la producción y los servicios.

Con una experiencia de 35 años, en el Instituto Politécnico Manuel María Rojo, en el municipio de Rafael Freyre, se preparan hoy 872 técnicos y obreros calificados en 11 especialidades. Luego de varios años sin contemplarse en sus proyecciones, este curso el centro reinició la formación de profesionales en la rama agrícola, con 53 alumnos procedentes del mismo territorio.

Esta es una de las nueve instituciones donde se pueden estudiar especialidades agropecuarias y una de las que ha experimentado el funcionamiento de las aulas anexas a empresas y entidades del sector.

Tras firmar el pasado año convenios con la empresa agropecuaria Reinerio Almaguer, la realización práctica de los contenidos que reciben los estudiantes del Manuel María Rojo tienen como escenario las áreas productivas de un organopónico aledaño al politécnico.

Para la preparación de estos alumnos se aprovechan, además, las áreas destinadas al autoabastecimiento. En total dos caballerías de tierra con cultivos de ciclo largo y corto son atendidas aquí por 25 trabajadores, quienes cuentan a su vez con varios módulos pecuarios que las convierten en un inestimable polígono productivo para la formación de valores y habilidades.

Osmany Peña, subdirector docente del referido Instituto, precisó que en estas locaciones los estudiantes deben cumplir 16 horas de práctica durante la semana.

Acerca de la validez del empleo de las aulas anexas para elevar la calidad de la enseñanza de la agronomía, William Portelles, director del politécnico, opinó que ha sido un método aplicado con éxito durante años en la preparación de otras carreras como Construcción y Gastronomía.

Las nuevas proyecciones para el estudio de especialidades de corte agroindustrial propiciarán a cada territorio disponer de los profesionales que necesita, para lo cual se crearán facilidades de estudio en 30 instituciones educacionales de la provincia, más un total de 60 aulas anexas, emplazadas en entidades y empresas del ramo.

Portelles no excluyó tampoco algunas de las limitaciones objetivas que han debido sortear en este reencuentro del centro con las carreras agropecuarias. Una es la escasez de medios para el laboreo a disposición de los estudiantes, como son azadas, machetes, limas u otros medios y utensilios empleados en la parte pecuaria.

La necesidad de favorecer un acceso óptimo a la bibliografía necesaria, tanto en soporte digital como impreso, fue otro aspecto referido por los profesores.

Pero la eventualidad más compleja afrontada por los estudiantes de agronomía del Manuel Rojo durante el presente curso, y que afectó durante más de un mes el empleo óptimo del aula anexa, así como la producción local, fue la rotura de la turbina destinada al suministro de agua del referido organopónico.

Aunque es esta una realidad que no puede descartarse en ningún sitio, ni siquiera en condiciones más favorables para la economía, suscita al menos la interrogante de si con esta doble función que asume una entidad agrícola, al emplearse como aula anexa, demandaría a su vez un sistema de atención local diferenciado, que evite la más mínima afectación a la calidad del proceso docente-educativo.

Escuela atrayente y competente

En la Atenas de Cuba no es fácil encontrar jóvenes dispuestos a trabajar la tierra. Otras opciones más atractivas ofrecen oportunidades de empleo menos duras y mejor remuneradas. Quizá por ello la enseñanza agrícola debe suplir las expectativas de quienes la escojan.

Adalberto Milián, subdirector de ETP en la provincia, expresó que el próximo curso el territorio contará con 16 centros, ubicados en los 14 municipios, donde se estudiará para técnico de nivel medio y obrero calificado en especialidades agropecuarias.

También habrá una novedad, porque la Estación Experimental Indio Hatuey, en el municipio de Perico, acogerá a alumnos de cuarto año de Veterinaria, quienes recibirán una especialización en pastos y forraje, la última tecnología, bibliografía actualizada y profesores con alto nivel científico.

«Será por espacio de 45 días y se alojarán cerca de esa entidad, en el Instituto Politécnico Fabricio Ojeda; en esa aula anexa parcial ahondarán en las nuevas tecnologías para producir alimento animal», refiere Milián.

Hoy la provincia posee cinco aulas anexas y para septiembre se proyecta que funcionen 22. De esa manera aumentará la matrícula en 2,5 veces en relación con el curso anterior, lo que sumará 1 365 alumnos en carreras agropecuarias, de ellos 510 obreros calificados.

Las medidas tomadas persiguen un reordenamiento en la pirámide de la fuerza laboral, donde existan más técnicos y menos profesionales. Las aulas anexas son imprescindibles para organizar la enseñanza práctica en condiciones de producción. «El estudiante tiene que ir a un organopónico; no podemos pensar en tener uno en el centro», dice Milián, quien añadió que el principal reto continúa: el convencimiento de la familia.

Enseñanza nada anexa

Alexander Manso Díaz, director de Enseñanza Técnica y Profesional en el Ministerio de Educación, explicó a JR que se tomaron medidas para elevar la calidad del egresado, para que al llegar al mundo laboral este conozca la tecnología instalada en las entidades de producción y servicios.

«Las transformaciones que se iniciaron en este curso partieron de la puesta en práctica de nuevos planes y programas de estudio. Se eliminó el bachiller técnico, que creamos en 2004, y fomentamos un técnico de nivel medio que tenga su mayor peso en adquirir las habilidades de su especialidad.

«Esto va acompañado de un nuevo sistema de evaluación, dirigido también a potenciar la preparación profesional de los estudiantes, consistente en la realización de una tarea integradora en cada uno de los años de estudio, que debe permitir al joven apropiarse de manera más efectiva de las técnicas de cada rama.

«Se incluye también un examen final estatal. Se trata de un ejercicio integrador, donde tiene que demostrar las habilidades adquiridas, y resolver un problema concreto».

Manso significó que las aulas anexas solucionan tres problemas: carencia de docentes, deficiente tecnología en los centros y falta de espacio en las escuelas.

«Cada día son más los especialistas de la producción y los servicios que dan clases o asesoran a los docentes. Además, los profesores pasan por las entidades para actualizarse».

Con respecto a la creación de los centros mixtos dijo que serán unos 600 en todo el país. En una misma instalación, con un solo Consejo de Dirección, van a coincidir distintos niveles de enseñanza. La mayoría van a tener especialidades agropecuarias. Puede haber una secundaria básica y un politécnico de diversas especialidades.

«Es una alternativa para dar respuesta a la necesidad de disminuir los gastos del MINED y reducir el número de alumnos internos, pues nos permiten acercarlos a su lugar de residencia. Y podemos aprovechar mejor los recursos humanos y materiales; por ejemplo un maestro puede dar clases en más de un nivel de enseñanza».

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