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¿La «fuerza» de un toro rojo?

Pese a que se disparan las alertas médicas relacionadas con el riesgo para la salud del consumo de las denominadas bebidas energéticas, la moda y el ansia por consumirlas crece. Los adolescentes y jóvenes cubanos no escapan a tal tendencia

Autores:

Ana María Domínguez Cruz
Alejandro Rojas Espinosa
Javier Roque Martínez

Faltaban tres días para la gran actuación. Los ensayos terminarían en pocos días, pero su personaje no fluía. Se sentía cada vez más presionada, no se había aprendido el libreto y tampoco dominaba las escenas. Las 24 horas le parecían cortas y el estrés no la dejaba concentrarse. Ante la inminente llegada del estreno, decidió probar con una Red Bull que, según había escuchado, le levantaría los ánimos y le haría ganar tiempo.

A Yaremis solo le interesaba el fin y no los medios. Tenía que probar todas las alternativas posibles para triunfar, nos dijo, pero una lata se convirtió en dos, y estas terminaron, después de unas horas, en ocho.

«Al rato de tomarme la última sentí un ligero mareo y la presión comenzó a bajarme. Mis amigos me dieron a beber un refresco de Cola para reanimarme, pero esto solo empeoró la situación. Un fuerte dolor en el pecho y convulsiones fueron el resultado de mi novatada que, por suerte, no fue peor porque me llevaron rápidamente para el hospital».

Con solo 26 años, esta muchacha, que siempre soñó con actuar y ser reconocida por su trabajo, podía haberlo perdido todo. Su organismo sufrió las consecuencias de haber llegado al punto más alto de excitación por el consumo de esa bebida energética, y luego el refresco agravó el problema.

Hoy Yaremis continúa preparándose en el taller de actuación de su comunidad y asegura que, aunque vuelva a vivir una situación tan tensa como esa, no cometerá el mismo error.

«Ni loca vuelvo a tomarla, o por lo menos, no más de una. Los nervios y las ganas de tener más rendimiento para asumir los ensayos y la obra me llevaron muy lejos… terminé en un hospital y nadie sabe qué hubiera pasado si no llego a tiempo».

Como Yaremis, algunos jóvenes en el país consumen este tipo de bebidas con el objetivo de lograr una mayor ventaja y «disparar» sus capacidades físicas, sin conocer las consecuencias que una ingestión desmesurada puede ocasionar.

¿Qué son y qué componentes tienen las bebidas energéticas? ¿Conocen los jóvenes y sus familias los resultados del abuso en su consumo o de su combinación con el alcohol? Acerca de estas interrogantes, el desconocimiento e ideas erróneas asociadas a ellas, este equipo de reporteros indagó en las experiencias de adolescentes y jóvenes de la capital.

Entre un «monstruo» o un «perro negro»

Las denominadas bebidas energéticas, deportivas o hipertónicas carecen de alcohol y poseen algunas propiedades estimulantes, y están dejando a sus dueños buenas ganancias. Ayudadas por la propaganda, desde hace más de una década han inundado el mercado mundial ofreciendo al consumidor supuestas virtudes regeneradoras contra la fatiga y el agotamiento, además de que la publicidad desmedida en torno a ellas asegura que aumentan la habilidad mental y desintoxican el cuerpo, sin que por ello deban confundirse con las rehidratantes.

Están compuestas principalmente por cafeína, varias vitaminas, y sustancias naturales orgánicas como la glucuronolactona. Las más famosas, con nombres en inglés en los que no falta la ferocidad, son la Monster (monstruo), Dark Dog (perro negro), Burn (quemar) y Red Bull (toro rojo).

Parte de la sensación producida por estos «brebajes», según artículos científicos publicados en Internet, se debe a un efecto que se origina por la acción de sustancias psicoactivas que actúan sobre el sistema nervioso central, como la cafeína, por ejemplo, que logra aumentar los niveles extracelulares de los neurotransmisores noradrenalina y dopamina en la corteza prefrontal del cerebro.

Sus dueños, incluso, afirman que la bebida del Toro Rojo fue creada para, supuestamente, estimular a personas sometidas a un gran esfuerzo físico y en «coma de estrés», pero no para ser consumida como un tónico inocente o refrescante.

Numerosas investigaciones le siguen los pasos a esta bebida, en las que se advierte, por ejemplo, que es peligroso tomarla mezclada con bebidas alcohólicas.

Sin embargo, un sondeo realizado por JR entre jóvenes capitalinos, arrojó que la mayoría se mantiene ajena a las consecuencias que puede tener para su salud el consumo irresponsable de estos llamados energéticos.

David, un joven de 19 años, afirma que siempre toma una Red Bull por noche, cuando va a salir, y que la mezcla con whisky. «Es como si me diera más fuerza, nunca llega el momento que me siento “abajo” en la fiesta».

«Para mí no significa nada, yo la tomo y no cambio mucho. Me gusta su sabor y por eso la consumo, porque no se compara al de ningún refresco, pero no abuso de ella», declaró Karla, de 21 años.

El precio es muy alto, más de dos CUC, nos dice Alberto, de 31 años, y es por eso que no bebe más. «Si de mí dependiera, a cada rato me tomaría alguna, es muy rica. Mis compañeros me la recomiendan, pero no creo que sepan que puede ser dañina».

Luis Manuel, de 21 años, prefiere no recordar la amarga experiencia que vivió por excederse. «Se me fue la mano y, dos días antes de la competencia de baloncesto de mi facultad, tomé mucho, y terminé con una arritmia, ingresado y sin poder jugar en el partido».

Otros como Israel, de 25 años, pueden haber pensado que las bebidas energéticas contribuyen a un mayor rendimiento sexual. «Realmente no la necesitaba, pero me tomé dos un día para que el encuentro con mi novia durara más, pero al final descubrí que era solo un mito. Fue todo como siempre, no hubo más ni menos».

¿Bebidas heroicas?

En los últimos tiempos se han disparado alertas médicas en diferentes partes del mundo relacionadas con el riesgo que entraña para la salud el consumo de este tipo de llamados «energizantes».

Medios periodísticos y científicos han abordado el tema, incluso asociado a la ingestión de bebidas alcohólicas, práctica insensata que ha ocasionado, en algunos casos, muertes inesperadas en personas aparentemente sanas.

En Estados Unidos, por ejemplo, las ventas de la Red Bull, que es la más demandada de su tipo, han alcanzado cifras superiores a los 9 000 millones de dólares anuales.

Precisamente en ese país, el número de ciudadanos que acudió a las salas de emergencia de los hospitales después de consumir bebidas energéticas se duplicó entre los años 2007 y 2011, según un informe de las autoridades federales de salud de Estados Unidos.

La Administración de Abuso de Sustancias y Servicios de Salud Mental de esa nación reveló que el 58 por ciento de las visitas a emergencias en el 2011 tuvieron que ver con ellas.

Según el estudio, la mayoría de los casos registrados fueron de adolescentes o adultos jóvenes, sector poblacional al que se dirigen las más diversas estrategias de la mercadotecnia, y los síntomas iban desde el insomnio, el nerviosismo, los dolores de cabeza y los latidos cardiacos acelerados hasta las convulsiones.

Muchos pueden pensar —erróneamente— que en nuestro país no hay razones para preocuparse, pero el riesgo sí está presente, afirma el Doctor en Ciencias Médicas Julio César Hernández Perera, especialista de segundo grado en Medicina Interna e investigador del Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (Cimeq).

«La globalización disemina modas y culturas consumistas en todas las regiones, sobre todo en adolescentes y jóvenes, que son los grupos sociales más vulnerables. En nuestro país, aunque el fenómeno se limita en cierta medida por los precios de estas bebidas, no deja de ser motivo de preocupación, teniendo en cuenta el desconocimiento que se tiene, en sentido general, de los peligros de su consumo irresponsable.

«El incremento de la atención, la resistencia, el rendimiento, la pérdida de peso, el buen humor, mayor velocidad de reacción en el metabolismo, entre otras, son algunas de las “ventajas” que se obtienen al ingerir estas bebidas», aunque en realidad, explica, no eliminan el agotamiento.

«Su “secreto” radica en las altas concentraciones de disímiles sustancias que las componen, entre las que la cafeína ocupa el lugar primordial. En una lata de estas bebidas puede encontrarse el triple de la concentración de esta sustancia, en comparación con una lata de refresco de Cola, por ejemplo», añadió el también profesor titular de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana.

La mayoría de estos productos, agrega el Doctor Hernández Perera, no declaran la cantidad de cafeína y se escudan en la presencia de ingredientes conocidos como «naturales», como el extracto del árbol ginkgo biloba que, al ingerirse, se dice aumenta la circulación sanguínea central y periférica y, por tanto, hace más eficiente la irrigación de los tejidos orgánicos. Quienes ansían tener más energía, vigilia y vitalidad, no tienen en cuenta la ausencia de esta información, y por ello las sobredosis, de forma inconsciente o accidental, pueden tener serias consecuencias.

«La intoxicación por cafeína, también llamada cafeinismo, se debe a su uso excesivo, digamos, de 500 miligramos o más al día. Es reconocida como un síndrome clínico debido a la dependencia de esta, incluido en la clasificación internacional de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud.

«El cafeinismo se define por la presencia de síntomas y signos causados directamente por el consumo de cafeína, e incluyen el nerviosismo, la ansiedad, la inquietud, el insomnio, los malestares gastrointestinales, los temblores, la taquicardia y la agitación psicomotora. De igual manera, se han asociado al mayor riesgo de desarrollar convulsiones, sobre todo en aquellas personas que tienen antecedentes de epilepsias y accidentes cerebrovasculares», destacó el especialista.

«Algunos expertos han declarado que el riesgo de la intoxicación por cafeína asociada a las bebidas energizantes, puede ser mayor que el causado por otros alimentos, al no advertirse este peligro en los envases y tener los consumidores la idea de que “más es mejor”. Si a ello le sumamos la ausencia de restricciones en las ventas, lo que permite que los adolescentes y los jóvenes puedan consumirlas libremente, el riesgo es mayor», puntualizó.

Estas bebidas incluyen en su composición glucosa y otros azúcares que estimulan el cuerpo (excepto las versiones dietéticas), pero no eliminan realmente la fatiga muscular ni el agotamiento en general, precisa Hernández Perera.

El alcohol y algunos medicamentos pueden prolongar el tiempo de presencia de niveles de cafeína en sangre, añade, y por eso este fenómeno también puede contribuir a sus efectos tóxicos.

«Esa es la razón por la que corren peligro quienes mezclan este tipo de bebidas con el alcohol, pues equivocadamente piensan que van a poder consumir mayores cantidades y evitar borracheras. Creen que no están ebrios y pueden darse casos como los de un coma etílico, además de un posible infarto causado por la mezcla de dos sustancias opuestas que actúan sobre el mismo órgano.

«De igual manera, también es ficticia la noción de que con estas combinaciones se puede preservar la velocidad de los reflejos, y por eso no es raro que se describa en el mundo el incremento de los accidentes de tránsito (en más del doble) asociados a esta mezcla.

Las personas, y en especial los jóvenes, deben conocer los riesgos del consumo de grandes cantidades de cafeína, como el que se deriva de la ingestión de las bebidas energéticas. No se trata de ser extremistas, sino de ser responsables y no consumirlas en exceso en busca de “efectos heroicos”, mucho menos cuando se tengan trastornos del sueño, hipertensión arterial o un tratamiento médico, señaló el galeno.

Energía con vigor

A pesar de que la Red Bull acapara la atención de los consumidores de bebidas energéticas por su estética y su popularidad en el mercado, nuestro país tiene su propia versión de este tipo de bebidas, más saludable.

La ingeniera Rita María Piñera, directora de Marketing de la Empresa Los Portales S.A., explicó que desde el año 2008, cuando se decidió lanzar al mercado una bebida energética cubana, podemos encontrar Vigor en los diferentes puntos de venta, con un precio más asequible para la población.

«Este es un producto que por sus porcentajes no elevados de cafeína (32 mg) y taurina (400 mg) —además de las vitaminas B2, B3, B5 y B6— produce efectos de vitalidad y energía física como toda bebida energética, pero es mucho más saludable pues en su composición no aparece la glucuronolactona. Además, especificamos en cada lata que esta bebida no debe ser consumida por niños, embarazadas, mujeres lactantes y personas sensibles a la cafeína, y que tampoco debe mezclarse con alcohol.

Javier, de 17 años, manifestó que la Vigor tiene el sabor de un refresco Cola, y realmente él no siente una reacción de energizante en su organismo, por lo que prefiere, en todo caso, tomar el refresco que es más barato y sabe igual.

Su contemporánea Yusleydis dijo que «se queda» con la bebida del Toro Rojo. «Una vez probé la bebida energética cubana, que es más barata —menos de 1 CUC—, a ver si me era más factible, pero después de tomarme cuatro, me percaté de que apenas percibía algún efecto.

Amalia, de 25 años, confiesa que prefiere la versión cubana de estas bebidas, no solo porque no puede costearse las foráneas con frecuencia, sino también porque le agrada su sabor, parecido al de un refresco.

El veinteañero Darío se suma a los que recurren a las bebidas energéticas para estar atento en las noches y ganar en rendimiento y tiempo en sus estudios, pero aclara que lo logra con Vigor, que además de los resultados es mucho más barata que otras.

Leordanis asegura que esta también le gusta y que incluso la usa para mezclarla con ron, pero no siempre la encuentra con facilidad en los puntos de venta.

La Empresa Los Portales S.A. se propone un relanzamiento de la bebida energizante cubana, adelantó Rita, con algunos cambios en su composición y diseño, con el objetivo de lograr más aceptación entre la gente, pero los estudios preliminares aún se encuentran en desarrollo.

No obstante, otros como el joven Nicolás Jiménez, de 22 años, opinan que lo relacionado con las bebidas energéticas debe ser más sugestión que otra cosa.

«Creo que el efecto psicológico es más fuerte que cualquier otro, porque yo he tomado varias bebidas energéticas y no siento la diferencia en cuanto a mi estado de ánimo. Además, la gente ya sabe que la Red Bull es famosa en el mundo, ¿quién va a decir que no siente nada cuando la toma? Muchas veces, todo está en la mente», acotó.

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