¿Cómo crear una obra de arte en Los sitios? (+ Video)

¿Puede un negocio por cuentapropia poseer un enfoque social y comunitario? ¿Está divorciada la obtención de ganancias con las posibilidades de transformación y ayuda social?

Autores:

Ania Terrero
Alain Mira

La calle Reina tiene edificios semidestruidos y secretos. Chispa vive en uno y se sabe casi todas sus historias.  Por sus correrías de barrio, Chispa conoce otras ruinas. Mil veces ha pasado frente al edificio 161 entre Rayo y San Nicolás y está al tanto de sus años de abandono, de la acumulación de desidias, de las primeras esperanzas.

Sailín también sabe del edificio 161.  A dos años y tanto de recibirlo, se lo sabe de memoria y lo siente suyo. Sailín es un secreto a voces y la gente comenta, porque aprendieron a sorprenderse de los que le ponen amor a lo feo.

Sailín construye de entre las ruinas una unidad cuentapropista con alma de proyecto comunitario, Yarearte, y algunos la creen un bicho raro. 

Sailín no conoce a Chispa. Chispa no conoce a Sailín. Pero ambos despiertan cada día en la calle Reina y le ponen un poco de sí.

Una mujer, un proyecto, muchos sueños y la calle Reina

Etapa 1: Los Hilos

Sailín Rodríguez no es un bicho raro. Es cuentapropista y siempre ha tenido vocación por la artesanía, por lo que cuando vio una oportunidad la tomó.

Presentó al Gobierno de Centro Habana un proyecto de estudio-taller artesanal con objetivos vinculados al trabajo social y la intervención comunitaria. Le dieron el edificio 161 para que lo reparara y le echara a andar.

«Yo antes vendía artesanía, pero solo de yarey. Entonces, comenzó una etapa en la que muchas personas que se unieron, diseñaron proyectos y se los presentaron al gobierno. La idea me llegó y me interesé por cómo desarrollar un proyecto en el que pudiera emplear lo que más me gusta hacer —la artesanía— y ayudar a la comunidad. Investigamos, buscamos una guía de proyecto que me sirviera como base y decidí presentarlo».

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Sailín cree y defiende la idea de que en Cuba la gente ha ido perdiendo tradiciones: entre ellas el trabajo con el yarey. Por eso el nombre del proyecto: Yarearte. Su sueño es que a largo plazo, ese sea el material más utilizado en las artesanías que allí se hagan y vendan.

El proyecto aún camina sus primeros pasos.

Todos los trámites de certificación fueron sucedidos por una reconstrucción lenta pero aplastante. Y aunque todavía no está funcionando, cualquiera que pase por allí descubre en el entusiasmo de Sailín y de las otras mujeres emprendedoras que ya andan por ahí, miles de sueños.

Aunque, por ahora, solo realizan para vender algunas artesanías con hilo engomado, conchas de ostiones y otros materiales sencillos para generar un pequeño fondo y sobre todo, cultura de autofinanciamiento.

Foto: Ania Terrero

«Yarearte todavía está en la primera etapa: reparar el local. Pero ya tenemos un diseño de todo lo que queremos lograr aquí. Por ahora, una victoria fue conseguir este pequeño espacio y estamos tratando de rescatarlo. Nuestro proyecto se concretó como un negocio por cuenta propia con proyección comunitaria y estamos asociados a la esfera de cultura en el gobierno municipal y al Consejo de Los Sitios».

Por supuesto, para llegar hasta aquí hubo que realizar un grupo inmenso de trámites, pero recibimos mucha ayuda del gobierno –que es a quien debemos pagarle- para las gestiones con planificación física. Cuando quieres rescatar un lugar en ruinas como este son necarios muchos permisos y papeles: el dictamen técnico, el permiso de sanidad, entre otros. Eso implica varias gestiones en departamentos e instituciones diferentes. Pero, por suerte, el proceso es bastante ágil y organizado.

Los sueños de Sailín

Etapa 2: Las manos

Cuando le preguntas a Sailín cómo tiene concebido el proyecto, los ojos le brillan y se le pierden las palabras. Quiere hacer tanto que le cuesta trabajo organizar las ideas. Entonces, comienza a enumerar un listado de sueños que, sobre todo, sorprenden.

Foto: Ania Terrero

Entre los principales proyectos ya planificados están la creación de talleres en la escuela de obreros calificados cerca a los almacenes Ultra, en cuatro escuelas primarias y en un centro para niños con necesidades especiales.

Además, pretende impartir talleres para los pequeños de la comunidad más cercana al taller.

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«Es fundamental trabajar con los niños. Talleres como estos los preparan para el futuro y, en algunos casos, propician el nacimiento de la vocación y se forman muy buenos artesanos.

«El fin primero de este proyecto son los niños de la comunidad. Aquellos que tengan dificultades en su casa, enfermedades o sean hijos de padres con VIH o con otro tipo de problemas serán la prioridad. Queremos hacer también fiestas colectivas mensuales y talleres conjuntos con otros proyectos.

«Todos tenemos derechos en la vida, pero los niños necesitan más que nadie encontrar un espacio sano para desarrollarse, un buen camino. Cuando les falta una familia preocupada o en su defecto un espacio como este, toman el camino de los problemas porque no tienen de dónde agarrarse. Nosotros pretendemos evitar esas situaciones».

Sailín, además, está interesada en incorporar al proyecto a madres solteras sin altos niveles de escolaridad.

«Nosotras les vamos a dar trabajo en el taller para que aprendan, se integren y encuentre cómo mantener sus hogares. En general, intentamos encontrar un vínculo del cuentapropismo con el trabajo social.

«Además aspiramos a tener dentro del local una cafetería que funcione como taller literario y, una vez al mes, hacer presentaciones de libros.

«La idea es, a grandes rasgos, crear un taller-galería y vender las creaciones para, con las ganancias, distribuir los salarios e invertir en el lado comunitario del proyecto. Y eso no es un plus, es fundamental».

Foto: Ania Terrero

Productos de Yarearte

  • Lámparas de techo, de mesa y de pie
  • Carteras
  • Cestas
  • Centros de mesa
  • Cuadros
  • Decoración de espejos
  • Apliques
  • Sombreros y pamelas
  • Plantas decorativas

 

Cuba, Los Sitios, los retos

Etapa 3: La obra

Los sueños de Sailín no son fáciles de lograr. Sin embargo, su entusiasmo es contagioso. Ya deambulan por el edificio, aún en ruinas, las primeras mujeres y están a la venta algunas obras de arte.

Sailín mira a su alrededor y te dice que lo que ves es muy poco, mientras te habla de la cortina que pondrá en aquella esquina o del falso techo que ya consiguió. Parece no cansarse nunca.

«Este es un proyecto sociocultural que debe desarrollarse en la comunidad y ayudarla. Además, pudiera integrarse con otros que ya existen y formar parte de la dinámica del barrio, de Los Sitios, para luego trascender fronteras. Ese es un primer reto.

«El objetivo principal es ayudar a la comunidad a través de la artesanía y el arte. Para ello hay otra metas: reparar este local, embellecer nuestro pedacito de la calle Reina, rescatar el yarey como símbolo de nuestras tradiciones, ayudar a los niños, a las madres solteras y a los que lo necesiten».

Sailín está convencida de lo que quiere. Por eso, cuando le hablas de retos, de dificultades o de frenos, te responde con tranquilidad: «todo el que tenga las ganas y las fuerzas para hacer algo como esto tiene que hacerlo».

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