El 28 de febrero decenas de niñas murieron en la escuela Shajareh Tayyebeh cuando Israel y Estados Unidos comenzaron los ataques iniciales contra Irán. Autor: Al Jazeera Publicado: 09/03/2026 | 11:26 am
Con el repudio casi general al bombardeo a la escuela de niñas Shajarah Tayyebeh, en la ciudad iraní de Minab, Estados Unidos quiere culpar a Irán del ataque que dejó más de 165 víctimas inocentes, el que primero se achacó a Israel y una investigación del diario The New York Times concluyó que fueron bombas estadounidenses; el Presidente lanzó su versión, sin importarle lo inconcebible: declaró que Irán fue quien atacó el colegio de enseñanza primaria.
La situación fue esta: «En mi opinión, basándome en lo que he visto, fue Irán quien lo cometió», declaró desde el Air Force One, y el secretario de Guerra, Pete Hegseth, no fue tan rotundo, señalando que la investigación estaba en curso, pero le hizo el juego a su jefe al declarar con total desparpajo: «El único bando que ataca a civiles es Irán».
Como el asunto ha llegado a la ONU, le tocaba al embajador Michael Waltz, un exoficial de las fuerzas especiales del Army, sostener la incierta afirmación presidencial, pero se fue con la versión del segundo: «Como dijo el secretario Hegseth, se está investigando», aunque también se protegió de una mala apreciación de Trump sobre su lealtad: «Como veterano, puedo decirles, sin lugar a dudas, que Estados Unidos hace todo lo posible para evitar víctimas civiles. A veces, por supuesto, se cometen errores trágicos», y cualquiera que sepa leer entrelíneas la masacre de las niñas sería uno de esos «errores trágicos».
Waltz merece algunas líneas más, porque el cargo de embajador en ONU, fue un descenso notable en su carrera, dado que estuvo entre los primeros purgados por el mandatario en su gabinete original de enero de 2025, donde estaba en un escalón bien alto, asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, prácticamente el brazo derecho del Presidente.
Entonces falló en grande cuando fue la figura principal en el escándalo que se llamó Signalgate, y perdió totalmente la confianza que se había ganado como uno de los más leales y furibundos defensores de Trump desde su banca como representante por la Florida en el Capitolio de Washington D.C., y durante la campaña electoral al frente de Veterans for Trump.
Recordemos qué fue el Signalgate. Waltz incluyó en una sala de chat de Signal a un periodista, Jeffrey Goldberg, editor jefe de la revista The Atlantic, y este, ni corto ni perezoso, aprovechó lo que iba conociendo y lo hizo público, nada más y nada menos que lo que publicaban varios secretarios del Gobierno sobre los preparativos de un ataque militar realizado por Estados Unidos en Yemen. Y así fue puesto Waltz de patitas en la ONU, dejando atrás asuntos como Rusia y Ucrania y las pretensiones de Trump sobre Irán.
¿Le perdonará esta de no apoyar resueltamente su versión de que Irán puso las bombas?
Más los asideros presidenciales tienen otras telas por donde cortar.
Los modos del presidente Donald Trump no cambian cuando se trata de obtener lo que quiere y le conviene. Este domingo 8 de marzo amenazó con no promulgar ningún proyecto de ley —lo que quizá sea muy conveniente para el resto del mundo—, hasta que el Senado apruebe la llamada Ley para la Protección de la Elegibilidad del Votante Estadounidense (SAVE American Act) con la que intenta controlar las elecciones de medio tiempo de noviembre próximo que, si nos atenemos a las encuestas, pueden serle adversas a los candidatos republicanos y perder la trifecta, es decir el control de ambas Cámaras del Congreso, mal presagio para su poder ejecutivo.
Esta SAVE American Act, nada salvadora, estipularía que el votante debe presentar certificación de ciudadanía, no permite el voto por correo excepto para los militares (enfermedad o discapacidad), un proceder más utilizado por los demócratas, y que ya fue aprobada por los representantes, pero que es posible se atasque en el Senado, donde Trump quiere que sus correligionarios lleven a que no sea necesario el 60 por ciento a favor, que solo se apruebe con el 51 por ciento que sí lo tiene asegurado.
Se prepara el campo para garantizar una estancia placentera a Trump en la Casa Blanca, o mejor o más exacto, en la sucedánea de Mar-a-Lago.
