Acabar de satisfacer la expectativa del pueblo - Cuba

Acabar de satisfacer la expectativa del pueblo

Delegados al XI Congreso de la ANAP manifestaron también su preocupación por los altos precios de los alimentos. Sugirieron que las cooperativas asistan directamente al mercado para acortar la cadena de intermediarios que encarece lo que se produce

Autor:

Marianela Martín González

Los campesinos tienen grandes expectativas en relación con el XI Congreso de la ANAP, pero quien más espera de la cita es el pueblo, porque siempre ha confiado en la humildad y compromiso nuestro, advirtió el delegado villaclareño Ángel Sixto Chaviano, presidente de la CCS 17 de Mayo, de Santa Clara, durante los debates del evento, que sesiona en el Palacio de Convenciones de La Habana.

Este guajiro instó a rescatar una conciencia que frene la subida excesiva que han experimentado los precios de los productos del agro, y agregó que debe trabajarse ideológica y políticamente para resolver ese problema.

Chaviano agregó que a veces hay campesinos que se van al monocultivo para obtener grandes ganancias, y eso no es justo. Además opinó que la solución para bajar precios «no está en subírselos a los productos que compramos al Estado, sino en la correcta y oportuna distribución de los recursos que necesitamos para producir», acotó.

Abelardo Álvarez Silva, presidente de la CCS Antero Regalado, de Güira de Melena, estimó que en el campo hay una fuerza joven y bien preparada, comprometida con su pueblo y su Revolución, que tiene que actuar con conciencia  para que los alimentos no lleguen tan caros a la tarima.

Aseguró que este evento debe marcar un antes y un después en relación con la producción y las ventas de los alimentos a la población.

«Es importante acabar de una vez y por todas con las tendencias que no garantizan la seguridad alimentaria de la nación. Con las posibilidades que se nos ha dado para comercializar, los productores debemos asistir más directamente al mercado, para de ese modo evitar la enorme cadena de intermediarios que especulan con nuestras producciones», alertó.

Abelardo reflexionó sobre los cumplimientos de los planes y la verdadera producción, que será la que definitivamente pondrá fin a los altos costes de las mercancías agropecuarias.

«Se produce menos que años atrás, pero cuando se habla de cumplimiento se da en por cientos. Eso puede confundir, pues el cien por ciento de un año pudiera ser la mitad del precedente», puso como ejemplo hipotético, pero sostuvo que ahora hay mejores condiciones que en otros años para producir y comercializar, sin embargo los planes productivos se han contraído.

Antes de concluir su intervención mostró inquietud porque se disparen los precios de la transportación de los productos con la estandarización del petróleo a tres pesos (hasta este momento a él y a otros productores le garantizaban el combustible a peso el litro, mientras los tabacaleros tenían que pagarlo a tres).

Luego de que un delegado solicitara revisar los precios del arroz, al considerarlos bajos todavía, y comparar estos con los del frijol, que requiere de manejos menos engorrosos, Marino Murillo Jorge, vicepresidente del Consejo de Ministros y jefe de la Comisión de Implementación de los Lineamientos, señaló que con la estandarización de los precios de los productos que se le venderán y comprarán a los productores los precios del cereal aumentarán: el arroz cáscara a partir del 1ro. de junio se comprará a 160 pesos el quintal. Se le aumentó 30 pesos.

No obstante, advirtió que con esa medida, que pronto entrará en vigor, no es posible un máximo de utilidad parejo para todos los productores, debido a razones multifactoriales.

Murillo advirtió que la subida de los precios de compra a los productos en términos económicos tiene un límite, pues si genera una superganancia, en lugar de estimular lo que hace es frenar la producción.

Prevenir para ser infalibles

La previsión como ejercicio casi infalible para consolidar las metas y cumplir la misión de las cooperativas dentro y fuera de sus predios marcó el ritmo en los debates que se suscitaron este sábado en el XI Congreso.

Los más de 600 delegados que asisten al cónclave, que sesiona desde el viernes y hasta hoy en el Palacio de Convenciones, se reunieron ayer en cuatro comisiones para debatir asuntos medulares de la organización.

El funcionamiento orgánico, la política de cuadros, la incorporación de la mujer y los jóvenes al sector, la vigilancia campesina, la prevención y el enfrentamiento al delito, así como las reservas existentes para el incremento de la producción fueron los temas que se abordaron junto con otros acápites de interés, como la contratación y comercialización, y la aplicación de la ciencia y la técnica.

«Yo vengo de Palmarito, el sitio histórico donde cayó el General Flor Crombet, valiente entre los valientes, a quien debe su nombre mi cooperativa de Créditos y Servicios». De esa manera se presentó Elvis Salazar, delegado por Yateras, en la provincia de Guantánamo, quien luego de hablar del objeto social fundamental de su entidad —la siembra de café— se adentró en lo que debería irradiar una cooperativa en la comunidad.

«Ahora promediamos 80 quintales por caballería y aspiramos a llegar a cien en el 2020. Todavía las juntas directivas no están haciendo todo lo necesario para que los rendimientos aumenten, aunque creo que luego de este Congreso, en el cual se han dado a conocer medidas para estimular la producción de café, como la subida del precio al producto, haya un cambio significativo que ponga a las cooperativas cafetaleras en mejores condiciones.

«Yo no puedo pensar que lo que se haga en mi cooperativa trascienda en la cabecera provincial sin que antes beneficie a la comunidad a la que pertenecemos. Si todo el mundo pensara así las comunidades agrícolas, que es donde vivimos la mayoría de los cooperativistas con nuestras familias, mostraran otra imagen; porque hay que tener claro que todo cuanto se haga por mejorar la comunidad representa calidad de vida para los que trabajamos la tierra», apuntó.

Raudel Couse, presidente de la ANAP en el municipio santiaguero de II Frente, consideró también que los nuevos precios del café ayudarán a aumentar la producción del grano, pero advirtió que hay que tomar otras medidas, como cumplir con la disciplina tecnológica que exige el cultivo y hacer estimados acertados para evitar las fugas del producto al mercado subterráneo.

Al referirse a la organización de los servicios básicos en la montaña dijo que había que garantizarlos en esos lugares con la misma responsabilidad con que se hace en las cabeceras municipales y provinciales, al tiempo que se le debería prestar mayor atención a los mantenimientos de consultorios médicos y escuelas.

El Segundo Secretario del Partido y Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura, tras explicar los criterios que se han tenido en cuenta para organizar los servicios básicos en las zonas montañosas, dijo que las reparaciones, tanto de las escuelas como de los consultorios, constituyen deberes morales de las cooperativas.

Machado catalogó de inconcebible esperar porque el Poder Popular de los municipios o las direcciones de Salud y Educación acudan a poner una tablilla, reparar o pintar el lugar donde estudian y se les brinda asistencia de salud a los cooperativistas y sus familiares.

Una cooperativa con todos los hierros

Varios de los delegados mostraron su preocupación porque entre un congreso y el otro han sido disueltas no pocas cooperativas debido a su mal funcionamiento.

Hoy tenemos menos socios y estructuras en la organización, manifestó Leoncio Torres, delegado de Pinar del Río y quien preside la CPA Carlos Lórida. Leoncio apuntó que en las comunidades rurales la casa grande es la cooperativa, por los beneficios económicos y sociales que reportan.

Rafael Santiesteban Pozo, presidente de la ANAP, señaló que cuando una cooperativa llega al extremo de tener que disolverse es porque su junta directiva y los socios no han sido previsores, y no han frenado los problemas en el momento de su surgimiento. Advirtió que los problemas no son tan casuales ni inevitables, y llamó a que los cooperativistas se reúnan para dialogar diáfanamente y pensar colectivamente en todo lo que concierne al modelo de gestión que ejercen.

Machado Ventura advirtió que la cooperativa tiene que resolver los problemas de disciplina, costos, finanzas… y que ni la ANAP del municipio o la provincia, ni del nivel central están para resolvérselos.

Señaló que la cooperativa tiene que cuidar lo que es suyo. Que la organización anapista en el municipio puede contribuir a la socialización del conocimiento, sugerir ideas…, pero en la concreta es la cooperativa la que tiene que resolver sus problemas,

«Hay cosas que pueden perdurar, pero hay otras que tienen que cambiar. Ahora es cuando empiezan a madurar algunos de los Lineamientos. Ha habido que trabajar, que revisar muchos de ellos para empezar a materializarlos.

«Sabemos que hay empresas que tienen autonomía, pero siguen mirando a la Organización Superior de Dirección Empresarial y al Ministerio para que les resuelvan problemas y emitan órdenes. Ya llegó el día de que esos cambios se empiecen a materializar», dijo.

Ramón Aguiar, miembro del Buró Nacional de la ANAP, manifestó que hay que hacer mucho más para que los que se incorporen a las cooperativas no piensen como obreros, sino como dueños. «Es necesario recuperar los módulos pecuarios para que los socios se favorezcan con sus producciones y vean en esa una manera superior de gestión», acotó.

Santiago Pérez Castellanos, jefe de la esfera Agroalimentaria del Comité Central del Partido, recordó que en el X Congreso comenzó a asomar una preocupación cuando, por el Decreto-Ley 259, empezaron a entregarse tierras en usufructo y muchos de los beneficiados no tenían experiencia.

«Desde entonces empezó el reto de cómo trabajar con aquellos que eran cerca de 130 000 productores. Se habló de crear un expediente para el campesino que algunos consideraron un mecanismo burocrático.

«Hoy se manifiesta que la idea del expediente no ha sido desacertada, pero tenemos que asegurar que no se convierta en un mecanismo administrativo netamente, sino en una herramienta que deje una traza de la conducta de ese miembro de una organización política como la ANAP», advirtió.

Pérez Castellanos precisó que en siete años se han incorporado a la ANAP más de 180 000 miembros, que demandan de un trabajo político-ideológico permanente y un acercamiento individual, cara a cara.

Señaló que hay cooperativas de producción agropecuaria que se han casado con un anticipo de ocho pesos cuando realmente tienen potencialidades para ganar mucho más, pero hay resistencia a vincular el hombre al área, un procedimiento que eleva el sentido de pertenencia y la productividad.

Consideró como asunto pendiente e insatisfacción en el XI Congreso de la ANAP la respuesta del sector para resolver los problemas de la ganadería, pues el 72 por ciento de la misma recae sobre el sector cooperativo y campesino.

«Las muertes que se siguen reportando por hurto y sacrificio y por mal nutrición significan que no se ha hecho en los últimos años lo que hay que hacer», remarcó.

Gustavo Rodríguez Rollero, ministro de la Agricultura, explicó que el sector tiene aprobado un sistema de perfeccionamiento, que tiene varios propósitos, que van desde la base productiva hasta el Ministerio.

«Todo lo que estamos organizando está apostando por el  fortalecimiento de la cooperativa, que es el alma de la agricultura», remarcó.

Rodríguez Rollero refirió que no es posible avanzar sin que el perfeccionamiento del Minag contemple todo el sistema, especialmente donde se producen los bienes y servicios del sector.

Dijo que las cooperativas deben cumplir con el encargo estatal de manera inequívoca, y luego participar libremente en el mercado, y que las empresas agropecuarias no pueden tener las plantillas infladas por indirectos a la producción.

«Estamos apostando porque el modelo de gestión de esa empresa agropecuaria coadyuve a que las cooperativas se fortalezcan. Queremos cooperativas con todos los hierros», indicó.

Luis Girardo Pérez, presidente de la CCS Nelson Fernández, de Madruga, en Mayabeque, subrayó que aunque no tengan el cien por ciento de las máquinas para trabajar la tierra hay algo importante en las cooperativas, y es el derecho de hacer uso de la facultad de depurar lo que no anda bien. «Lo que no rinde hay que sacarlo de las filas», resumió.

Yusleidys Menéndez, delegada por Pinar del Río, aseveró que para llegar al campesino de verdad hay que preocuparse por todo, incluyendo los problemas personales que puedan enfrentar. Y que para incorporar a las mujeres y jóvenes a las cooperativas no se necesita ningún recurso material, pero sí una labor política-ideológica eficaz, y la formación vocacional desde que esos jóvenes y mujeres eran niños.

Compartió con sus colegas una experiencia que reafirma que la cooperativa es también nodo de solidaridad, ayuda e iniciativas compartidas.

«La sequía a la que nos hemos tenido que enfrentar en Minas de Matahambre para no perder los cultivos, entre ellos el tabaco, nos sirvió para unirnos y limpiar el río, gracias al cual pudimos regar las cosechas. Si subir montañas hermana hombres, como dijo Martí, limpiar un río también lo permite», expresó.

Yoel Beruvides, presidente de la CPA cañera Alexander Stamboliski, en Calimete, Matanzas, comentó que esa unidad cerró en la contienda azucarera actual con más de 89 toneladas por hectárea, la mayoría en secano.

Sin embargo, aclaró que hay que diversificar las bases productivas para ser eficientes. Su base productiva cuenta con 62 toros en fase de ceba y para hacer próspera y atractiva la entidad han logrado atraer a su seno a mujeres y jóvenes.

Lidia Tomasa Calvo, de la CCS Antonio Maceo de Lajas, en Cienfuegos, contó su experiencia durante siete años dirigiendo una cooperativa que ahora cuenta con 133 mujeres dedicadas a la producción de alimentos.

«Tenemos grandes incentivos por la diversificación que estamos alcanzando, y por la integración a los diferentes movimientos productivos que promueve la ANAP, de conjunto con la Agricultura», afirmó.

Lidia Tomasa manifestó que los campesinos están dispuestos a producir en su cooperativa y que les preocupa la comercialización, porque está minada por los precios exagerados que imponen los intermediarios. Propuso adoptar medidas, entre estas, que se topen los alimentos.

Marino Murillo Jorge reconoció que el tema de los precios es complejo, y que los niveles de salario actual ponen en una situación muy difícil a la población, aunque señaló que los mecanismos burocráticos para topar los precios no son efectivos, según ha demostrado la práctica en otros momentos.

«Vamos a arrancar el día 1ro. de junio con la estandarización de los precios de los productos y seguiremos estudiando el tema. En la capital, para que no suba el precio del arroz y se mantenga a cinco pesos liberado hay una exigencia permanente para que se mantengan las reservas que permiten los surtidos de modo permanente. Para eso se venden mensualmente 1 400 toneladas.

«Para bajar precios no podemos pensar que la única solución es la participación de los productores en La Habana. Hay que verlo todo con integralidad, pero las soluciones tienen que verse de disímiles formas.

«Tenemos que aprender a convivir con todas las soluciones. El campesino le puede vender también a las empresas. No hay meta, la meta es producir», concluyó.

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