Permanece abierta la exposición Conciertos, de Gólgota

Obras del destacado artista se exhiben aún en la galería La Acacia de la capital cubana

Autor:

Toni Piñera

El arte de la Camerata Romeu quedó apresado en el lienzo.

Es uno de los primeros y más legítimos indicios: en lo tenue de una situación pictórica se delata su hondura. Levedad y agudeza son valores sinónimos de la forma. He aquí el lúcido ejemplo de Gólgota: el cuerpo de la pintura es de tan sensible razón que se erige también en su espíritu.

A tenor de lo que se percibe, ¿Cuál podría ser este? Un trascender a la superficie, al plano de lo visual, el comportamiento de los factores esenciales de la expresión plástica: el color, el espacio y en una resultante medida, por cuanto procura una notificación, el signo, en este caso devenido... música.

Hay dos artes que vibran dentro de este joven graduado de la Academia San Alejandro: la plástica y la música. Ellas caminan juntas por su quehacer creativo desde hace algún tiempo, como algo inseparable, vasos comunicantes que reflejan un amor, pero también la intención de captar, traducir y llevar a la imagen no solo el movimiento, si no ese grandioso instante de escuchar las notas a través de la vista.

Magia de la creación que alcanza los más inusitados sueños que él hace realidad con su paleta plagada de esas notas musicales que se transforman en colores y formas para ver-escuchar ahora sus Conciertos, en esta muestra de pinturas recientes del creador, abierta en la galería La Acacia (San José No. 114, La Habana Vieja).

Diversas agrupaciones de cámara, orquestas sinfónicas, populares, de rock y rap han sido atrapadas y recreadas en el prisma pictórico del artista que se regodea en el misterio de luces y sombras, para entregar nuevas sinfonías.

Gólgota convoca la memoria, a partir de un entramado que resulta al mismo tiempo constatación física de sus variadas reflexiones acerca de la vida, el arte y otras íntimas vinculaciones que entre ellos existen. Involucrando imágenes en una sutil escenografía. Son arquitecturas cromáticamente sobrias. No hay excesos. Ajustado en el color, encuentra en él un elemento definidor de su pintura presente, configurando espacios, creando el clima preciso que envuelve sus creaciones, el artista nos entrega un espacio metafísico, su interpretación de los sucesos y ese complemento poético y conceptual que vibra adentro y sale en forma de pinturas.

Se dijo color, y habría que hablar, a un tiempo, de un clima que aquel genera, una reverberación que multiplica los tonos, las percepciones. Pintura y música, debate y relación en la obra de Gólgota. Y llamada, como una percusión, a la resonancia del color y la conciencia —el ojo— del contemplador, que descubre —color iluminado— otra magnitud básica, el espacio.

Se dijo espacio, y habría que insistir, entre otras, en dos acepciones primordiales: espacio de la pintura, su ámbito, y dinámica de lo pintado, fuerzas, ritmos... Si todo ello significa —sorprendido rostro de lo sin rostro, la gran imagen—, véase su señal, su signo, como un temblor.

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