Mamá de chimpancé a tiempo completo

Especialistas del Parque Zoológico de La Habana desafían los embates de la cotidianidad para garantizar la supervivencia de especies

Autor:

Patricia Cáceres

Dicen que el amor de madre es insustituible. Sin embargo Adrián, el chimpancé más joven del Parque Zoológico de La Habana, podría atestiguar lo contrario.

Al nacer, su progenitora, la mona Mini, no quiso ocuparse de amamantarlo ni de atender sus necesidades básicas. Haber crecido en un lugar desprovisto de manejo reproductivo, y la consiguiente imposibilidad de ver a otra primate criar, anularon en ella todo instinto materno.

En la vida salvaje la muerte de la cría hubiera sido inminente. Pero en el zoológico habanero los especialistas procuraron darle una segunda mamá al pequeño, y con ello otra oportunidad para vivir.

Los desvelos de Martha

Desde el pasado marzo la licenciada Martha Yanes cuida a Adrián en su propia casa. Grandes son los esfuerzos de la especialista para garantizar la alimentación, higiene y bienestar del animal, cual si fuera su madre original.

Lavar culeros sucios, preparar la leche, hervir el agua, velar por el sueño del pequeño… forman parte de su rutina diaria, pues como ella misma diría «es igual o peor que atender a un bebé».

Y por si fuera poco, Adrián requiere un trato más esmerado del habitual para esos casos, porque al nacer no recibió el calostro de su progenitora. Dicha sustancia es fundamental para el sistema inmunológico de la cría, y se transmite durante los primeros días de vida a través de la leche materna.

«Duerme alrededor de 18 horas diariamente. Por las noches lo coloco en una cajita sobre un butacón a los pies de mi cama. Pero debo levantarme varias veces de madrugada porque llora y pelea cuando se siente orinado, defecado o cuando tiene hambre», explicó Yanes.

«También tengo que usar ropas anchas y grandes trapos, porque el chimpancé está preparado para estar agarrado de los pelos de su madre el primer año. Poseen en los dedos un mecanismo que les permite sostenerse y no soltarse aunque la mona salte o corra.

«Eso debo suplirlo con las telas y con una almohadita que le coloco en la cajita por las noches, porque de lo contrario chilla, se orina, se estresa…», apuntó.

Pero si bien pudiese parecer una tarea titánica, incluso imposible para muchos, Martha la cumple con eficiencia y desenfado. Y es que Adrián es el chimpancé número 27 que la especialista acoge en su regazo.

«He tenido ejemplares desde pocas horas de nacido, como este, hasta de dos o tres meses, e incluso jimaguas; aunque la política de nuestro zoológico es evitar la crianza artificial, salvo en aquellos casos en que la madre no los quiera, no tenga leche o fallezca», dijo.

«Esto se hace sobre todo con especies que no son endémicas y resultan difíciles de adquirir, a menos que se trate de un intercambio o una donación. En esos casos el zoológico hace un esfuerzo por garantizarles leche, jugos, los utensilios básicos… y la cría permanece solamente entre dos y cinco meses con el cuidador», añadió.

Aún cuando sabe que su lanuda compañía no va a durar por mucho tiempo, a lo sumo cinco meses, Martha no se entristece al hablar de la separación.

«Cuando vaya para el zoológico lo voy a seguir viendo y a seguir trabajando con él. Qué mayor satisfacción que ver luego cómo crece y tiene más hijos. Qué mayor alegría que ver vivos y saludables a mis propios “nietos”», expresó sonriente.

Pero el nacimiento de Adrián dista mucho de haber sido fortuito y mucho menos precipitado.

Según el Doctor Jorge A. Hernández Blanco (Yoyi), vicedirector técnico del también denominado Zoológico de 26, desde hace cinco años el parque había suspendido la crianza de chimpancés porque desde entonces la jaula adecuada para el manejo reproductivo —provista de determinadas dimensiones, refugios y pases— está en muy mal estado.

Tampoco disponen de suficientes técnicos para garantizar turnos permanentes de vigilancia de las crías, que suelen ser muy exigentes en su atención durante los primeros meses de nacidos.

«Sin embargo se hizo urgente obtener nuevos ejemplares de la especie, porque solo contamos con un semental que ya está viejo, y otro más joven que no sabe cómo montar a las hembras, ya que nunca ha podido ver a un congénere hacerlo», refirió Hernández.

«Decidimos entonces preparar la cópula en una jaula de la clínica, aún cuando no tuviese las condiciones idóneas, y de ahí nació Adrián, otro machito prometedor», agregó.

S.O.S. Felina

Desde hace algún tiempo el Parque Zoológico de La Habana, en coordinación con el Nacional, lidera una estrategia reproductiva para salvar el jaguar en Cuba.

Al ser una especie en peligro de extinción se hace muy difícil adquirir un ejemplar de cualquier región del mundo. De ahí que la reproducción constituya el único camino para garantizar su conservación en la Isla.

«Teniendo en cuenta nuestras dificultades con la leche, que nos entra de manera muy irregular, se coordinó con el Zoológico Nacional para que nosotros propiciáramos la monta en nuestro parque y que ellos desarrollaran las crías allá», refirió el vicedirector técnico.

«Recolectamos una jaguar del zoológico de Villa Clara y otra de Sancti Spíritus, más la que tenemos nosotros junto a dos machos. Con ese fondo reproductivo se comenzó a hacer el manejo», destacó.

Uno de los momentos más complicados dentro de la estrategia, donde entran en juego la experiencia y el tino de los técnicos del zoológico, es cuando se intenta poner a una hembra y a un macho jaguar en una misma jaula.

Según explicó Hernández, por lo general en vida libre estos animales son solitarios y solo se encuentran ocasionalmente en determinados territorios para copular.

Por ello —dijo— resulta imprescindible la labor de los técnicos, que son los responsables de detectar cuándo la hembra está en celo, cuándo es el momento propicio para unirla al macho, cuándo debe quitársele, si el apareamiento fue exitoso, el número de montas…

«Ella cambia su conducta cuando está en celo; emite un sonido peculiar. Pero debemos esperar varios días para estar bien seguros, porque si le ponemos al macho antes de tiempo se pueden agredir, y tenemos que separarlos mediante órdenes o con mangueras de agua», indicó Jorge Carbajal, técnico del área de los grandes felinos.

«Cuando hemos tenido nacimientos, somos los únicos que podemos entrar al área durante varias semanas. Cuando la madre siente olores o ruidos extraños pueden devorar a sus hijos como un instinto de conservación. Es por ello que tocamos a los jaguares recién nacidos lo menos posible, a menos que sea imprescindible», añadió.

Según Hernández, hasta la fecha se han obtenido de manera satisfactoria siete crías de esta especie, gracias a la estrategia reproductiva.

«Pero el Parque Zoológico de La Habana no es el dueño de esos animales. Nuestro sentido de pertenencia es a nivel de país. Y pudiera ser que en el futuro compartamos algunos de nuestros logros con el continente americano, que carece tanto de jaguares».

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