El rescate de Fidel

Tras el asalto al Moncada, dos hombres le salvaron la vida al Comandante en Jefe: uno fue el teniente Pedro Sarría, oficial del Ejército batistiano, y el otro un joven llamado Ricardo Máximo Santana Martínez, nacido en Fomento, Las Villas

Autor:

Luis Hernández Serrano

En dos ocasiones, tras el asalto al Moncada, dos hombres le salvaron la vida al Comandante en Jefe.

Uno fue el teniente Pedro Sarría, oficial del Ejército batistiano que impidió su asesinato a manos de los sicarios de la tiranía al sorprenderlo en un vara en tierra en las inmediaciones de la Gran Piedra.

El otro fue cuando Fidel, luego de dar la orden de retirada en el Moncada, solo en la calle, bajo una lluvia de balas, comenzó a retirarse, de espaldas y disparando hacia el cuartel. Inesperadamente un auto se le acercó desde el frente de la Posta 3 y él lo abordó.

Fidel lo contó así a Ignacio Ramonet: «Estaba solo frente a la entrada del cuartel (…) me rescata en ese momento un auto de los nuestros (…) viene en dirección a mí, llega hasta donde estoy y me recoge. Era un muchacho de Artemisa, que manejando un carro con varios compañeros dentro, entra donde estoy y me rescata (…) Santana se llamaba (…) Por ahí debe haber cosas escritas o testimonios sobre aquel episodio».

El joven fue Ricardo Máximo Santana Martínez, nacido en Fomento, Las Villas, el 9 de junio de 1930, pero criado en Pinar del Río.

Ricardo Santana, en el Palacio de la Revolución, el 20 de julio de 1983, habló con Fidel cuando este departió con sus compañeros moncadistas.

Le dijo al Comandante en Jefe que él podía contar cómo se había retirado del Moncada. Y le dio los detalles:

—Un carro se le acercó de marcha atrás, en medio de la balacera y usted subió a él. ¿Recuerda que usted quería atacar el cuartel de El Caney y el chofer le dijo que eso era una locura, que allí sabían lo sucedido en el Moncada y de seguro los iban a estar esperando, y      entonces usted le dijo unas cuantas palabras bien duras?

—¡Verdad que sí! ¿Y cómo tú sabes todo eso?

—Comandante, aquel chofer era yo.

La grabación donde Santana cuenta todo eso a sus familiares aparece transcrita en el libro El artemiseño que rescató a Fidel, del teniente coronel de las FAR Enrique Garcés Montero:

«Veo a un oficial caminando de espaldas, disparando, pero ya cuando lo veo le estoy pasando por el lado y pasé tan rápido que después es que hago así y reacciono y digo: “¡Ese es Fidel!”. A la velocidad que llevaba frené el carro allá lejísimo… y entré rápido de marcha atrás y lo recogí…

«En la calle Garzón (…) Fidel me dice: “¡Dobla! Y me manda a coger rumbo a El Caney. Yo entré por allí confiado en que íbamos para la granjita Siboney. Entonces dice: “¡Vamos ahora a asaltar el cuartel de El Caney”.

«Y le digo: Fidel, ¿no se da cuenta de que no vamos a llegar ni a una cuadra de distancia? Allí nos van a barrer. Esa gente con lo que ha pasado aquí tienen que estar enterados (…) Y dice él: “Es que (…) no sabemos si ha quedado algún compañero combatiendo… Le digo: Pero es que nosotros solos lo que vamos es a morir por gusto, va a ser inútil… Entonces me tira unas frases durísimas… y le digo: ¡Si usted quiere, vamos! Pero me dice: Bueno, ¡dobla a la derecha! Entonces salimos a la carretera de Siboney».

Fuentes: Cien horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet, 2da. Edición, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006; y archivo del autor, JR, domingo 5 de noviembre de 2006, entrevista al teniente coronel de las FAR Enrique Garcés Montero.

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