Cien años de «rarezas»

El centenario edificio que otrora fuera el Palacio de Guasch también cumple 35 de fungir como Museo de historia natural. Está pendiente de una mayúscula restauración patrimonial

Autor:

Mayra García

PINAR DEL RÍO.— Visitar Pinar del Río y no contemplar el otrora Palacio de Guasch, hoy Museo de Ciencias Naturales Tranquilino Sandalio de Noda, es como transitar por La Habana sin avistar El Morro. Ubicada en la principal arteria de la ciudad vueltabajera, la joya arquitectónica figura cual inmenso pastel de 60 metros de frente por 40 de fondo, donde confluyen elementos de diversas culturas y tendencias constructivas.

De impresionante estilo ecléctico, la mansión es la primera edificación en la que se utilizó hormigón armado en Cuba. Su concepción, que mucho tiene de extraña y caprichosa, es admirada por todo el que visita la urbe pinareña, debido a la monumentalidad de su tamaño y un paradójico universo de dragones y mezclas variopintas.

Entre el conuco y el «raro» palacete

Cuentan que todo comenzó cuando en 1909 el doctor Francisco Guasch Ferrer compró la finca El Conuco a los herederos de Juan Manuel Cabada.

Tan solo un tiempo después se inició la construcción de un palacete iconográfico de la región, considerado a su vez uno de los edificios más raros de Cuba, por su «armonía del desorden», calificativo que se le concedió por arropar, a la vez, elementos de art nouveau, del antiguo mudéjar español, así como componentes del arte gótico, renacentista, románico, islámico, egipcio, y bizantino.

En este «estilo guaschesco», definido así por especialistas de Patrimonio y arquitectura del territorio, tuvo gran influencia el mismo dueño, quien diseñó los planos de la acción civil y su correspondiente ornamentación, a la par que veló a pie de obra por su ejecución.

Con el empleo por vez primera del hormigón en Pinar del Río, la sui géneris cimentación, que este año cumple su primer siglo de existencia, resalta por el acabado de sus columnas y capiteles, los adornos y relieves de la fachada y las altas e imponentes puertas.

De vivienda familiar a museo

En un inicio, según consta en declaraciones familiares y publicaciones de la época, la instalación fue concebida como vivienda familiar, donde Guasch Ferrer también instalaría su consultorio.

Ya para el 8 de marzo de 1979, el palacio alojó el Museo de Historia Natural Tranquilino Sandalio de Noda, perteneciente a la delegación territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma). Tras este objetivo, cuenta con varios espacios de exhibición, incluida una sala-patio con un mural a bajorrelieve —único de su tipo en Cuba— sobre la evolución de las especies, así como con esculturas a gran escala de algunos ejemplares de épocas jurásicas.

Oficinas y espacios para talleres y reuniones conforman igualmente el condominio actual, que defiende un perfil sociocultural y científico. Se destaca en su haber la vinculación de la educación popular con el medio ambiente, y para ello se organizan allí conferencias, coloquios y eventos, entre otras actividades extensionistas.

Vieja con colorete

En este siglo de existencia, especialmente las últimas tres décadas, el palacete, único Monumento local de la ciudad cabecera, ha carecido de mantenimiento sistemático.

Según explica Leonardo Ramírez Medina, director de la institución, esta no ha recibido nunca una restauración de proporciones mayúsculas, como la que ahora necesita y se intenta acometer.

«Por la imperiosa necesidad de una rehabilitación del inmueble, el Centro de investigaciones y servicios ambientales (Ecovida) y el Citma en la provincia, de conjunto con la dirección del Museo, diseñamos un proceso a largo plazo, comprendido en cinco etapas», amplía.

De estas, dos están concluidas: la impermeabilización de la cubierta, acometida de 2007 al 2009 por la Empresa Nacional de Investigaciones Aplicadas (ENIA), para detener el proceso de filtración, y la rehabilitación, en 2013, del mural a relieve de la sala-patio, gracias a una fuente de financiamiento del Fondo nacional de medio ambiente del Citma.

En la actualidad están inmersos en la renovación de la carpintería interior y exterior de la edificación, para lo cual cuentan con 44 300 CUC y la ejecución del proyecto Fidias.

«Para la cuarta etapa está prevista la reposición de las redes hidrosanitarias y eléctricas. El edificio fue pensado como una vivienda; ahora es una institución grande y estas estructuras no están en condiciones de satisfacer las nuevas necesidades. Un quinto período comprendería la reconstrucción de la infraestructura civil del edificio que está dañada: aleros, esculturas, adornos de los techos y decoraciones externas», declaró el directivo.

Pero para estas intenciones no hay financiamiento. Además del Fondo nacional de medio ambiente, el costo de la inversión, hasta ahora, salió de las arcas de Ecovida, cuyo representante científico, Jesús Alfonso Martínez, recalcó la imposibilidad de disponer de un mayor monto para los requerimientos restantes.

Tan solo para la reparación de las esculturas gigantes de la sala-patio se calculan unos 75 000 pesos MN (CUP) y 3 000 CUC, suma que, hasta el momento de la realización de este reportaje, es inexistente.

«Aunque la salud institucional desde el punto de vista constructivo clasifica como adecuada, y el edificio se encuentra en buen estado técnico, es necesaria una óptima restauración de carácter patrimonial de los exteriores, no solo pintura. Estamos en contra de soluciones paliativas, que a la postre dañarán una de las principales riquezas arquitectónicas de la región», manifestó Ramírez Medina.

Un proceso de este tipo, un centro de esta índole, debe ser prioridad. Se trata de la preservación de los bienes patrimoniales, que constituyen, a fin de cuentas, un legado para la posteridad.

Sobran las razones para que el vetusto Palacio de Guasch sea remozado completamente. La emblemática estructura, hoy Museo de Historia Natural de la ciudad pinareña, merece otro siglo.

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