¿Un cementerio que se muere?

Incluida en el listado de 1998-1999 del Fondo Mundial de Monumentos entre los cien sitios del patrimonio universal en peligro de desaparecer, la necrópolis de Reina asiste a su propio entierro, provocado por el aplazamiento de su restauración

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Glenda Boza Ibarra

CIENFUEGOS.— Podría parecer sombrío hallar hermoso un cementerio. ¿Qué belleza existe en la muerte, en aquello sin vida? Pero la hay. De ello dan fe cuatro camposantos cubanos considerados museos del arte funerario al aire libre: el de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba; el de Colón, en La Habana; y el Tomás Acea, y General, ambos en Cienfuegos.

Sin embargo, este último —popularmente conocido como cementerio de Reina— ya no es tan atractivo como antes: los ángeles de algunos sepulcros ya no tienen cabezas ni alas y descendieron al suelo con el tiempo y los vientos huracanados; las rejas se oxidaron con el paso de los años; los muros con nichos verticales —únicos de su tipo en Cuba y que datan del siglo XIX— amenazan con desplomarse; la cerca perimetral no se resiste a la gravedad; se inundan las tumbas; y ni hablar de cómo mármoles y bronces han sido víctimas del vandalismo.

«Los trabajos de restauración comenzaron en 2011 y ha habido tiempo suficiente para haberlos terminado», reconoce Saturnino Rivera González, subdirector de Inversiones de la Dirección Municipal de Servicios Comunales.

«La principal limitación ha sido la inestabilidad de la fuerza laboral, que debió ser de la Agrupación de Restauración y Pintura de la Empresa de Mantenimiento y Construcción del Poder Popular, pero ellos priorizan otras obras y mueven a los trabajadores», indicó.

Por ese motivo, fundamentalmente, en cinco años solo se ha intervenido, y de forma incompleta, en el edificio administrativo, los nichos del fondo, la capilla y parte de las bóvedas que se inundaban.

«Nos falta todavía la pintura del edificio central y otros detalles como la iluminación. La jardinería en la parte exterior se planificó para el período de seca y ya nos cogieron las lluvias», comenta Mayda Bolaños Martínez, administradora de la necrópolis.

«La capilla está cruda: le faltan el piso y la puerta. Varios nichos se demolieron e hicieron nuevos, pero por su valor, los de la pared del frente se deben restaurar para no perderlos», agregó.

Con grado de protección uno, por ser monumento nacional —aunque la placa alegórica nunca ha sido colocada— el retraso actual de la rehabilitación en el cementerio también se debe a la falta de materiales.

«En el pasillo central intervinieron los estudiantes de la Escuela Taller de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Cienfuegos (OCCC), dispuestos a hacer trabajos de restauración, pero al no contar con los recursos tuvieron que retirarse desde hace ya dos meses», explica Bolaños Martínez.

Saturnino Rivera González explica que el Gobierno municipal ha tenido el cuidado de asignar recursos cada año e «incluso ahora mismo hay flexibilidad, lo que permite incrementar el monto del financiamiento planificado en dependencia de sus niveles de ejecución».

Si bien hace unos años estar ceñidos al presupuesto anual era una limitante en los avances de la obra,  ahora lo es la inestabilidad de la fuerza laboral.

«Por esta razón contratamos otras fuerzas, como la Empresa Constructora de Obras de Arquitectura número 37, encargada del proyecto de drenaje interior y exterior que abarca incluso al consejo popular de Reina, y tiene como finalidad eliminar la acumulación de agua en las tumbas», indica el subdirector de Inversiones de Comunales.

Ante el cuestionamiento de por qué no dejar una brigada estable en el cementerio, Rivera González sugirió la posibilidad de la contratación de trabajadores por cuenta propia, con quienes han tenido buenos resultados en labores de rehabilitación en otros sitios.

A pesar de la situación el cementerio todavía conserva su belleza. Foto: Glenda Boza Ibarra

¿Los muertos ya no tienen a nadie?

Unos olvidaron que en el cementerio de Reina descansan sus seres queridos, y otros cuyos parientes emigraron hace años desconocen que heredaron aquí un patrimonio familiar. Cuestiones de índole legal relacionadas con la propiedad de criptas y panteones dificultan, igualmente, la intervención en estos.

«La mayoría de las bóvedas son particulares y sin la autorización de los dueños no podemos intervenirlas», comenta Rivera González.

Sin embargo, no siempre se puede esperar por el interés de los propietarios y ante la inundación de buena parte de los sepulcros, y para evitar la aparición de focos del mosquito Aedes aegypti, una brigada de la fábrica de cemento selló varias tumbas destapadas, como alternativa emergente.

En aras de hacer una labor de restauración digna «las tapas de hormigón son una solución temporal, porque lo ideal es hacerlas de granito y cemento blanco para que se asemejen más a las originales», precisa el arquitecto Adolfo Rocío Hernández, de la OCCC. «Queda por ver entonces si luego se sustituyen por las  ideales y esta medida “temporal” no se convierte en definitiva».

Aun así, todavía existen criptas descubiertas en el camposanto. Al asomarse a estas se advierte la indolencia hacia un cementerio que, incluso destruido, sigue siendo hermoso.

Agrega la administradora que quedan algunas por sellar, «sobre todo esas cuyo principal problema es el deterioro en general. Hay que intervenirlas con ladrillo, arena, cemento, y mientras no haya materiales…».

Por el grado de protección que requiere la necrópolis se tienen en cuenta otras regulaciones en aras de respetar las características de los sepulcros y velar por la calidad y correcta ejecución de la obra y los materiales.

Rocío Hernández ejemplificó que «la cubierta era de madera, pero se decidió utilizar viguetas y plaquetas en la parte de las oficinas y mantener solo ese material sobre la entrada. Aunque insistimos constantemente en la calidad de estos trabajos y recursos, no pasó un año y ya había cogido comején», puntualizó.

«Pueden los alumnos de la escuela taller de la OCCC asumir la pintura, forja y fundición de las corroídas rejas, pero sin los materiales pertinentes se hace difícil cualquier labor», agregó.

Otra señal de alerta por el peligro inminente de desplome, es la cerca perimetral, cuya reparación no se contempla en las proyecciones.

Mientras diversas áreas quedan a disposición de gestiones y «prioridades»,  especialistas de la OCCC protegen todo aquello que está en sus manos.

«En el museo del camposanto resguardamos las esculturas caídas y otros elementos con valor patrimonial cuyo deterioro puede aumentar si no son intervenidos con premura», indica Odalis Maceira Díaz, museóloga en esa necrópolis.

Asegura que ya digitalizaron y guardan celosamente los archivos de los enterramientos, los cuales no están completos y presentan un elevado grado de deterioro por el paso del tiempo.

Para visitar en vida

Incluido en el listado 1998-1999 del Fondo Mundial de Monumentos entre los cien sitios del patrimonio universal en peligro de desaparecer, el cementerio de Reina resalta por su estilo neoclásico, sus finos trabajos de herrería, sus preciosas esculturas y bóvedas construidas de mármol de Carrara, lápidas con bajorrelieves de hierro fundido o pizarra y su sistema de enterramiento en nichos verticales de tres pisos.

Desde que fueron clausurados los nichos en 1900 y unas décadas más tarde se convirtió el cementerio Tomás Acea en la necrópolis principal de la ciudad, el de Reina quedó en segundo plano, pero aun así allí todavía se efectúan enterramientos.

Si bien no se pueden utilizar materiales originales para su restauración, existen variantes capaces de semejarlos. Otras alternativas, como las visitas guiadas a visitantes cubanos y extranjeros —estos últimos con gran afluencia al lugar— podrían ser formas de recaudar fondos para invertir en el camposanto. Son solo ideas.

Es el bicentenario de la ciudad de Cienfuegos, el 22 de abril de 2019, la fecha final para la restauración del cementerio de Reina. Para esa jornada habrán pasado casi ocho años desde que comenzaron las labores de reparación.

Aguardarán entonces los restos del padre Antonio Loreto Sánchez Romero, primer presbítero de la catedral cienfueguera, para volver a la capilla donde fueron colocados en el siglo XIX; esperarán los ángeles caídos para alzar su vuelo hacia los túmulos mortuorios; se resistirán a caer los nichos verticales.

Una joya funeraria como esta amerita incluirse también en las obras priorizadas. Si de veras se quiere concluir para el aniversario de la otrora villa de Fernandina de Jagua, merece más atención  y necesitará un impulso final —sin que ello dé pie a la chapucería y lo mal hecho.

Más allá de su valor patrimonial es preciso recordar que nuestros antepasados merecen un sitio adecuado para descansar en paz; y que el cementerio de Reina, a pesar de su deterioro, sigue siendo un lugar especial.

Foto: Glenda Boza Ibarra

Foto: Glenda Boza Ibarra

Foto: Glenda Boza Ibarra

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