No es cuestión de edad, se queda quien mejor trabaje

El actual proceso de reducción de las plantillas infladas en la Isla significa para los jóvenes cubanos, un espacio de desafíos y oportunidades

Autor:

Alina Perera Robbio

Cuba vive un momento cardinal, de larga perspectiva, del cual depende en mucho su desarrollo futuro: se ha emprendido la actualización del modelo económico, y dentro de ese proceso, la necesidad de reducir plantillas infladas.

El asunto acapara la atención y la pasión en sobremesas de familias, esquinas, centros laborales y otros espacios; crea expectativas y lógicas interrogantes. Los cubanos comparten la certeza de que es crucial cambiar muchas cosas del ámbito económico.

La reducción de plantillas infladas conlleva al desarrollo de procesos de disponibilidad y busca que permanezcan en los puestos de trabajo las personas realmente necesarias; también es camino para un aprovechamiento adecuado de la jornada laboral, o sea, para ir eliminando el subempleo —en este caso, personas que no tienen suficiente contenido de trabajo durante su jornada cotidiana.

El reordenamiento conducirá a incrementar la productividad en tanto habrá mejor aprovechamiento de la fuerza de trabajo, en función de las demandas de cada territorio. Fuerza que, por cierto, no le sobra al país, sino que resulta deficitaria en otras actividades como la producción de alimentos en todas sus variantes, o los procesos inversionistas que actualmente emprende la Isla, que hoy no cuentan con los recursos humanos suficientes.

«No se trata de que al país le sobre la fuerza de trabajo; es que necesita una mejor distribución», reflexionó con esta reportera María Victoria Coombs Bryan, directora de Empleo del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS). Hay que romper el círculo vicioso, analizó, de que las personas no sienten suficiente motivación por trabajar, al tiempo que el salario no permite, como se quisiera, satisfacer totalmente las necesidades y expectativas de quien se entrega. «Uno de los factores más dinámicos que tiene cualquier proceso de producción o servicios es la fuerza de trabajo. Y si ella no es utilizada eficientemente, cómo lograr que todo lo demás funcione».

Al argumentar la trascendencia de reducir las plantillas infladas, la especialista recordó que, además de implicaciones económicas, esa distorsión tiene sus impactos en la disciplina laboral, «porque esa persona que llega, que no tiene nada que hacer, comienza a conformar un escenario que es caldo de cultivo para la indisciplina».

Aunque desinflar las plantillas no es la única medida dentro de la actualización de nuestro modelo económico, sí reviste particular importancia y contiene uno de los mayores desafíos que asumiremos los cubanos inmersos en disímiles cambios: la transformación de un pensamiento que deberá ir desterrando de sí actitudes paternalistas, de autocomplacencia o conformismo.

Nada de eso significa —como explicó la funcionaria del MTSS— que quien necesite protección no la tenga. «Sin caer en paternalismos, afirmó, se ha definido que en este proceso nadie va a quedar desprotegido. Pero trabajar es fundamental, como también lo es saber que buscar el empleo es responsabilidad, en primer lugar, de la persona que no lo tiene».

Como es lógico, a muchos inquieta el «cómo», el modo en que se instrumentarán los cambios a través de un conjunto de regulaciones. Y entre tantas preguntas, una despierta el interés de no pocos: ¿Ser joven implica estar en desventaja, o es garantía de tener los vientos a favor en este proceso? ¿Ser joven significa más amenazas que oportunidades; o viceversa?

¿Qué hay con los nuevos?

Ningún cubano deberá estar ajeno a este proceso, porque si alguien no va a vivir la experiencia de manera directa, seguramente tendrá un familiar o un amigo que sí lo hará. Especial interés debe despertar este tema entre los jóvenes, quienes constituyen el 30 por ciento de la población en edad laboral, y el 22 por ciento de los ocupados en la economía.

Esta realidad enfrascó en un sondeo de opinión a las analistas de Juventud Rebelde, Sara Cotarelo y Nelly Osorio, y a Nelson García y Odalis Riquenes, corresponsales de este diario. El grupo que exploró entre obreros, trabajadores de los servicios, administrativos, profesionales y técnicos de nivel medio de diferentes colectivos, indagó, entre otros temas, acerca de la incidencia que podría tener en los jóvenes trabajadores el proceso de reducción de las plantillas infladas en el país.

El sondeo develó que la mayoría de los consultados no aprecian una debilidad o posible desventaja en el hecho de ser joven. Para muchos ser idóneo trasciende toda generación, aunque hay otros en el grupo de quienes creen que los de menos edad estarán más vulnerables a la hora de someterse a las valoraciones de un Comité de Expertos, ese órgano consultor que, a partir de múltiples argumentos,  propondrá al director de una entidad, quiénes son los más idóneos.

Como tendencia, los entrevistados expresaron que lo que hay que medir es la calidad del trabajo sin importar la edad de quien lo hace. Adrián Pérez, de 68 años de edad, especialista en construcción de herramientas y dispositivos de la fábrica de implementos agrícolas del municipio capitalino de Boyeros, estimó que los jóvenes no tendrán las de perder, «porque hay muchos que tienen condiciones para ser buenos trabajadores». Enrique Rodríguez, de 36 años, técnico en Control de la Calidad de la fábrica de pastas cortas La Pasiega, en la capital, consideró que «la edad de la persona para ocupar un puesto de trabajo no debe ser determinante».

La santiaguera Yaysmara Maritza Medina, de 30 años de edad y profesora de Física del instituto preuniversitario urbano Elvira Campo, en el municipio de Songo-La Maya, opinó que los más idóneos «deben ser los trabajadores que más resultados tengan. No podemos pensar en años trabajados sino en logros».

Entre quienes opinaron que los jóvenes podrán estar en situación desventajosa, afloró el planteamiento de que pocos años de trabajo no pueden competir con el tiempo acumulado por otros más antiguos en determinada profesión.

En sentido general, surgió entre los encuestados la exhortación, para evitar competencias desleales, a que el proceso de selección de los más idóneos sea un análisis profundo y riguroso, animado por la transparencia y toda la justeza.

Tiempo al tiempo... para competir en buena lid

Al acudir con interrogantes y con miradas en las cuales este diario advirtió preocupación entre la gente por la suerte de los «nuevos», varios especialistas del MTSS compartieron definiciones que disipan inquietudes alusivas al destino laboral de los más jóvenes.

Sin duda una medida esencial es la que establece que los jóvenes, si están en la etapa de servicio social o de adiestramiento laboral, no formarán parte del proceso de reducción de plantillas infladas.

Eso tiene el propósito de que ellos continúen su preparación y complementen su formación en aras de un mejor desempeño profesional. Es una idea que deja intacto el interés prevaleciente en la sociedad socialista cubana, por la formación de sus nuevas generaciones en el ámbito laboral.

Como parte de los cambios de mentalidad a que estamos abocados, la etapa de servicio social deberá ser vista como un tramo de oportunidades además de como un deber, sobre todo si pensamos que en los tiempos por venir —cuando el proceso de reordenamiento laboral en función de eliminar plantillas infladas haya caminado sobre rieles— los recién graduados serán recibidos, atendidos y tutoreados, en un espacio laboral, por trabajadores de idoneidad más que probada.

¿Qué sucede con los jóvenes cuando ese período termina? ¿Acaso ellos serán analizados en un proceso de disponibilidad, a la par de quienes tengan 20 o más años de experiencia?

Sí —afirmaron los especialistas del MTSS—, pudieran ser analizados si en sus centros de trabajo se realizan procesos de disponibilidad, porque la antigüedad no es la que da la idoneidad demostrada, principio por el cual se van a regir los procesos de reducción de plantillas infladas, y que comprende los requisitos generales siguientes:

A) realización del trabajo con la eficiencia, calidad y productividad requeridas.

B) cumplimiento de las normas de conducta de carácter general o específicas y las características personales que se exigen en el desempeño de determinadas ocupaciones o cargos, establecidas en el reglamento disciplinario interno de la entidad.

C) calificación formal, expresada en los certificados de estudios o títulos, en correspondencia con los requisitos exigidos para la ocupación o cargo que aspira a desempeñar.

En menos de seis meses un joven difícilmente habrá podido demostrar su idoneidad. Pero un período de hasta tres años —el cual incluye las etapas de servicio social y adiestramiento laboral—, sí puede ser suficiente para dar pruebas de que se poseen conocimientos, capacidad de entrega y perspectivas de desarrollo.

Si dos optan por una plaza, se quedará el que mejor se desempeñe en la actividad. Es algo que connota un desafío lo mismo para los más jóvenes que para quienes peinan canas.

A fin de cuentas, lo importante será trabajar y hacerlo bien, sin caer en trampas de disquisiciones generacionales. «El país —como dijo un joven a este diario— está buscando que se quede en un empleo el que más rinda, el que mejor lo haga, y eso es lo que hay que atender».

Esta voluntad expresada en decisiones que protegen a las nuevas generaciones de cubanos, acontece en un escenario mundial signado por la incertidumbre: el desempleo de los jóvenes y la falta de perspectiva para su solución marca negativamente la vida social y económica de muchos países. Según publicaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), a finales del 2009, de los 620 millones de jóvenes económicamente activos en el planeta, entre 15 y 24 años de edad, 81 millones estaban sin empleo (el número más alto de la historia).

Redireccionando

Como ser joven no significa una ventaja per se en el universo laboral, si alguno no resulta ser el más idóneo, puede quedar disponible.

«Posibilidades para la reinserción laboral existen en el propio sector estatal, en actividades tan importantes para el futuro del país como la agricultura, la construcción, y en otras en las que la fuerza laboral juvenil pudiera aportar sus esfuerzos, y así contribuir al desarrollo que demanda nuestra economía», señaló una funcionaria del MTSS.

Se han adoptado decisiones que contribuyen a la incorporación y permanencia de los más jóvenes en el empleo, y a su desarrollo profesional. En el caso, por ejemplo, de una madre que sea declarada disponible, si esta tiene a su hijo asistiendo al Círculo Infantil, podrá seguir contando con esa institución siempre que se incorpore al trabajo, ya sea estatal o por cuenta propia.

En cuanto a los que estudian en la Educación Superior y resulten disponibles, mantendrán el derecho de seguir asistiendo a sus aulas.

Los jóvenes también podrán acogerse al trabajo por cuenta propia como una alternativa de empleo. Y a los efectos de la seguridad social, se les reconocerá como tiempo de servicio aquel que hayan laborado en el sector estatal, y el que acumulen desarrollando esta actividad.

Los saldos de la exigencia

Los caminos conducen a mayor entrega, a que cada cual ofrezca lo mejor de sí; y confieren a los cubanos, tengan la edad que tengan, la posibilidad de aportar al país desde el lugar donde sean más útiles, y desde la actividad para la cual estén mejor preparados.

«Lograr la confluencia entre lo que uno puede hacer, y lo que se necesita en el espacio al cual se pertenece, tiene gran trascendencia no solo para los ciudadanos, sino también para la sociedad en su conjunto», reflexionó la directora de Empleo María Victoria Coombs.

El socialismo cubano está abriendo a las nuevas generaciones puertas hacia un escenario donde aportar más. Resultaría imperdonable, llegado el momento, poder demostrar capacidades y no hacerlo.

Atrás tendrá que quedar —y este es un tema insoslayable en primer lugar para la familia cubana— la mala costumbre, el espejismo de dar a los «nuevos» el pescado en la boca, cuando lo que urge es darles la vara y enseñarles cómo pescar. Solo así el día que alguien anuncie a un joven trabajador: «Llegó el momento de demostrar que tú puedes», a él no le temblarán los ímpetus.

Sobre los Comités de Expertos:

•Están compuestos por cinco o siete miembros, de los cuales uno se designa por la administración, otro por la organización sindical y los restantes son trabajadores elegidos en asambleas.

•La elección de los trabajadores para integrar el Comité de Expertos (CE) se realiza, por medio de proposiciones en la asamblea general de trabajadores del área, por el método de votación abierta, basado en los principios de la mayor democracia.

•El CE toma sus decisiones por mayoría de votos. Los miembros expresan sus criterios y votan a título personal y el de cada uno tiene igual valor.

•La decisión del CE se convierte en una recomendación que se emite por escrito al jefe facultado que realizó la solicitud, dentro de los tres días hábiles posteriores a su reunión de conclusión. De no poderse cumplir con ese término se le solicita una prórroga al jefe facultado y este comunica al interesado la causa de la prolongación de la toma de su decisión.

•El CE analiza la solicitud de valoración del asunto y emite su recomendación al jefe facultado, el que adopta la decisión final.

•La dirección de la administración suministra, a solicitud del CE, los expedientes laborales, y hojas resumen, registros, documentos y cualquier otra información necesaria para que dicho Comité emita su recomendación, tanto de los recién incorporados al empleo como de los provenientes de otro centro laboral.

•Los miembros del CE no pueden comunicar criterio alguno a los trabajadores involucrados en el asunto que se analiza ni a otras personas sobre los aspectos tratados en las reuniones.

•El miembro del CE se abstiene de participar en la reunión, cuando se analiza un asunto en que él sea objeto de análisis o por razones de amistad, familiaridad o enemistad conocida.

•Los jefes facultados para tomar las decisiones, ni la persona que ostente el nivel superior de dirección de la organización sindical deben integrar el CE.

•El CE asesora al jefe de la entidad con relación a si es injustificada la no aceptación por los trabajadores de la propuesta de reubicación laboral.

•Los miembros del CE se ratifican o renuevan cada dos años. Son sustituidos en cualquier momento por dejar de reunir las condiciones exigidas para el desempeño de sus funciones, por terminación de la relación laboral, por jubilación, fallecimiento u otras causas justificadas. La sustitución por otro, si es de los elegidos, debe producirse dentro de los 15 días naturales posteriores a los que se produjo la baja y su relevo es aprobado en asamblea con todos los trabajadores del área.

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