Cienfuegos, manchas sobre la bahía

Las acciones para recolectar el hidrocarburo del derrame ocurrido el 28 de mayo en la Refinería de Petróleo Camilo Cienfuegos, y el impacto sobre el medio ambiente costero y marítimo, ocupan a un amplio grupo de especialistas

Autor:

Laura Brunet Portela

CIENFUEGOS.— A las seis de la mañana del lunes 28 de mayo, 1 500 metros de barreras flotantes se prolongaban con premura a lo largo de toda la costa de la Refinería de Petróleo Camilo Cienfuegos. La banda intentaba abrazar el manto negro que contaminaba las aguas de la bahía de la Perla del Sur, con la misma furia con que manó de las piscinas de residuales de la industria.

Una primera tirada rompió en dos la mancha; había más, mucho más de lo que medio kilómetro podía atrapar. «Confinamos un porciento del contenido, pero ya habíamos tenido un escape —lamenta Hermenegildo Montalvo Ibarra, director general de la Camilo Cienfuegos—. Con una segunda barrera intentamos atraparlo, pero por la velocidad de la corriente de los ríos aportando a la bahía fue imposible que no se fuera. El agua se lo llevó completamente».

Yarina de la Caridad Soto Herrera, delegada territorial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma) en la provincia aclaró que «no es un derrame de petróleo puramente, son aguas oleosas mezcladas con hidrocarburos». Ese día, entre 12 000 y 13 000 metros cúbicos (m3) de esta sustancia cayeron a la rada sureña.

Los hechos

Autoridades de la Refinería confirmaron haber cumplido, con puntos y comas, cuanto se indica en los planes de prevención desde la semana anterior al paso de Alberto. «Esta situación nos ha tomado de tal manera, que por muchas estrategias que hicimos fue incontenible», explica Haydeé Rodríguez, directora de Movimiento de Crudo y Productos (MCP), área que maneja los medios antiderrame.

En zonas aledañas a la industria precipitaron unos 400 milímetros. El río Damují abandonó su cauce e irrumpió en las ins-talaciones de la Refinería. Además, las condiciones del relieve de las áreas de expansión llevan las lluvias hacia dentro de la instalación. El 27 de mayo, un día antes de los acontecimientos, las piscinas de productos oscuros operaban a niveles mínimos, con un contenido de alrededor de 26 000 m3. Del 27 al 28 el ascenso de las albercas fue muy rápido, inaguantable, según califica Montalvo Ibarra. 

«Colocamos motobombas en los aleros como parte de las medidas extremas para estas circunstancias, y pasamos parte del líquido a la piscina de aguas limpias». El directivo agregó que los fluidos liberados eran menos peligrosos por ser «aguas contaminadas con bajos niveles de hidrocarburos».

El bombeo se mantuvo estable, a razón de 400 m3 por hora. Pero la potencia no era suficiente. Los grandes fosos de residuos se desbordaron y toda el área se volvió una sola piscina.  

Bajo las precipitaciones intensas de la tormenta subtropical Alberto, se activaron las alarmas. Equipos antiderrame, personal especializado de la Camilo Cienfuegos, del subgrupo del Citma y de otros organismos sumaron fuerzas en una operación continua.

Montalvo Ibarra explicó que entre las medidas más inmediatas figura la apertura de varios puntos de recolección de desechos a lo largo del litoral. «Abrimos un frente con personal de la Refinería, del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y de la Empresa de Servicios Comunales, para recoger a mano la flor de agua recalada en las orillas, que salió de los ríos y funcionó como un filtro para los hidrocarburos. Con la colaboración de Astilleros Centro se procederá a la limpieza de los cascos de las embarcaciones de la Marina Marlin». Cuba Petróleo aportó otros 1 500 m de barrera para posicionarse en zonas de la bahía donde se localizan hidrocarburos flotantes.

La Directora de MCP, al frente de las operaciones en la Refinería, reconoce que «el avance ha sido poco a poco. Todo eso está funcionado, lo que pasa es que a veces la marea nos lleva lo que tenemos confinado y hemos tenido que ir buscando el producto y pegarlo al muelle». En el momento de la entrevista el trabajo transcurría lento, pues la fuerza de los vientos del sur hacía recalar los residuos en una dársena de la zona.

La parte más gruesa y contaminante del hidrocarburo derramado quedó en tierra, un punto a favor si las lluvias no regresan, pues entonces estos también    irían a parar a la bahía. Evaluaciones medioambientales previas registran un impacto en el 60-70 por ciento de las zonas de la bahía.

Desde el día 28 de mayo no ha cesado el trabajo de recolección. Foto: Laura Brunet Portela.

Naturaleza en vilo

La flora y la fauna de la bahía de Jagua aún no muestran daños aparentes. Hasta este momento los especialistas del Citma niegan la aparición de peces muertos —aunque estos pueden aflorar por cambios en la salinidad típicos de esta situación meteorológica—, aves manchadas de hidrocarburo y daños en la vegetación. Pero la posibilidad de que emerjan es real, por eso «se adoptarán medidas para mitigar el impacto sobre las matrices agua, sedimento y la flora y fauna de la bahía de Cienfuegos», aclaró Reynaldo Antonio Acosta, director del Centro de Estudios Ambientales de Cienfuegos (CEAC).

Un grupo multidisciplinario integrado por especialistas de la Refinería, la Administración Marítima, la Capitanía del Puerto, el CEAC y el subgrupo Citma, evalúan las áreas de mayor impacto, y los daños a los ecosis-temas de la bahía y fuera de ella. Permanece en incógnita qué puede estar pasando con el litoral rocoso al exterior y los arrecifes coralinos.

De ahí surgieron dos conclusiones importantes, según indicó Iván Figueroa Reyes, jefe de la Unidad de Supervisión Ambiental del Citma: la dinámica violenta de la bahía por la sobreafluencia de agua dulce procedente de los ríos que desembocan hacia ella «modifica las corrientes superficiales. Esto provoca que las manchas de hidrocarburos, y la propia flor de agua contaminada, se muevan constantemente».

Las áreas con mayor presencia de manchas de aguas oleosas con hidrocarburo se extienden a lo largo del litoral de la ciudad, desde el malecón hasta La Punta, toda el área de la región central de la bahía y la costa oeste del canal de entrada. El manto también se prolonga desde el Perché hasta el campismo Jagua, y en dos pequeñas ensenadas cercanas: El Caletón de Don Bruno y Jucaral. Un poco más adentro de la bahía se visibilizan en Calicito y Las Tetas de Doña Tomasa, y en el litoral del Consejo Popular Reina, donde los expertos avistaron agua bien contaminada desde el punto de vista super-ficial.

«Afortunadamente —dice Figueroa Reyes— hacia el lóbulo sur, donde está el área protegida Guanaroca, de momento no se apreciaban manchas de hidrocarburo por la fuerte corrien-te de agua dulce de los ríos Caunao y Arimao y la flor de agua con su efecto dispersante». Aunque la disminución del nivel de las aguas pudiera permitir la entrada de algún contenido a ese manglar.

«El hidrocarburo tiene la particularidad de que es muy “escandaloso”. A medida que pasa el tiempo se estira la mancha y forma películas muy delgadas que contaminan las capas superficiales y crean alteraciones en el orden químico», dijo Figueroa Reyes.

La parte más gruesa del hidrocarburo quedó en tierra, aunque pudiera escapar a la bahía con nuevas precipitaciones. Foto: Laura Brunet Portela.

La fusión del hidrocarburo con otras sustancias presentes en el agua, sobre todo con los sedimentos, es ahora lo más preocupante, porque conforma grumos de alta densidad que se precipitan al fondo. Agregó el Director de la Unidad de Supervisión Ambiental del Citma que «asimismo está todo aquel flotante que mancha el mangle, se pega a la costa, a la roca y requiere un seguimiento para precisar su incidencia».

En los laboratorios del CEAC se procesan muestras del centro de la bahía para evaluar, desde el punto de vista químico, las modificaciones en el agua y todo lo que pudiera incorporar el aporte de hidrocarburo.

«A diferencia de otros grandes derrames, como el de fuel por su densidad y la complejidad a la hora de manejarlo, este de aguas oleosas se dispersa más, llega a mayor cantidad de lugares. Ahora mismo puede estar impactando a otras zonas de la bahía», precisó.

Las evaluaciones del impacto medioambiental estarán, en el orden químico, a través de los estudios en los laboratorios del CEAC, para conocer las posibles transformaciones de los valores de hidrocarburos totales del sedimento de la bahía, a partir de los desechos que vayan al fondo; y se conocerá también la incidencia de esa carga contaminante sobre el litoral, el mangle y las especies propias de ese hábitat.

«Habrá que esperar», dice Figueroa Reyes cuando se le inquiere por una fecha tope para emitir conclusiones precisas. «Nos va a tomar tiempo», responde el directivo de la Refinería de Petróleo Camilo Cienfuegos respecto a la recogida del hidrocarburo.

Mientras, los cienfuegueros, acostumbrados a deleitarse con su mar, lamentan los sucesos. Dice Yaquelín Rodríguez, residente del Consejo Popular Reina, que tras las lluvias lo primero que hizo fue ir a ver las aguas que mojan el patio de su casa.

«Mira esto —dice, y apunta hacia donde el arcoíris del hidrocarburo danzaba en la marea—, nunca lo había visto así».

Ella no conoce detalles de lo sucedido, pero sabe bien que algo pasa y pregunta lo que todavía nadie puede contestar: ¿Cuándo se limpiará este mar?

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