A prueba de fuego celestial

Sin buscar trofeos premeditadamente, los integrantes de una cooperativa granmense, merecedores de la Bandera de Honor, demuestran que se puede «derrotar» al Sol

Autor:

Osviel Castro Medel

MANZANILLO, Granma.— Llegamos a pleno mediodía, casi con la piel hirviendo por las llamas que nos lanzaba el Sol en el camino polvoriento. Y a esa hora, inauditamente, observamos a algunos en el surco.

Tal vez por esa tenacidad a prueba de fuego celestial—pensamos—, es que los integrantes de la cooperativa de producción agropecuaria (CPA) Omar Rivero no conocen, como en otros lugares, de estancamientos y frustraciones productivas.

Alfredo Santiesteban, un ingeniero agrónomo encargado de fecundar frutales, fue el primero en salirnos al paso y hablarnos de los esplendores de esta CPA cañera, ubicada en las afueras de Manzanillo y que recibió la Bandera del Honor, otorgada por el Consejo de Estado a propuesta del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Justamente este profesional, de 32 años de edad y secretario del comité de base de la UJC, estuvo entre los que más batallaron para ganar ese reconocimiento, el máximo que se otorga a colectivos juveniles con resultados relevantes.

«No trabajamos por una bandera, sino por hacer las cosas bien», nos dice. Y comenta que esa entidad de 280 trabajadores, aunque se afinca más en el cultivo de la caña (en 1 093 hectáreas) posee también frutales, áreas forestales, cultivos varios, cerdos, equinos, aves, ovinos, vacas… Y que una parte del éxito ha nacido por esa diversificación de las producciones y por la aplicación rigurosa de la ciencia y la técnica.

«Pero sobre todo, porque hemos logrado la vinculación del hombre al área y el pago por resultados. Aquí no bajamos de los 625 pesos mensualmente», nos aclara. Luego toca un tema sensible que atañe a todo el campo cubano: mientras en otros sitios la atención al hombre se torna un concepto abstracto, en la cooperativa sí llega a la piel de los trabajadores.

Y como para reafirmar sus palabras se suma a la conversación Osdanis Ramón Hernández, obrero agrícola de 32 años de edad que cada día se levanta a las 5:00 de la mañana para irse «a la pincha», según sus palabras. «Ca-da semana nos venden a precios módicos una jaba con frijol, arroz y viandas; y no faltan los medios para trabajar», expone.

En medio de esos elogios, Alfredo nos mostró algunos de los laureles de la Omar Rivero: trofeo de oro por seis años consecutivos por alcanzar altos resultados cañeros, Premio Álvaro Reynoso, mejor CPA del país en la zafra 2008-2009, reconocimiento por mantener la condición de rentable durante las tres décadas de creada, Vanguardia Nacional durante ocho años…

Después, junto a Osdanis y Alfredo, atenazados por una temperatura irresistible, nos fuimos a recorrer los sembradíos, las «granjas» donde habitan 70 gallinas ponedoras, el sitio en el que pastan 290 ovinos y 110 caprinos, el organopónico, el área de autoconsumo y el vivero.

Observamos con estupor los frutales: aguacate, mango, zapote, frutabomba, marañón, coco, melocotón, acerola, guayaba, grosella, maracuyá, guanábana, mamoncillo, seis variedades de mango…

En el recorrido destapamos una paradoja: la cooperativa, con 32 jóvenes menores de 30 años, solo tiene siete militantes de la UJC. Aunque «pensamos crecer con cinco muchachos», explica Alfredo. Aun con tantos logros, el comité de base no ha logrado atraer a más jóvenes para hacerlos militantes, dice.

Alfredo señala que desean profundizar el proceso. «Aunque sin duda ese es uno de nuestros retos: conquistarlos y no solo con una Bandera de Honor», añade.

Andando llegamos a una pequeña industria, donde elaboran mermeladas, dulces y otros preparados. Nos enteramos de otros detalles encomiables: que los cooperativistas entregan una parte de sus producciones a la Casa de niños sin amparo filial de Manzanillo, y que en ocasiones han tenido que regar las producciones con pipas de agua, «hasta con latas».

Así nos vamos, después de un recorrido que nos ha «bronceado», admirando desde el camino polvoriento a los que todavía siguen luchando contra el Sol.

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