Campo revuelto, pérdidas para los bolsillos - Cuba

Campo revuelto, pérdidas para los bolsillos

Aunque en fecha óptima para la siembra del tomate se plantaron muchas más áreas que en igual período de los últimos cinco años, el clima y otras adversidades han impedido que el salto productivo llegue a la mesa. En cambio, señorea en el mercado la fórmula consabida de que a menor producción, mayores precios

Autor:

Marianela Martín González

El alto precio del tomate en las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque, y en otros territorios del país, durante los meses de diciembre y enero, ha generado malestar en los consumidores.

Las tarifas de esa hortaliza en el referido período han oscilado entre ocho y diez pesos la libra, y para no pocos la tendencia a bajar es improbable.

«Mientras más escasee el producto, más vale. Es una vieja ley del mercado», reconoció Herminio Ravelo Jaime, director de la Unidad Empresarial Comercializadora de Güira de Melena, en Artemisa, quien fue consultado para conocer algunas de las razones que propician la tendencia alcista en el precio del tomate.

«Ha sido un tiempo malo para el tomate, el frijol, la col y las hortalizas en general. El clima no se comportó como debía. Llovió cuando no se esperaba, y el frío fue casi imperceptible cuando más necesario era para el desarrollo de esos cultivos», apuntó.

Dijo que en un polo productivo tan importante como Güira de Melena, donde en otros años se perdieron cientos de quintales de este cultivo por falta de cajas y de respuestas emergentes para procesarlos en la industria, en esta ocasión no se firmaron contratos con esta última.

Esa situación desestimuló la siembra por los productores, ante el temor de que se les pudriera la producción que no pudieran vender en los diversos mercados a los que ahora tienen acceso, argumentó.

Ravelo explicó que en ese municipio, eminentemente agrícola, no hay una industria capaz de asumir grandes volúmenes de productos agropecuarios para procesarlos. La Fábrica de Conservas Villé es la de mejores condiciones, pero no puede comprometerse con los excedentes productivos, porque su capacidad instalada es limitada y los volúmenes que procesa son prácticamente insignificantes.

«A Güira le quedan relativamente cerca las industrias de Batabanó y Quivicán, pero estas asumen las producciones de Mayabeque. La única alternativa es la Fábrica de Conservas La Conchita, en Pinar del Río, una opción que no es viable económicamente por los gastos en transporte», precisó.

Pese a ello, Ravelo aclaró que la cosecha del tomate recién comienza, y que el pico productivo debe obtenerse entre febrero y abril.

Zapatero a su zapato

Maikel Córdova Cid, productor de la cooperativa de créditos y servicios Raúl Cepero Bonilla, en Güira de Melena, aseguró que muchos de los agricultores que en otros años sembraron considerables áreas de tomate, en la pasada campaña de frío prefirieron dedicar sus suelos al ajo, la malanga u otro cultivo de ciclo más largo que esa hortaliza, pero con mejores precios y más duraderos.

Córdova Cid recordó que antes de implementarse las formas de comercialización aprobadas de modo experimental para la capital, Artemisa y Mayabeque, las pérdidas de cualquier cultivo, si este estaba contratado con Acopio, eran asumidas por la referida entidad estatal.

«Ahora el productor tiene que comercializar por su cuenta el tomate que se arriesga a sembrar sin respaldo de un contrato. Hay quienes prefieren asistir directamente al mercado; pero yo soy de los que cree que si te dedicas a producir, no tienes tiempo para vender», señaló.

En opinión de Adalberto Díaz Díaz, jefe de comercialización en el territorio artemiseño, una de las razones por las que el tomate es escaso y caro se puede encontrar en el campo.

«La verdad verdadera es que los niveles productivos son bajos en los últimos dos meses. En esta fecha del año pasado el quintal estaba a 60 pesos en la calle. En enero en Artemisa no se cumplió con la entrega de una gran parte del tomate contratado, la cual asciende a 735 toneladas.

«Por Resolución del Ministerio de Finanzas y Precios ahora pagamos al productor 109 pesos por el quintal y la industria 110, mientras que en El Trigal una caja se vende hasta en 200 pesos o más cara», afirmó.

Entre enero y diciembre de 2013 se contrataron 4 300 toneladas de la referida hortaliza en Artemisa; sin embargo, no todos los productores cumplieron los convenios establecidos, informó.

«Las razones del incumplimiento son diversas. A algunos productores se les perdieron las cosechas por la lluvia y las plagas generadas por el calor, y no puede descartarse que otros sacaran cuentas y llevaran el producto a donde mejor se lo pagaran, violando incluso el contrato», aseguró.

Precisó que en esa provincia solo se contrató el 21 por ciento de la producción total de tomate, el cual fue solicitado por encargo estatal. Y que por falta de industrias en el territorio tan solo se acordó tomate para ese destino en San Cristóbal, gracias a la proximidad de esta localidad con La Conchita.

«El resto debe comercializarse como establece el Decreto-Ley 318, el cual contempla las ventas directas al Turismo, al consumo social, a los puntos de venta de las formas productivas, a los mercados arrendados y al de abasto mayorista», resumió.

Osmar Méndez, jefe del Departamento de Hortalizas del Minag, manifestó que el tomate en la campaña de frío tiene una fecha de siembra comprendida de septiembre a febrero, pero de manera general los meses óptimos para esa tarea son noviembre y diciembre.

«Por eso, entre el 20 de octubre y el 30 de diciembre se hacen los mayores esfuerzos en la siembra, sobre todo del que irá a la industria, para garantizar la calidad que esta exige en sus procesos: color, firmeza, dulzor, entre otras.

«En la campaña de frío esta vez se sembraron para la industria 10 000 hectáreas de tomate —2 000 más que las previstas—, pues tenemos concebido tributar a ese destino 100 000 toneladas de este cultivo, en lugar de las 70 000 que inicialmente consideramos», sostuvo.

Sin embargo, se sembró más

Gilberto Díaz López, director de Cultivos Varios del Ministerio de la Agricultura (Minag), explicó que las siembras de tomate en el período entre septiembre y diciembre de 2013 abarcaron 28 428 hectáreas. Fueron superiores a las realizadas en igual fecha durante los últimos cinco años.

Señaló que las siembras de esos meses comienzan a dar frutos a partir de diciembre y hasta mayo. Que si el clima se hubiera comportado de manera similar al año anterior, la producción hubiera sido mayor, y en estos meses no se notara la falta de ese producto en los mercados.

«Pero hubo intensas lluvias en septiembre, octubre, noviembre, e incluso en diciembre, las cuales provocaron que aproximadamente mil hectáreas se perdieran en las provincias de Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas, Villa Clara y Granma.

«A esa adversidad se sumó el incremento de las temperaturas en ese período, lo cual trajo como consecuencia la disminución de los rendimientos agrícolas de manera significativa, porque con el calor aumentan las plagas y enfermedades en ese cultivo», aseveró.

El funcionario indicó, además, que se cuenta en el país con productos para combatir las plagas y enfermedades más frecuentes en esa hortaliza, pero que estos no han sido suficientes.

Subrayó que el plan de siembra del tomate se diseñó con uniformidad y equilibrio, a fin de evitar los picos de cosecha que se han producido en años anteriores, pero las referidas vicisitudes conspiraron contra la planificación y los pronósticos.

De acuerdo con datos ofrecidos por el Ministerio de la Agricultura entre septiembre y diciembre de 2013 se produjeron 42 998 toneladas de tomate, y en 2012, en ese mismo intervalo se cosecharon 52 940, con menos hectáreas sembradas.

«A pesar de la situación descrita, contamos con las áreas para cumplir los compromisos contraídos con la industria, y a su vez garantizar la sustitución de importaciones relacionadas con subproductos del tomate. También hay siembras que asegurarán los compromisos con la población.

Para compensar las pérdidas, expuso que en enero y febrero se plantará un 30 por ciento por encima de lo que normalmente se sembraba en ese período. «En otros años las áreas que hemos sembrado hasta el 15 o el 30 de enero han tenido similar rendimiento a las que plantamos en épocas consideradas como ideales», insistió.

Al referirse a los envases para asegurar las cosechas, dijo que estaban garantizados, pero que la política para adquirirlos es diferente a la de años anteriores. Esta vez la responsabilidad y el sentido de pertenencia corresponden a los productores.

Sobre los rendimientos que se pronostican una vez culminada la cosecha, el especialista fue cauteloso. «El clima sigue comportándose adverso, apenas hay frío. Todo parece indicar que los efectos del cambio climático se están sintiendo ya en la agricultura. Las épocas óptimas de siembra se están corriendo. Lo ocurrido con el tomate es un ejemplo», concluyó.

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