Los precios se desaceleraron en el primer semestre (I)

Entre enero y junio último, el gasto de la familia en el agromercado creció, pero por debajo del ritmo de incremento en iguales períodos de 2013 y 2012

Autor:

René Tamayo León

Hay desaceleraciones malas, desaceleraciones inevitables, desaceleraciones necesarias..., desaceleraciones buenas...

Los precios en el mercado agropecuario se desaceleraron en el primer semestre de 2014. No quiero decir que empezaron a bajar; solo, que entre enero y junio subieron de forma más lenta. Y eso, para mí, es una buena señal.

Según cálculos del redactor a partir de publicaciones de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), el precio a nivel nacional de una tonelada promedio de productos agrícolas y cárnicos (a) en el mercado agropecuario, creció sobre el cuatro por ciento con respecto a igual etapa de 2013.

No obstante, para ser estadísticamente correctos, nuestros «numeritos» (que a su vez se basan en cifras preliminares —sin las correcciones lógicas que la Oficina realiza en el tiempo) solo deben permitir una afirmación parcial.

«Que entre enero y junio de 2014 los precios se ralentizaron con relación a igual período anterior en las tres principales formas de comercialización del agromercado en el país: los agropecuarios estatales, los puntos de venta y los de oferta y demanda, donde los precios crecieron solo cuatro por ciento».

El incremento de un dígito (escala de 0 a 9) quedó muy por debajo de las subidas de dos dígitos —alrededor del 20 por ciento—, en uno y otro período de 2012 y 2013 (b).

No muchos compartirán mi entusiasmo. «Al fin y al cabo, los precios siguen “pa’arriba”», dirán los lectores. Y es verdad. Sin embargo, que en el primer semestre verificaran una desaceleración con respecto a iguales fechas anteriores, alienta.

Evidencian —siempre en mi opinión— que las medidas de la actualización para el sector agropecuario empiezan a madurar y dar resultados; y que ese aminoramiento en el alza de los precios es una respuesta estructural, no coyuntural, a las presiones que hasta ahora han existido sobre el mercado agropecuario, nada favorables para la economía familiar.

Afirmación de redactor

El ejemplar Ventas en el mercado agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero-junio de 2014, elaborado por la ONEI, es la base de nuestros criterios. La publicación carece de guarismos que nos hubieran liberado de tener que construir por cuenta propia la afirmación que estamos haciendo. No tiene cifras globales que indiquen de forma rotunda que estos precios están «aguantándose».

Quien lo dice es el redactor a partir de comparaciones de la serie Ventas en el mercado agropecuario correspondiente a los semestres enero-junio de 2006 a 2014 —excepto las relativas a idénticos lapsos de 2012 y 2013, las que no pudimos localizar en la página digital www.onei.cu, aunque el informe de 2014 brinda datos del anterior período.

La más reciente publicación ofrece constancia de la desaceleración en el mercado agropecuario estatal (MAE), el agropecuario de oferta y demanda (MAOD) y los puntos de venta, los cuales concentraron entre enero y junio el 83,3 por ciento de las transacciones —y el 84,8 en el predecesor.

Ventas... 2014 no incluye suficientes elementos comparativos de las otras dos formas de comercialización, las cooperativas no agropecuarias (CNoA) «mercados agropecuarios» —que empezaron a funcionar en julio de 2013— y los trabajadores por cuenta propia carretilleros.

Estas dos variantes agro-comerciales son las que más caro están cobrando hoy, pero como entre ambas tuvieron una participación del 16,7 por ciento en el valor total de las ventas en la etapa que analizamos, no me parece que desvirtúen demasiado la tendencia general —aunque de que la suben, la suben.

Dos más dos a veces son... ¿cinco?

Hay consenso público respecto a que el tarifario en estos mercados está íntimamente vinculado a la producción agropecuaria. Constituye verdad aceptada —a regañadientes cuando la billetera cada vez se nos pone más «seca»— que si las cosechas no aumentan, no hay manera de que los precios enflaquezcan.

Lo ocurrido en el primer semestre lo demuestra. El Índice de volumen de la producción agropecuaria —que excluye la caña de azúcar y la producción de patios y parcelas— ascendió 17,6 por ciento en comparación con igual ciclo anterior.

Según el informe de la ONEI Sector agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero-Junio de 2014, la agricultura no cañera progresó 25,6 por ciento; la ganadería: 8,4.

Al pormenor, la producción de plátano escaló 44,7 por ciento; y los tubérculos y raíces —excluyendo la papa—, 21,8. Según reza en los comentarios del informe realizados por los especialistas de la Dirección de Estadísticas Agropecuarias de la ONEI, la producción de maíz creció 66,9 por ciento, la de frijol, 54,5, y la de las hortalizas 9,4 por ciento. Fueron estos cultivos los que halaron la balanza a favor del campo.

Una pregunta salta al aire. «¿Y si progresaron tanto las cosechas, por qué no bajaron los precios, sino que continuaron subiendo, aunque fuera a ritmo más lento?

Hasta la fecha, la producción no cubre las necesidades familiares, el consumo social, y la pujante demanda del sector gastronómico, donde se están asentando nuevos actores como los cuentapropistas y las cooperativas, dos figuras que afortunadamente se afianzan y tendrán un importante rol en el mejoramiento de la calidad y la variedad de los servicios.

Una sola muestra para ilustrar la actual desarmonía entre la oferta y la demanda de los artículos del agro, las 1 930 700 toneladas —en números redondos— de viandas y hortalizas recolectadas en el primer semestre de este año aún no alcanzan las 1 950 800 toneladas producidas en 2007, cosecha que de todas formas no estuvo cerca de las necesidades de la población.

Y hay otro elemento que debemos tener muy en cuenta. No siempre los incrementos de producción en la agricultura se traducen directamente en aumento de la oferta minorista. Un ejemplo son los granos. Los incrementos en estas producciones se dedican, en lo fundamental, a sustituir importaciones y destinarlos a la canasta básica a precios subsidiados.

Cuándo dos más dos sí son cuatro

Pese al incremento general en el Índice de volumen de la producción agropecuaria entre enero y junio últimos, en el período hubo decrecimientos en la cosecha de tomate (-13,9 por ciento), cebolla (-11,2) y pimiento (-7,5).

Fue precisamente en estos rubros donde acontecieron los mayores ascensos de precios durante el primer semestre, otro patrón de la correlación producción-precio.

La cotización de la tonelada (unas 2 200 libras a cuenta de bodeguero) de tomate en las tres principales formas de comercialización subió 31,5 por ciento, y la de la cebolla, 41,6.

Del pimiento no hay récords estadísticos en las publicaciones que estamos reseñando, pero quienes tenemos la obligación de hacer las principales compras de la casa sabemos que en esta temporada los comerciantes lo cobraron sin compasión.

El tomate, empero, es muy revelador de los «vastos misterios» que rodean al agromercado cuando intentamos comprender la dinámica de precios. En las tres «formas» se vendieron 4 461 toneladas más que en similar etapa de 2013, sin embargo, cada una costó 5 172 pesos, lo cual arroja un precio por libra, a nivel nacional, de 2,35 pesos.

En el período precedente —cuando se puso menos tomate en estos agromercados— la libra podía comprarse a 1,79 pesos. Reitero, estos cálculos son a escala país, incluye todo tipo de tomates frescos y calidades. Las estadísticas recogen hechos concretos, pero globalmente lo que dan son tendencias.

¿No es contradictorio que se haya proveído más tomate y que los precios también subieran? La cuenta deja ver lo sabido: que el agropecuario, como mismo no es el principal mercado de alimentos de la población (c), tampoco representa la única fuente para adquirir los productos del agro.

El abastecimiento hogareño de renglones agrícolas es variopinto. Se complementa, por ejemplo, con el autoconsumo de productores privados, cooperativos y estatales. También están las ferias de fin de semana, entre otras posibilidades.

En el sector agropecuario, incluida la silvicultura, trabaja casi un millón de personas, alrededor del 20 por ciento de la población ocupada. Detrás de cada una de esas «jabitas» están familiares, «parientes» y «dolientes»...

Debemos sumar también autoconsumos de empresas e instituciones no agropecuarias. Estos, además de socorrer la comida obrera, benefician a otros cientos de miles de trabajadores cuando les venden para llevar a casa... Y hay más ejemplos.

La mayoría de los habaneros a lo mejor se preguntan, ¿dónde están esas opciones? La Habana no es toda Cuba, compañeros.

Al mayoreo, pero sin mareo

Para comprender el alza del precio en algún producto del agro cuando las cosechas caen, también hay que tener en cuenta la presión extra que está generando el sector gastronómico privado y cooperativo a lo largo y ancho del país, el cual cada día crece y se fortalece más, para suerte de todos.

Datos «frescos» indican que unos 57 000 cuentapropistas laboran en el sector gastronómico; 1 261 unidades antes bajo administración estatal están ahora arrendadas por ellos; y más de 200 cooperativas se han constituido o están en proceso.

¿Y por qué no se crean mercados mayoristas y los alejamos del comercio al detalle? El mercado mayorista se ha vuelto un lugar común para explicar los más diversos problemas cuando de nuevas formas de gestión económica no estatal hablamos.

De eso hay bastante. No poca certeza encierra la queja. Sin embargo, el mayoreo por el mayoreo no es una varita mágica.

Si el sector agropecuario no produce lo adecuado (o —en el caso de otros sectores— la economía nacional no tiene suficiente dinero para mantenerlos siempre abastecidos), aunque usted sature con inauguraciones de mercados mayoristas y organice bien la venta minorista, «no hay invento».

En La Habana hace 11 meses está El Trigal. ¿Ha bajado los precios del agromercado o de los platos y bebidas en los emprendimientos privados y cooperativos? Nada de nada. Al revés.

Eso sí, El Trigal ha favorecido positivamente la gestión de los no estatales, de algunas entidades estatales, y hasta de familias previsoras. Como consecuencia, ha beneficiado a la población de La Habana, aunque a veces no veamos cómo.

Este abasto se ha convertido en un gran facilitador. Pero no en un reductor de precios. Si el campo no da lo que tiene que dar, la «factura» no va a creer en mercados mayoristas.

Agrego una «curiosidad»: cuando de verdadera cocina se trata, sea en un pequeño pero serio negocio de meriendas o de comida popular o de una exclusiva paladar, poco debe comprarse al mayoreo. Ni el buen cocinero tradicional ni el más sofisticado chef gourmet, compran por sacos. El bueno va día a día al mercado de esquina donde ha comprobado que le venden con calidad y precio; o tiene sus propios proveedores. Así es.

Si hubiéramos tenido «un tomatazo»...

La caída de 13 por ciento en la cosecha de tomate —rey de las ensaladas de diciembre a mayo, e ingrediente fundamental del aliño o el sofrito cubano— se resintió en todas las formas de abasto de la población. De ahí el incremento en el valor de la tonelada (o la libra, que no es lo mismo pero es igual).

En el primer semestre del año, después del plátano el tomate representó el producto más vendido en el agromercado. En las tres formas de comercialización que comentamos, se pusieron en tarima —en total— 26 759,7 toneladas de la susodicha verdura.

También fue el rubro que más dinero acopió (138 401 100 pesos, en números redondos). Cosechó más «capitalito» que el cerdo en pieza, el cual se engavetó 106 190 800 guayacanes.

Casi el 20 por ciento del dinero recogido por el expendio de los 15 productos más vendidos en el mercado agropecuario, y 17 por ciento de las toneladas puestas en anaquel según esta cesta de rubros agrícolas y cárnicos, fue a expensas del tomate. De haber sido un año de «tomatazos», como llamamos a las temporadas de grandes recogidas, otro gallo hubiera cantado.

Como todo lo que estoy diciendo tiene como base estimaciones del redactor, pienso que si la producción de esta hortaliza hubiera estado sobre lo normal o por encima, no estaríamos hablando de un incremento de precios de alrededor del cuatro por ciento en el valor total de la tonelada —o la libra— compuesta de productos agrícolas y cárnicos, hubiera sido menos.

¿Y por qué cayó la cosecha del tomate? Independiente de los problemas organizativos, fitosanitarios y demás cuestiones que pudiéramos achacarle a las personas, porque el clima no favoreció al cultivo. Al público no le gusta esto. Lo ven como una justificación burocrática. Pero es la verdad.

El mercado y los precios pasan por lo cultural. Como cada día el mercado —que no tiene por qué ser demonio, al menos si sabemos apretarlo bien por donde debemos cuando se salga de rosca— influirá más en nuestras vidas, debemos acostumbrarnos a sopesar todas sus aristas. Una de ellas es el clima.

¿Por qué? Porque somos un país tropical, insular, largo y estrecho; escaso de recursos, subdesarrollado y agredido por la mayor potencia del mundo. Estamos expuestos a los elementos. Es así, gústele o disgústele a la billetera.

Entre col y col, no siempre lechuga

Otros productos que mantuvieron valuaciones al alza en el primer semestre del año en los Mae, los Maod y los puntos de venta fueron la col, con una subida en su valor de 27,8 por ciento, la calabaza (26,9) y la frutabomba (24,2 por ciento).

No disponemos de estadísticas sobre el comportamiento de las cosechas en estos tres cultivos. El único dato a la mano es del trimestre enero-marzo, cuando la col mostró una discreta caída de 1,3 por ciento, según consta en la publicación Sector agropecuario. Indicadores seleccionados. Enero-marzo de 2014.

El diablo a veces está en los detalles. O entre col y col. El 51,8 por ciento de las coles vendidas en estas tres formas de comercialización se concentró en los puntos de venta (49,3 por ciento) y los Maod (2,5).

Según definición de la Onei, los mercados agropecuarios estatales (Mae) «venden los productos con precios de acopio centralizados a precios minoristas máximos», como pueden ser el arroz, los chícharos, los frijoles, la papa, el boniato...

En La Habana, Artemisa y Mayabeque el resto de los surtidos se transan según oferta y demanda. Los 52 que hasta junio existían en los tres territorios tienen autonomía «para comprar los productos que comercialicen, pudiendo ser abastecidos por las empresas agropecuarias, comprar a terceros y vender productos agropecuarios, frescos o elaborados autorizados».

En los mercados agropecuarios de oferta y demanda (Maod) los precios son «determinados libremente según la oferta y la demanda». Y los puntos de venta o kioscos son «administrados por cualquier base productiva (estatal, UBPC, CPA y CCS), en los que emplean su fuerza de trabajo», también «pueden pertenecer a campesinos dentro de su área de producción».

Según cálculos del redactor (que tienen su margen de error al sumar y convertir a diferentes unidades de medida un número importante de estadísticas de la Onei), en los mercados estatales, donde se negoció el 48,2 por ciento de la col, la libra de la hortaliza se vendió a 1,86 pesos; sin embargo, en los puntos de venta costó 2,45 pesos y en los Maod, 2,77 pesos.

Como de cultura también estamos hablando, el buen comprador de la casa debe sopesar todos los pros y contras para saber cómo ahorrar al máximo posible los ingresos de la familia.

¿En qué mercado compro?

Le ofrecemos algunos elementos estadísticos que quizá le puedan servir de guía para optar por la mejor opción del mercado agropecuario para intentar gastar menos dinero.

1.-Los Mae son la forma de comercialización menos cara. En el primer semestre ofertaron el 60,5 por ciento del tonelaje de renglones agrícolas vendidos en el agromercado; sin embargo, recolectaron el 48 por ciento de los ingresos.

A nivel de país, una libra promedio de productos agrícolas —es decir los no cárnicos, como viandas, hortalizas, arroz, granos, cítricos y otras frutas— costó alrededor de 1,59 pesos. En el resto de las formas de comercialización se cotizó por encima de los 1,9 pesos. En las cooperativas no agropecuarias (CNoA) «mercados agropecuarios» llegó incluso a valer dos pesos y 20 centavos, aunque entre los carretilleros de seguro esta libra simbólica debió transarse, cómoda, por encima de los 2,30 pesos (d).

La libra promedio de productos cárnicos en los Mae (reiteramos, esta es una referencia indicativa, que solo revela tendencias, y en la que confluyen todas las carnes expendidas y sus derivados a nivel nacional) fue la menos onerosa si se compara con los puntos de venta y los Maod. Mientras en los Mae la libra promedio costó 14,57 pesos, en los puntos de venta se tasó a 16,70 pesos, y en los Maod, a unos 20 pesos con 80 centavos.

El indicador «productos cárnicos» incluye varios ganados, cortes y elaboraciones, como el cerdo en pie, en piezas y sus derivados; el ovino-caprino y las aves. Pero veamos, en particular, el compartimiento del precio del puerco.

Una libra de carne de cerdo —sin discriminar piezas ni cortes— se cotizó en los Mae a unos 16,85 pesos; en los puntos de venta, a unos 18,67; y en los Maod, a unos 21,58 pesos. Reitero, esto es el puerco en general, desde el filete hasta la «barriguita»; desde el bistec de pierna hasta las paticas.

2.-Los puntos de venta siguen a los Mae en cuanto a menos caros. En el primer semestre del año, las 88 700 toneladas —siempre en números redondos— de productos agrícolas y cárnicos que vendieron les dejaron 368 millones de pesos, para un promedio de la libra mixta de 1,89 pesos.

3.-Los mercados agropecuarios de oferta y demanda (Maod)... Bueno, los Maod son los Maod... Para días «de fiesta».

4.-Las CNoA son carísimas. Los gastos familiares en ellas superan con creces los que realizamos en el resto de las formas de comercialización, excepto —presupongo— frente a los carretilleros. Según estimados del redactor, el valor promedio de la libra de productos agrícolas más cárnicos en las CNoA «mercados agropecuarios» fue 44,4 por ciento más alto que en los Mae; 39,7 por ciento más caro que en los puntos de venta; y 21,8 por ciento más excesivo que en los Maod.

Sin embargo —o tal vez por eso—, durante el primer semestre del año las CNoA «mercados agropecuarios» apenas tuvieron una participación de 3,1 por ciento en las ventas totales en valor de productos agrícolas y cárnicos; y de 2,6 por ciento en las ventas totales en físico, es decir, del tonelaje.

Las CNoA no son el patico feo de los mercados agropecuarios. Enero-junio de 2014 fue su segundo semestre de vida. Están en proceso de aprendizaje. Comenzando a caminar. En la etapa de prueba y error. Tienen potencial para andar con soltura. Hay que darles tiempo. Quitarles cargas demasiado pesadas. Una criatura es una criatura. No necesita lastre de más.

5.-Los carretilleros... El que no lo sabe, se lo imagina...

(Mae, Maod, Puntos de venta, CNoA, Carretilleros. Cinco opciones para escoger (e). Todas tienen su espacio en «el reino del mercado». No hay motivo para negarle el lugar que cada una tiene. Hasta el carretillero un día le resuelve aquí el problema a «Malanga». Todo depende de la urgencia y la billetera.

El Mae fue en el primer semestre de 2014 la mejor opción de compra, seguido de los puntos de venta. Entre julio y diciembre debe tener un comportamiento similar. Romper la inercia en el mercado no sucede de la noche a la mañana. El año que viene quizá lo continúe siendo; tal vez no.

No obstante y si ya no está muy viejo para esos trajines, por lo pronto localice el Mae más cercano de casa, del trabajo o de un lugar que frecuente. Reserve para ese escenario la mayor parte de sus compras agropecuarias, de su tiempo y de su dinero. Propóngase ese día cubrir el abastecimiento de la semana, y si el producto lo permite, del mes.

Si no la tiene, hágase de una jaba con rueditas —criolla, de las que venden en MN o, si es «afortunado», de la shopping. Nunca olvide la máxima de que el cuerpo de las cubanas y los cubanos tiene cuatro partes: cabeza, tronco, extremidades y jaba, que si tiene rodamientos, mejor. (Continuará)

Notas

(a)El indicador del periodista para conformar una tonelada promedio de productos agrícolas y cárnicos tiene como base la venta total en físico y valor de ambos renglones. Los rubros agrícolas ocupan poco más del 98 por ciento. La oferta cárnica en el mercado agropecuario devela que las proteínas y derivados de origen animal que consume la población, las adquiere por diversas vías: «libreta», mercados paralelos de Comercio Interior, shoppings, mercado agropecuario, «y un largo etc.», además del consumo social.

(b)En los análisis estadísticos de la economía, al referirse al crecimiento o la caída en un dígito se refieren a guarismos ubicados entre la escala de 0 a 9; en dos dígitos, de 10 a 99; en tres dígitos, de 100 a 999...

(c)En el consumo final de los hogares en el lapso de un año, el cual se conforma con los gastos en bienes y servicios que van a cuenta de «nuestros bolsillos», intervienen varios mercados: el estatal, el agropecuario, el de trabajadores por cuenta propia, y «otras fuentes». En 2012 (las más recientes estadísticas disponibles sobre el tema al cierre de este artículo), la población gastó 1 823 millones de pesos en el mercado agropecuario; a los cuentapropistas «les dejó» 3 394 millones; y en el mercado estatal —donde siempre se verifican enormes subsidios— erogó 31 403 millones de pesos. Fuente: Anuario Estadístico de Cuba 2012.

(d)Para las estadísticas de los vendedores ambulantes, la Onei emplea la Encuesta Nacional de Trabajadores por Cuenta Propia realizada por el Centro de Estudio de Población y Desarrollo (CEPDE), adscripto a esa Oficina. Según lo publicado, para este caso refleja las ventas en valor, no en físico, por lo que es imposible calcular el valor de una tonelada promedio.

(e)Los Maod y los carretilleros son espacios de determinada «exclusividad» o de «compra de última hora». ¿Por qué entre los mercados populares o masivos —Mae, puntos de venta y CNoA— hay tan grandes diferencias de precios? Eso es motivo para otro trabajo.

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