¿Droga?, por aquí no pasa

Bajo esa convicción jóvenes guardafronteras y miembros del destacamento Mirando el mar velan nuestras costas

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Amanecía. El imponente Yunque de Baracoa se desdibujaba entre las sombras de los rayos del sol, que auguraba un caluroso día. Como de costumbre, a esa hora Erieldis Rodríguez, Roilán Reina y Yuniesker Durán desayunaban en la capitanía del puerto donde cumplen su Servicio Militar Activo.

Los tres jóvenes comentaban los sucesos del día anterior tranquilamente y añoraban experiencias «de película», de esas en las que el cumplimiento exitoso de una misión se traduce en bienestar para una nación y su pueblo.

—¡Preparación rápida!, ordenó el capitán, luego de una repentina llamada del puesto de mando.

En solo cinco minutos los soldados estuvieron listos y supieron que no se trataba de un ejercicio práctico, sino de la necesidad real de frenar el avance de una lancha foránea que trasladaba droga por las aguas jurisdiccionales cubanas, como ocurre frecuentemente.

Valor, decisión y excelente preparación física... Esos son los ingredientes fundamentales que según Erieldis, Roilán y Yuniesker debe tener un joven guardafronteras para no titubear cuando debe lanzarse al mar, para no sentir miedo en el momento de enfrentarse a quienes, inescrupulosamente, forman parte del tráfico ilegal de determinadas sustancias.

«Es tanta la emoción que se siente que olvidamos por momentos el riesgo que corremos, justo cuando nos movemos a 45, 46 nudos de velocidad. El único pensamiento que guía nuestras acciones es el de salvaguardar Cuba y evitar que esos desalmados y su mercancía lleguen a ella», comentó Erieldis.

Roilán recordaba con exactitud cada detalle de la operación. Fue una persecución durante 12 millas, trayecto en el que los cinco tripulantes de la embarcación arrojaron al mar toda la mercancía que traían y abordaron otra nave para escapar. Aunque ubicaron el lugar exacto en el que la vertieron, la droga «navegaría» entre corrientes y sabían que la urgente prioridad era impedir que fuera tomada en tierra cubana.

Aunque han participado en otras misiones similares, Yuniesker reconoce que cada una encierra un gran desafío, una verdadera prueba de fuego que no da margen a la inseguridad o a pensar demasiado.

«En el instante en que llaman a nuestra unidad la responsabilidad está en nuestras manos y sin dejarla caer, ni por un minuto, hacemos lo que sea preciso», añadió.

Gracias a la entereza y disposición que demuestran jóvenes como ellos, los más de 30 hechos similares que han acontecido en la zona de Guantánamo, en lo que va del presente año, han sido enfrentados exitosamente. No obstante, su accionar no es la única clave del triunfo, pues en el recalo masivo de esa droga que puede llegar a la Isla es necesario el empeño de las fuerzas de las Tropas Guardafronteras y hasta el de la población.

Conciencia para evitar

La razón de ser de las Tropas Guardafronteras se relaciona con misiones de rescate y salvamento, protección a nuestros dirigentes y sobre todo con el enfrentamiento a actividades terroristas, de tráfico de personas y de narcotráfico internacional.

Esta última es una de las más frecuentes en la zona oriental del país, teniendo en cuenta la cercanía al llamado «corredor de la droga», a través del cual se transportan sustancias como marihuana y cocaína desde Jamaica hasta las Bahamas o en el sentido contrario.

Alejar esas embarcaciones de nuestra jurisdicción es el objetivo principal de la primera parte de las acciones, como las que protagonizaron los tres jóvenes de Baracoa el pasado mes de marzo.

Sin embargo, localizar y recalar toda la droga que llegue a tierra es el trabajo más difícil, como apunta el mayor Iván Martínez, jefe del Órgano del Trabajo Operativo del Destacamento de Tropas Guardafronteras de Guantánamo.

«Cuando ya el país se ve afectado, concretamente, por este tipo de actividad, es decir, cuando es latente la amenaza de que la droga llegue a tierras cubanas y pueda ser tomada por alguien, se desata la Operación Barrera, en la que se necesita la cooperación de todos, incluyendo a la población, especialmente la que vive cerca de las costas», explicó.

Playa Duaba y Playa Toa, por ejemplo, fueron los escenarios de mayor actividad de recalo a partir de este último suceso, informó Martínez, y gracias a la notificación rápida de los vecinos de la zona que la avistaron,  pudieron agruparse más de 1 700 kilogramos de peso bruto y más de 1 600 de peso neto de marihuana.

«La población es un eslabón fundamental en esta cadena de enfrentamiento desde su participación en los destacamentos Mirando al Mar, no solo por el componente educativo que incentivamos siempre para evitar el contacto y consumo de estas sustancias, sino porque comprenden lo perjudicial que puede ser para nuestra sociedad y por ello actúan con rapidez», agregó.

Así lo confirmó Rafael Jiménez, vecino de Playa Duaba, quien con casi 90 años se declaró ferviente colaborador de todo cuanto hiciera falta para «quitar la hojarasca» que pueda dañar a la Revolución y su pueblo, motivo por el cual integra el destacamento desde su fundación.

«¿Se imagina cuántas veces en mi vida he informado de la presencia de paquetes de droga en esta orilla? Siempre he estado consciente de lo importante de actuar rápido, y así se lo he transmitido a mis hijos, que también viven aquí», enfatizó Rafael, mientras caminaba por la arena.

Luego de ser hallado en costas cubanas, la garantía de que todo salió bien, está en la vigilancia permanente de ese producto, custodiarlo durante su traslado y estancia en un cuarto de depósito con las condiciones idóneas, y su posterior destrucción e incineración, procedimiento imprescindible.

Pero desde el inicio, desde que los jóvenes guardafronteras se lanzan a la persecución de cuanta embarcación sospechosa navegue por nuestras aguas, es sabido que la operación culminará exitosamente, porque el respaldo popular que se necesita y el convencimiento unánime de que nada puede entorpecer el buen camino de nuestra sociedad no se nubla con el efecto de ningún narcótico.

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