Nombres que cuentan historias

Jóvenes cubanos que se llaman como algunos de los participantes en la gesta del 26 de Julio conversan con Juventud Rebelde sobre el legado de rebeldía y las ideas de quienes tomaron la historia por asalto en la mañana de la Santa Ana

Autores:

Juan Morales Agüero
Yahily Hernández Porto
Odalis Riquenes Cutiño
Hugo García
Mayra García
Eduardo Pinto Sánchez
Glenda Boza Ibarra
Lisandra Gómez Guerra

Era marzo de 1986 cuando Julián Fernández Santos le pidió a su hija que inscribiera a su primogénito como Fidel. «Y si sale otro hombrecito, se llamará Raúl», dijo por aquel entonces.

Un año y nueve meses después, la casualidad genética y el destino hicieron que se cumpliera el deseo de quien fuera por más de diez años primer secretario del Partido en el municipio pinareño de San Luis.

Fidel y Raúl González Fernández crecieron con esa luz de la familia y son más que un antojo nominal del abuelo Julián, quien exhibe en su cuarto un cuadro gigante del líder histórico de la Revolución.

Uno, arquitecto, salido de la misma facultad que viviera la trayectoria revolucionaria de José Antonio Echeverría; el otro, comunicador social, un valedor de la palabra en los nuevos tiempos. Ambos, rebeldes de las causas justas, defensores de la correspondencia de oportunidades para los cubanos.

Fidel Michel supera en apenas meses la edad que tenía el tercer hijo de Ángel Castro y Lina Ruz cuando dirigió las acciones del 26 de Julio. Y su hermano sobrepasa en cuatro años los más de 20 que contaba el hoy Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros cuando dirigió al grupo que tomó el Palacio de Justicia en apoyo a la acción principal.

Estos veinteañeros son fruto de los nuevos tiempos: reconocen las conquistas sociales y las defienden, pero disienten de lo mal hecho, de lo que genere desigualdad, de los oportunistas y corruptos.

«El concepto y la asunción de la rebeldía depende del momento histórico. No piensan igual los jóvenes del siglo XXI que la Generación del Centenario, aunque las esencias puedan ser similares. Es un fenómeno que surge de las situaciones, de las necesidades. Aquellos se enfrentaron a una dictadura, hoy nos toca a nosotros impulsar la Revolución que ellos forjaron», considera el mayor.

«Somos muestra del momento en el que nos tocó vivir, y defender la forma en que pensamos, hacer por los derechos de la juventud cubana, con las preocupaciones propias de nuestra generación, es también una forma de ser rebeldes», insisten ambos.

Como padres de familia, hoy sueñan y construyen un mundo mejor para los suyos. Los dos edifican el futuro: uno, desde planos arquitectónicos; el otro, desde la comunicación y el trabajo por cuenta propia, haciendo gala de una hermandad en dos nombres que se han convertido en símbolos.

Pero Fidel y Raúl González Fernández no son los únicos que exhiben ese sano orgullo. En la casa de altos estudios de Camagüey, ¿quién no oyó hablar de Fidel Alejandro Manzanares y Raúl Alejandro del Pino Salfrán, los dos amigos estudiantes de Periodismo?

Al primero —cuya madre tenía fecha de parto para el 26 de julio pero se atrasó dos días— el padre le puso así por el líder histórico de la Revolución; al otro —que para mayor casualidad nació un 13 de agosto—, los abuelos maternos querían llamarlo también como el Comandante en Jefe, pero pesó más la tradición del padre y el abuelo nombrados Raúl. Al final, todos felices.

Amistad como la de ellos resulta grata, por su constancia y lealtad a toda prueba. Con sus criterios sólidos y su confianza sin límites pueden recordarle a cualquiera la historia de los dos hermanos que han conducido a la Revolución por la senda del triunfo.

«La vida tiene esas cosas raras. No podríamos ser más distintos y somos los mejores amigos del mundo», afirma Fide, como le dicen. «Fácilmente podríamos considerarnos hermanos, lo único que no compartimos son las novias», bromea.

Según cuentan, ambos dirigieron actividades de la FEU en la Universidad y a la gente le parecía un poco raro mencionarlos en la misma oración. Pero fueron de los buenos, por eso nombrarlos a la vez nunca hubiera sido irrespetuoso.

En la Universidad cada uno mostraba su forma de ser rebelde, con una gran pasión por las razones justas, esas con las que son consecuentes hasta el final.

Nunca han dejado de fomentar su amistad, porque ese sentimiento «es una especie de vitamina de rescate para no naufragar en la cotidianidad, en los problemas diarios, es el salbutamol del asmático, la PC para el informático y la pelota de fútbol para Neymar», dice Fidel Alejandro.

Son jóvenes cubanos capaces de hacer historia inspirados en dos líderes gigantes, mientras coexisten en el mismo paralelo, tiempo y latitud. Y asumen esa responsabilidad con mucha entrega y compromiso, pues defienden el privilegio de andar juntos, compartir las mismas ideas y llamarse Fidel y Raúl.

El reflejo de sus ojos

El joven Abel Barrera Barreiro se conmueve ante la historia de Abel Santamaría.

Abel Barrera Barreiro admite que dialogar con JR sobre el significado de su nombre lo emociona, como la primera vez que su maestra le refirió a todos en el aula «y qué casualidad, aquí hay un niño que se llama Abel, igual que el joven Abel Santamaría Cuadrado, el del asalto al Cuartel Moncada».

Este muchacho de 19 años de edad, vecino del reparto Simoni, en Camagüey, iniciará sus estudios superiores en la Universidad Central de Las Villas el próximo curso escolar.

Cuenta que desde que estaba en primaria, gracias a sus maestros, pudo conocer sobre el Héroe del Moncada. «Me estremezco de solo imaginar cómo aguantó tantas torturas; le sacaron sus ojos y no habló, no traicionó. Y cuando se los enseñaron a su hermana, ella tampoco dijo ni una sola palabra. Fue mucho el coraje de los dos. Y esto sí que no es un cuento de superhéroes construidos. Abel Santamaría era de verdad, de carne y hueso, como cualquier ser humano.

«A veces, por segundos, en medio de las clases de Historia podía imaginarlo aguantando los golpes, las quemaduras en sus brazos, y el dolor de tantas laceraciones y ultrajes sobre un joven de tan solo 25 años.

«Todas estas cualidades se dicen muy fácil, pero imagine que le saquen a uno los ojos a sangre fría. Creerán algunos que ello solo lo soportan los superhéroes de películas. Más nuestro Abel, el de esta pequeña Isla, fue y será ese joven que aguantó con valentía y coraje. Él es mi héroe y el de muchos cubanos».

Al hablar sobre la coincidencia de que se llamen de la misma manera, medita un momento y responde: «Quiso la vida que mami y papi me nombraran como él, y me siento muy feliz con este nombre. Mi abuelo también se llamó así y siempre habló con mucho orgullo del joven moncadista.

«De su figura asumo su sentido de justicia y de lealtad a la causa revolucionaria y a sus compañeros. Ambas condiciones lo distinguen como lo que fue.

«Su modestia y entrega lo engrandecen. Recuerdo cómo su hermana Haydée lo describe: una persona que tuvo como único deseo que Fidel viviera, porque él sabía que solo así podría triunfar la Revolución.

«Son muchas las cualidades que puede tener una persona, pero en Abel se reúnen todas y las honró con su actuar durante su corta vida. Es para mí un compromiso continuar su obra desde mi escenario, ser un buen estudiante y en el futuro un digno profesional al servicio de mi patria.

«Y cuando la vida de cualquier hombre o mujer pase por trances difíciles o agotamiento habrá que volverse a  la figura de Abel Santamaría Cuadrado y mirarse en el reflejo de sus ojos», reflexiona este otro Abel, dispuesto a continuar las ideas por las cuales ofrendó su vida el segundo jefe y alma del Movimiento.

De verde olivo como Almeida

También allí en Camagüey, en el Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Pina, trabaja Juan Infante Argüelles, licenciado en Traumatología y Ortopedia. Vestido con bata blanca narra sus primeros vínculos con la historia de los moncadistas. «Cuando niño fui de los más intranquilos y activos; por eso siempre participé en cuanta actividad había en la escuela. Me gustaban los círculos de interés del Palacio de Pioneros, escenario principal para conocer sobre el 26 de Julio. Aun cuando la maestra nos hablaba de aquellos sucesos, no había nada mejor que vestirse de verde olivo y pintarse una barba.

«Cada año —recuerda el joven— escogían a los pioneros que «asaltarían» el pequeño cuartel para recordar la fecha y yo no faltaba. Eso sí, cuando los maestros repartían los nombres de los asaltantes, yo tenía el mío: Juan Almeida Bosque.

«Mi familia me ayudaba también. Me vestían de verde olivo, me preparaban el fusil de juguete y todo lo que hiciera falta, hasta que un buen día me pinté yo solito la barba del Comandante Almeida, aunque cuando el asalto él no la tenía, porque era muy joven aún.

«De muchas maneras me llegó su figura, pues trascendió a la historia como uno de los Comandantes de la Revolución, quien no renunció nunca a su ideales, ni al ser detenido luego del asalto, ni cuando llegó a México, ni en el yate Granma o la Sierra Maestra. Y después del triunfo se mantuvo siempre en la primera línea de combate hasta su muerte.

«No existe en su vida una sola mancha. Lo vemos en sus canciones, que son transparentes. Hay una que conmueve: “Y ahora que me alejo para el deber cumplir/ que mi tierra me llama a vencer o a morir”. En su convicción de revolucionario el camino era vencer o morir; la derrota nunca fue una opción.

«Esa fe en el futuro y en la victoria lo engrandece. Su suerte la echó con antelación; sin miedo y por su patria, con una seguridad que aún asombra a quien se detiene a escuchar a La Lupe, a releer sus letras.

«Cada vez que atiendo en la consulta a los niños, que a veces son hasta 50 en una sola jornada, y lo hago con amor y profesionalidad, entonces, solo entonces, me acerco un poquitín al Comandante Almeida.

«Si pudiera ser de vez en cuando un pionero volvería a pintarme su barba de guerrillero, vestirme de uniforme y asaltar la historia con los fusiles de juguete, porque muchos de nosotros crecimos con su ejemplo», expresa Juan Infante Argüelles, quien sigue atento a sus pacientes y sabe que en esos pequeños que él atiende con alta profesionalidad, también vibra el legado de un hombre que constituye para él un inmenso paradigma.

Mujeres de temple

A pesar de estar en pleno ajetreo hogareño junto a sus hijas, la licenciada en Psicología Haydée Labrada Sánchez hace gala de su buen talante como anfitriona. Nada de protocolo ni de estiramientos.

Haydée Labrada Sánchez y Melba Hernández Rodríguez continúan el legado de las únicas dos mujeres participantes en las acciones del 26 de Julio.

Tiene 34 años de edad esta egresada hace cuatro cursos de la Sede Universitaria Municipal tunera. Gracias a esa modalidad académica su vida dio un brusco golpe de timón. Fue una etapa de desvelos y sacrificios, pero tuvo sus frutos, pues la convirtió en una competente profesional.

«Últimamente he estado trabajando en un proyecto comunitario de mi zona de residencia —dice—. Mi labor la desarrollo con un grupo de abuelos y abuelas, a quienes inicié en la práctica sistemática del chikung, una antigua técnica de la medicina tradicional china, muy provechosa para la salud.

«Mi esposo es médico y cumple misión internacionalista en Brasil —agrega—. Por allá se ha ganado el cariño de la gente. Imagínese, muchos habitantes de zonas intrincadas de aquel enorme país jamás habían tenido un médico cerca de sus familias todo el tiempo. Es una obra genuinamente cubana».

Sobre el origen de su nombre, Haydée cuenta que lo heredó de una tía llamada igual. Asegura llevarlo con mucho orgullo, a pesar de no ser común en estos tiempos de rebuscamientos.

«Me gusta mi nombre. Primero, por lo que significa para mí desde el punto de vista sentimental. Y segundo, porque una heroína de la Revolución, Haydée Santamaría, también lo llevó. Dos razones de peso», dice esta tunera de fina sensibilidad desde la tranquilidad de su casa.

Cuando se habla de Haydée, otro nombre llega de modo inseparable: Melba Hernández Rodríguez del Rey, quien este lunes 28 cumpliría 93 años. «Yeyé» y ella fueron las únicas mujeres que participaron en los sucesos del 26 de julio. Pero, ¿dónde localizar a alguna joven cubana que llevase el nombre de la heroína nacida en Cruces?

Contrario a lo que algunos pudieran imaginar, no fue muy difícil encontrarla. Hace 26 años una pareja espirituana inscribió a su pequeña hija como Melba. La joven, graduada de la Universidad de Ciencias Informáticas, considera que fue una decisión muy acertada la de sus padres.

«Un día, cuando aún estaba en su vientre, mi mamá leyó una revista de la época, donde narraban pasajes de la vida y obra de Melba. Todos en la casa eran fieles admiradores de aquella cienfueguera que desde la clandestinidad demostró cuánto coraje podemos derrochar las mujeres cubanas. El nombre les pareció bien, sobre todo al percatarse que coincidiríamos también en los apellidos. Yo soy Melba Hernández Rodríguez.

«Desde la escuela primaria hasta la actualidad siempre a algunos les ha llamado la atención esa coincidencia. Cada vez que llego a un lugar todos se dan cuenta y me preguntan el porqué del nombre, si tenemos algún parentesco. Es uno de mis grandes orgullos.

«Ante todo significa un deber para mí. Ha sido uno de los motores de impulso para el estudio, la responsabilidad en el trabajo y la vida misma. No puedo permitirme errores, pues sería como deshonrar la memoria de una de las heroínas del Moncada».

La joven ingeniera espirituana está feliz con sus dos niñas de diez meses; quienes un día también se sorprenderán al conocer que su madre se nombra a semejanza de la mujer que conformó las filas del Tercer Frente Mario Muñoz Monroy, dirigido por el Comandante Juan Almeida.

«Biagna y Liagna se acercarán a la historia y yo les contaré quién fue Melba y todo cuanto nos legó. Ella forma parte, también, de nuestra familia», comentó con regocijo a Juventud Rebelde.

Fiel a Mario Muñoz

Integrante del Destacamento Mario Muñoz Monroy, el joven Mario Román Aguilar atiende a sus pacientes en la Ciénaga de Zapata siguiendo el ejemplo del Médico del Moncada.

Al igual que Mario Muñoz, el médico del Moncada, también Mario Román Aguilar nació en la provincia de Matanzas y estudió Medicina. Prefirió que su servicio social fuera en la Ciénaga de Zapata, zona perteneciente al Plan Turquino Manatí.

Quizá pudo estar más cómodo en otra localidad; sin embargo confiesa que no cambiaría por nada del mundo este primer año de graduado, departiendo con los cenagueros de lugares apartadísimos como Guasasa, Santo Tomás y ahora en el consultorio del médico de la familia de Pálpite.

Cuando habla de Mario Muñoz Monroy se siente en su voz la emoción y el respeto por ese hombre que «consagró su vida al proceso emancipador del pueblo cubano, a la búsqueda de la equidad social y que no dejó morir al Apóstol en el año de su centenario.

«Mario Muñoz tenía muchos recursos —comenta—. Vivía en una familia de buena posición económica y era un excelente doctor, pero lo abandonó todo por la patria. Por eso lo admiro, por ser un ejemplo para mí y para todos los médicos en formación, que gracias a la Revolución nos graduamos con buenos resultados académicos, como seres humanos altruistas, dispuestos a brindar solidaridad donde se necesite».

El joven de 26 años todavía pertenece al Movimiento de Vanguardia Mario Muñoz, el cual agrupa a los estudiantes de Medicina que se destacan en la actividad científica y cultural. Fue el más integral de su graduación en el municipio de Jagüey Grande y su propósito con vista al futuro, es terminar la especialidad de Medicina General Integral y continuar la de Urología.

«La experiencia de la Ciénaga ha sido buena, un constante aprendizaje. He compartido experiencias y convivido con los pobladores; juntos disfrutamos la naturaleza de la zona y valoramos su importancia como humedal. Aquí también me enamoré de Arais Herrera, enfermera del departamento de Genética en el policlínico Celia Sánchez Manduley, de Playa Larga, donde hago guardias».

Siendo estudiante, Mario Román obtuvo Primer Premio en el Festival de Artistas Aficionados, en la especialidad de canto como solista, además de Premio en la Jornada de Alumnos Ayudantes, entre otros reconocimientos. Dirigió en la FEEM y la FEU, y es militante de la UJC.

Al hablar del médico asesinado salvajemente, a su mente llegan episodios de la gesta del 26 de Julio, fecha en que el arrojo de un grupo de cubanos puso a temblar la Isla.

«El 26 fue el detonante que Cuba necesitaba para el cambio, y aunque existen problemas, debemos perfeccionar nuestra sociedad socialista y seguir luchando por ella y por preservar sus valores.

«Aquí en la Ciénaga me siento en un ambiente familiar, satisfecho por estar en un territorio de tanta historia: este es mi Moncada, trabajar donde más lo necesite el país».

Boris Luis multiplicado

Boris Cáceres Rodríguez posee exactamente la misma edad que tenía Boris Luis Santa Coloma cuando asaltó el Cuartel Moncada. Devenido instructor de arte de la sexta graduación en Pinar del Río, disemina cultura por los campos de San Juan y Martínez.

Jóvenes inquietos ambos. Integrante de la Generación del Centenario, Santa Coloma para sus 24 años ya había fundado la Unión Sindical de Trabajadores en defensa de los derechos del proletariado; emplazado al dictador Fulgencio Batista con una carta en la cual lo acusaba de malversación y robo; y organizado manifestaciones de protesta en contra del régimen.

Ante el fallo del factor sorpresa, Boris Luis fue uno de los capturados en las acciones del Moncada. Lo asesinaron cobardemente los esbirros, sin lograr de él una sola delación.

Cáceres Rodríguez, 61 años después, tiene otra trinchera y arma de lucha. Luego de graduarse en 2009 como instructor de Artes Plásticas, imparte clases en la escuela primaria Eduardo Chibás, una institución rural del municipio vueltabajero.

Orgulloso se siente de la tierra que vio nacer a los hermanos Saíz y de llamarse como uno de los asaltantes al Moncada.

«Los tiempos cambian, las generaciones también. Desde mi perfil aporto a mi país. Enseño apreciación y creación, brindo talleres, realizo trabajos comunitarios e inculco habilidades en aficionados. Llevo cultura a lugares intrincados, que es también otra forma de mantener la obra de la Revolución. Es mi manera de ser rebelde, de honrar a los que lucharon aquel 26 de Julio», considera el bisoño maestro.

Todos los días Boris recorre los dos kilómetros que le separan de la escuela a su natal San Juan. Vive en Las Alturas, un barrio pueblerino donde, desde chiquito, los mayores le decían Boris Luis Santa Coloma. «No lo entendí hasta que conocí la Historia de Cuba».

Nacido de nuevo

El joven locutor y actor santiaguero Renato Arza Planas está al tanto del origen latino de su nombre. Por su significado de «el nacido de nuevo» o «el renacido por la gracia de Dios» fue ampliamente adoptado por los cristianos a principios del imperio de la antigua Roma, debido a la importancia del bautismo.

Le viene de una amplia tradición familiar que le hace compartirlo con su abuelo y su padre. Según afirma, está convenciendo a su esposa «de que cuando tengamos nuestro primer hijo o hija se llame Renato o Renata, porque el nombre me gusta mucho».

«No resulta muy común, aunque últimamente lo he escuchado con más frecuencia; desde pequeño casi la única referencia, además de la familiar, estaba en el joven revolucionario santiaguero Renato Guitart, uno de los mártires del 26 de Julio de 1953».

El verdadero nombre de aquel joven asaltante del Moncada era René Miguel, pero su increíble supervivencia, con apenas seis meses, a uno de los frecuentes sismos que por la década de los 30 sacudían a Santiago de Cuba, le granjeó una connotación más terrenal del Renato (renacido), pues literalmente se burló de la muerte.

Con ese legado en las esencias mismas de la huella heroica de esta urbe, el joven Arza Planas hace lo que le gusta frente a los micrófonos.

Muchas veces le tocó interpretar en novelas o seriados radiales a varios de aquellos mártires de la clandestinidad, lo que le ha permitido acercarse a la raíz más humana y sensible de la vida de aquellos que abrieron el camino libertario de la nación.

«Toda actuación es siempre un reto difícil, pero interpretar a este tipo de personalidades requiere de mucha preparación, documentarse sobre la persona que vas a encarnar a través de bibliografía, documentales, archivos, la prensa... Incluso, contrario a lo que muchos piensan, para la radio no solo estudio a la persona desde su psicología o comportamiento, sino en el aspecto físico porque, como falta la imagen, con las palabras tienes que dar la impresión a los oyentes de que están escuchando a ese que vieron en fotos, en la televisión o quizá hasta conocieron», comenta.

Renato Arza conoce que Guitart fue vital en el aseguramiento de los planes del asalto a la fortaleza militar: aportó información de inteligencia sobre el cuartel, administró las finanzas, consiguió armas, asumió el alquiler y acondicionamiento de la Granjita Siboney, junto a Abel Santamaría, y como jefe del comando de la vanguardia estuvo entre los primeros en entrar por la posta tres de la fortaleza militar, donde fue asesinado de un tiro en la cabeza a sus 22 años.

Fidel, Raúl, Melba, Haydeé, Juan Boris, Mario, Renato… constituyen referentes para nuestra juventud y aunque los tiempos cambian y al ritmo de novelas, canciones y mundiales de fútbol encontramos un sinnúmero de Diana, Rebeca, Lía, Neymar o Ronaldo por las calles de nuestro país, también están estos otros muchachos que exhiben con orgullo la historia que habita detrás de sus nombres.

Al pronunciar cada una de sus sílabas llegan la admiración y respeto por el ejemplo que forjaron hombres y mujeres en el Moncada y en la lucha por el triunfo definitivo de la Revolución Cubana. Son nombres que han trascendido en el tiempo, a semejanza de los protagonistas de la historia patria.

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